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La Anarquía en el movimiento ecologista de hoy

La tendencia del apoyo mutuo en el hombre tiene un origen tan remoto, y está tan profundamente entretejido con toda la evolución pasada de la raza humana, que ha sido mantenida por la humanidad hasta el tiempo presente, a pesar de todas las vicisitudes de la historia.

Kropotkin, Piotr. El Apoyo Mutuo (1902)

 

La aparición de nuevas narrativas acerca del desarrollo (Bien sea desde los paradigmas alternativos de la economía sustentable; la economía ecológica; o el eco-socialismo) en el discurso y la agenda de los movimientos sociales señala un cambio paradigmático en el cómo concebimos la naturaleza en nuestros días.

No es mera coincidencia; ello se halla en relación directa a una creciente preocupación –por no decir miedo– en torno al cómo conciliaremos el progreso de la técnica con un futuro que no sea el del apocalipsis de la chatarra industrial. Partidos, organizaciones y movimientos sociales en distintas partes del mundo se organizan, aún en disonante lejanía, con el objetivo común de frenar la hecatombe de la vida en el planeta. Y con buena razón: no hemos logrado dar con algún freno de emergencia que detenga el paso de nuestra barbarie en el Antropoceno.

Esparcidas, divididas y enfrentadas, pero no entre ellas mismas, las células ecologistas deben operar en un rango disímil de situaciones. El contexto global llama no a la interpelación, sino a la intersección entre luchas, pues las barreras entre naciones, razas e identidades desaparecen cuando es la totalidad biológica la que se encuentra bajo amenaza. Se forma así una suerte de anarquía situacional en el campo de la lucha ambientalista, la cual desarrollaremos brevemente.

Dos conceptos clásicos del pensamiento ácrata me llaman la atención para explicar la anarquía en tanto idea, convicción y modelo para la lucha ecologista. El primero es el de la anarquía en sí, que no es más, en palabras de Errico Malatesta, que la proclama por la ausencia del gobierno sobre la vida [1]. El segundo es el del apoyo mutuo, tomado de Kropotkin, sin el cual no existe cuerpo social alguno que no esté destinado al fracaso [2]. Sin necesidad de apelar a los desarrollos ulteriores de la ecología social, los eco-anarquismos y el eco-feminismo, podemos establecer que la lucha ecologista es, en esencia, una lucha por la destrucción del gobierno sobre la naturaleza [*]. Apenas y repasemos, de manera un poco anárquica (en el mal sentido), algunos de los principales desarrollos en este proyecto:

En septiembre de 2014 se celebró la movilización People’s Climate March (PCM), en donde más de 1.500 organizaciones, comunidades y movimientos sociales protestaron en Nueva York a favor de la justicia ambiental, en contra del cambio climático y en denuncia de los devastadores efectos de la economía global sobre la ecología mundial. Esta experiencia sería igualada en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (2015) como la Marcha Global por el Clima, centrada en París y replicada en el resto del mundo, influenciando la firma del Acuerdo de París en 2016 que involucraría a 193 naciones. De esta experiencia es importante resaltar que representa una nueva configuración política, que es lo que Naomi Klein ha denominado «Blockadia» “(…) Movimientos globales compuestos por personas comunes –no lucen como los típicos activistas, según Klein– que buscan profundizar la democracia relacionándola con la posibilidad real de control de los recursos que posibilitan la reproducción de su vida cotidiana, y que manejan diversas estrategias de acción directa –asambleas populares, bloqueos a excavadoras, marchas en las grandes ciudades, siendo agredidos por fuerzas policiales y de seguridad–, deteniendo en el territorio los crímenes climáticos en progreso –los sujetos del Anexo 0–, y reivindicando las abundantes energías disponibles en la superficie del planeta (no las del subsuelo)” (Teran, Emiliano)

Otra experiencia reciente, aunque en menor escala, es la contundente protesta de VoteNo2Heathrow, en Inglaterra. El proyecto de expansión del aeropuerto de Heathrow, Londres representa un saldo considerable para la huella ecológica inglesa, en contradicción a los compromisos verdes de París. Motivado a esto, un grupo de acción directa bloqueó las vialidades del distrito político londinense, llevando a cabo una huelga de hambre bisemanal que culminó en arrestos por “desobediencia civil”. Sin embargo, el proyecto fue aprobado, entre otros factores, por el voto del partido laborista de Jeremy Corbyn al proyecto de Theresa May.

Lejos de la Europa occidental, resiste Rojava. En la Kurdistán libre, la gestión democrática de la naturaleza ha dado lugar a interesantes experiencias en materia agroecológica. Según Giran Ozcan, las comunidades en este territorio libre se encuentran organizadas de una manera que no son una amenaza para el medioambiente, teniendo como preferencia las fuentes de energía renovables, promoviendo el vegetarianismo y prohibiendo la deforestación y la caza furtiva. En sus palabras, “(…) Todo esto se encuentra bajo la premisa que el ambiente no es una fuente de lucro, sino de una fuente de vida; la utilización hambrienta-por-lucros del medioambiente sucumbe a la apreciación del ambiente como fuente de vida”.

En Venezuela, las luchas en contra del Arco Minero del Orinoco se encuentran ampliamente influenciadas por este espíritu ácrata–Aún así, los actores en el movimiento ecologista provienen de sectores bastante variados. Participan desde la academia; en los movimientos de base; las organizaciones partidistas; la sociedad civil, ONGs y por último, agrupaciones y colectivos de ideas autonomistas. No sólo persiste el talante contestatario en las organizaciones autónomas, sino que además prevalece un sentido crítico ante el Estado y el capital por igual; una insurrección contra el gobierno sobre la naturaleza que acciona desde la confluencia de los objetivos, las tácticas y estrategias de quienes hoy hacemos resistencia ante los avances de la devastación ecológica en nuestro territorio, en articulación, solidaridad y en contra de toda expoliación de la naturaleza que ocurra acá y en otras latitudes.

Sea en Nueva York, Londres, Rojava o en Caracas; sea a través de la protesta, la siembra o la insurrección, la anarquía inspira y arropa a los movimientos ecologistas de nuestros tiempos.

Fotografía: March on Wall Street, 4.4.2009. Autor: BlackRoomPhoto (En DeviantArt)

Notas:

[1] Malatesta, Errico. Anarchy.

[2] Kropotkin, Piotr. Mutual Aid: A Factor of Evolution.

[*] Cuando hacemos mención a la abolición o destrucción del gobierno sobre la naturaleza, no hacemos referencia alguna a la posibilidad de subsistir en una sociedad moderna prescindiendo de su aprovechamiento, sino a la abolición de la esencia bajo la cual se ejecuta su dominio. Nuestra crítica reside precisamente en que la explotación ilógica, desproporcionada y obscena de los bienes y territorios comunes debe ser afrontada como una extensión del patrón civilizatorio que corresponde a la Modernidad occidental, en donde el Estado regula el cuerpo y lo supedita al gobierno.

Summa Cum Laude en Sociología, UCV (2018). Preparador del Departamento de Estudios Económicos, Políticos y de la Planificación (2014) y del Departamento de Teoría Social (2015-2018). Miembro y asistente de investigación en el Observatorio de Ecología Política de Venezuela.