Conflictos

El proyecto del puerto de aguas profundas en la península de Araya3 min read

La península de Araya es una región de ecosistemas frágiles, donde resalta el Golfo de Cariaco, el espacio acuático más fértil y, por consiguiente, más bioproductivo de las aguas costeras regionales de Venezuela, unas 70 mil hectáreas con una gran importancia estratégica para la seguridad alimentaria del país (Salazar, 2005). En esta región habitan comunidades pesqueras y también existe una salina y una importante actividad turística. Desde hace unos 20 años se ha intentado impulsar en la zona, la construcción de un puerto de aguas profundas, que en la actualidad se encuentra en el marco de los proyectos de integración regional vía construcción de infraestructuras (COSIPLAN-IIRSA). Desde esta visión, la península de Araya representa una fachada marítima para la comercialización de commodities, principalmente petróleo, y su conexión con otros mercados del Caribe, Latinoamérica y otras parte del mundo. Se trata de un amplio proyecto que además del puerto involucra un astillero y un terminal de crudos que se conectaría a través de vías de transporte con la producción que se desarrolla más al sur del país (como la Faja Petrolífera del Orinoco, CVG, entre otras). El anuncio en 2002 por parte del presidente Hugo Chávez de relanzar el proyecto, generó una serie de críticas y declaraciones en contra, que se mantienen hasta nuestros días. Además de ser señalado como un plan favorable al neoliberalismo, se ha denunciado el terrible impacto que tendrá en la condición pesquera, salina y turística de la zona, daño a los sensibles ecosistemas marinos, contaminación del aire y los suelos, deforestación, intensificación de la escasez de agua en la zona, así como impactos demográficos por migraciones de nuevos trabajadores y la dependencia de los pobladores locales respecto al puerto. Comunidades, académicos, pescadores y ambientalistas se han pronunciado con diversa intensidad y continuidad en contra de este proyecto desde finales de los años 90. Declaraciones colectivas de agrupaciones de pescadores, manifiestos de activistas y universitarios o de las propias comunidades organizadas, cartas canalizadas por las vías de denuncia oficial, se van produciendo también desde el anuncio del presidente en 2002. Aunque en muchos de los emprendimientos no hay avances (el puerto aún no comienza a construirse y las obras del astillero se encuentran prácticamente paralizadas), a la fecha el proyecto sigue siendo planteado. En mayo de 2017 el Gobierno nacional anunciaba nuevas inversiones petroleras con China, en las cuales se mencionaba el impulso del puerto de aguas profundas. El sitio de ubicación que ha sido propuesto para el puerto se habría cambiado para las afueras del Golfo de Cariaco, lo cual había sido uno de los principales reclamos de las organizaciones críticas al proyecto. Sin embargo, los impactos socio-ambientales denunciados siguen latentes. Las tendencias de reestructuración económica y el relanzamiento del Gobierno nacional hacia las nuevas fronteras de la extracción otorgan una más alta valoración al proyecto, lo cual podría indicar un claro avance en su realización en tiempos más favorables para el negocio. En la actualidad, aunque se mantiene cierta tradición de oposición al proyecto, las voces críticas se han manifestado de manera más dispersa y discontinua, y sin que esto suponga una movilización masiva de las comunidades que podrían ser afectadas. A pesar de ello, algunos integrantes de las mismas junto a pescadores y organizaciones que apoyan la lucha, intentan mantener la denuncia sobre este proyecto, en condiciones muy desfavorables, dadas las dimensiones de la crisis económica y política que atraviesa actualmente el país.

 

Movilizaciones de tierra para el Astillero Nororiental. 30% de avance de las obras en 2017
Fuente: Efecto Cocuyo.

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