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La propuesta de Ibrahím López García: la educación científica y tecnológica necesaria para nuestros pueblos

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La propuesta de Ibrahím López García: la educación científica y tecnológica necesaria para nuestros pueblos

Por: Emilis González Ordoñez – Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda. Correo electrónico: emi2go@gmail.com

NO. 2 Revista Territorios Comunes


Ibrahím López García (Cabure, 1925 – Coro, 1994). Comunista, ingeniero civil falconiano, fundador de uno de los primeros movimientos ecológicos de Venezuela: el Movimiento Ecológico Social del siglo XXI (MES-XXI). Su obra y práctica académica estuvo marcada por romper con la cultura científica dominante en la institucionalidad académica universitaria. Su trabajo científico estuvo centrado en el estudio y observación detallada de la naturaleza, en especial sobre las formas y diseños de los árboles y las estructuras foliares. Innovador y pionero en la utilización para las construcciones de viviendas del techo de mínimo espesor, una ecotecnología que reduce considerablemente el uso intensivo de materiales de construcción. Como reivindicación de las alternativas locales y las ecotecnologías se opuso de forma radical a la imposición de tecnologías importadas. Su trabajo científico reflexivo estuvo centrado en la crítica a la utilización de combustibles fósiles y el desarrollo de tecnologías alternativas como crítica a la tecnología capitalista que busca excluir al pueblo de “el secreto de las máquinas” y que termina quemando y destruyéndolo todo, por lo que su planteamiento central es terminar con lo que llamó “la civilización del fuego”, apostando por la utilización de la energía cósmica del electromagnetismo cuya fuente es el sol que pertenece a todos. Fue segregado de los circuitos académicos universitarios venezolanos por sus ideas y posturas ideológicas.


DEL PAN Y LA CANCIÓN

Sucede que con una gota de agua y un rayito de sol se puede fabricar un arcoíris, y quien posee un arcoíris puede inventar a Miguel Ángel, a Rubens, a Van Gogh, a Goya y a Picasso y entonces se está en capacidad de hacer, deshacer y rehacer el mundo!

Todo lo cual no niega, sin embargo, que la función primigenia del agua es fecundar la tierra y la tarea fundamental del sol es madurar la espiga, porque la tierra es sólo habitable en la medida en que “el pan tenga la dimensión del hambre” y las cobija la exacta dimensión del frío.

De allí que no me explico el absurdo de que haya artistas que se crean superiores al panadero, y sobre todo, que éste los tolere por ignorar que hacer la canción es también un trabajo.


EL CABALLO DE IBRAHIM

Había una vez un hombre bueno llamado Ibrahim. Era un genio, un ilusionista, que andaba lleno de ciencia, de sueños y de amor. Como es lógico, este hombre maravilloso había nacido en Cabure y como yo tuve la suerte de nacer en el mismo lugar y algunos creen que soy poeta, naturalmente, Ibrahim y yo fuimos amigos.

Hugo Fernández Oviol.


Posterior a las gestas independentistas, a los intelectuales latinoamericanos les angustió una pregunta: ¿cuál es mi identidad frente a la modernidad a la que me suscribo? La independencia política debía ir de la mano con la independencia cultural, y esta independencia cultural pasaba por una transformación del sistema de enseñanza. Pero esta angustia no fue de la mano con una política eficiente que transformara el sistema educativo heredado, muy por el contrario se continuó copiando modelos foráneos que en poco o en nada reflejaban la realidad de nuestros pueblos. La educación de nuestros pueblos en Latinoamérica se ha dedicado a copiar patrones foráneos, todos aquellos que pensaron que el sistema educativo debía ser uno propio y acorde a  nuestra particular realidad, fueron desestimados por las clases dirigentes, tal es el caso de Simón Rodríguez en el siglo XIX e Ibrahim López García en el siglo XX.

Las propuestas y alternativas de estos autores que pensaron el sistema educativo, desde Venezuela, surgieron partiendo del hecho de que el Estado debe atender la necesidad de construir una nueva gestión educativa, fundamentada en los principios de democracia directa, participación, corresponsabilidad, descentralización y autonomía, para la toma de decisiones colectivas en la planificación, ejecución, evaluación y control de la gestión escolar por parte de los autores del hecho educativo (niños, niñas, adolescentes, jóvenes, docentes, madres, padres, representantes, obreros, empleados administrativos, comunidad en general).

No obstante esta función normativa y de garantía del derecho a la educación del Estado pocas veces es contemplada en la complejidad que el proceso propio del aprender lleva intrínseco. Aprender algo requiere más que memorizar conceptos; aprender significa comprender, pensar y dilucidar qué puede beneficiarnos de un concepto nuevo, qué es posible desechar y qué asidero tiene en nuestra vida común y cotidiana, es decir, cómo puede ser usado ese nuevo conocimiento en la vida diaria.

Simón Rodríguez en su texto Sociedades Americanas, afirma:

Enseñar________ es hacer COMPRENDER, es emplear el entendimiento, no hacer trabajar la memoria (…) Tratar las cosas es la primera parte de la educación Y TRATAR CON QUIEN LAS TIENE es la segunda.  Tómese, de paso, por máxima, según este principio, que más aprende un niño, en un rato, labrando con un palito, que en días enteros, conversando con un maestro que le habla de abstracciones superiores a su experiencia. (1990: 93)

Rodríguez afirmaba que la base de la educación es el estudiante y no el conocimiento; sostiene que el proceso enseñanza-aprendizaje debe estar centrado en las experiencias del alumno, en su contexto social, histórico, cultural, religioso, etc, es decir, por el cuerpo de creencias que le constituyen como ser humano y que le permitirán o dificultarán la adquisición de un conocimiento nuevo.

Para que el conocimiento nuevo sea entendido y sobre todo aceptado, es necesario que tenga un asidero en la experiencia del educando, una base que le permita asir el conocimiento y darle forma en su mente. Lo cual significaría un cambio radical en la concepción de la enseñanza en nuestros pueblos. Frente a la propuesta tradicional de educación que considera al estudiante un recipiente vacío que amerita ser llenado (como afirmaría Freire),  uno de los pensadores venezolanos que hizo un énfasis especial sobre la experiencia y el aprendizaje a través del aprender haciendo fue el ingeniero falconiano Ibrahim López García, quien afirmaba:

Lo importante aquí es que la investigación científica que realizamos esté al servicio de la liberación cultural económica y tecnológica de nuestro pueblo. Paralelamente con los estudios académicos, los profesores y estudiantes deben estar percatados de los grandes problemas sociales, políticos y económicos que nos incumbe directa o indirectamente, tanto en nuestra nación como en las demás naciones del mundo; deben aprender a solidarizarse con las justas luchas de nuestro pueblo y de todos los pueblos del mundo. Para lo cual: a) deben estar informados sobre la marcha diaria de la vida del planeta a través de los medios de comunicación social; b) deben conocer las nuevas corrientes científicas a través de la literatura especializada; c) se deben conocer las filosofías científicas que les permita seleccionar con certeza lo que beneficia o no a nuestro pueblo y a los demás pueblos del mundo; d) deben desarrollar tareas en su propio sitio de trabajo y fuera de él, en los barrios pobres tales como ayudar a los obreros y campesinos a alfabetizarse y admitir conocimientos, como embobinados de motores, electricidad elemental, explotación natural de los recursos del mar, de los llanos, de las sierras. Esto vincularía  a obreros, campesinos, profesores y estudiantes evitando que estos últimos se alejen de su pueblo, lo que tanto daño ha causado a todo nuestro planeta. (…) Qué tipo de investigación científica debemos realizar. Creemos que la consigna aquí debe ser: “imaginación y ciencia a servicio de nuestro pueblo” (2005:29).

Propone López García que la información a través de los distintos medios masivos sea democrática y equitativa; plantea una ciencia al servicio del pueblo; sostiene que los investigadores sean formados para y con la comunidad y no de espaldas a ella; afirma que deben aprovecharse los saberes populares, pues ellos permitirán un cambio en la concepción de la ciencia que sin duda alguna nos beneficiaría. En cuanto a la necesidad que nuestros sistemas educativos formen científicos que desarrollen una tecnología propia, López García afirma:

Hay que librar una lucha inmediata por la instalación de laboratorios para todas las materias técnicas. Es urgente. Pero no basta con ello. Previamente es necesario asegurarse que los seres humanos que dirigen nuestras universidades, institutos de educación superior, colegios universitarios, liceos e institutos de educación secundaria y escuelas primarias, están al servicio consciente y efectivo de nuestra juventud. Quien odia a la juventud, no puede impartir buena enseñanza a la juventud y quien considere inferior a nuestro pueblo, no estará nunca a su servicio(2005:29).

Una educación y una ciencia propias, nuestras, vistas desde dentro y no desde fuera, una educación que valore en su justa medida la cultura de nuestros pueblos, sabiendo claro está que cultura no se refiere únicamente a los trajes y bailes típicos sino que va más allá e involucra la forma de concepción del mundo, la forma en la que nos relacionamos con el resto de los seres humanos y cómo concebimos los saberes (los valores, nuestros propios y maravillosos valores, que nos identifican como pueblo y que han sido dejados de lado para implantar la cultura del más vivo). López García no se quedó en plena retórica. Muy por el contrario, dedicó buena parte de su vida a pensar una tecnología propia, respetuosa de la naturaleza y posible de desarrollar con materiales autóctonos. Como los que desarrolló con el Movimiento Ecológico Social siglo 21,que fundó en 1977, movimiento dedicado a invertir en el ser humano para que aprendiera a utilizar la naturaleza.

Con dicho movimiento realizó dos desarrollos tecnológicos destacables. El llamado ordeñador de nubes, dispositivo que recogía agua de la bruma nocturna y permitía recolectar el vital líquido a las poblaciones de las montañas. Y la cámara solar, la cual era un rudimentario equipo que permitía obtener agua dulce del agua del mar para las poblaciones costeñas.

Pasaba el ingeniero falconiano de la palabra a la acción. Del condenar la alta dependencia del petróleo y las tecnologías foráneas a proponer tecnologías posibles, económicas, sencillas y autóctonas. Para referirse a esto, al desarrollo de tecnologías propias, López García afirma:

Solamente la combinación de la teoría con el laboratorio artificial o natural dará al traste a la larga con nuestra dependencia tecnológica y generará una verdadera tecnología autóctona (…) la práctica científica que genera tecnología autóctona es profundamente subversiva (para las naciones que nos oprimen). Para luchar contra sus poderosos enemigos hay que principiar por colocar en los puestos claves de la educación, de los institutos educacionales, al frente de las cátedras, en la dirección de nuestros laboratorios, etc.…, a quienes hayan demostrado vocación activa por la investigación teórica y experimental y comprobado amor por nuestro pueblo. Solamente así formaremos rápidamente a una generación que posea las armas ideológicas suficientes para acompañar a nuestro pueblo en la lucha por la liberación. ¡Vetar todo lo que constituya desprecio, odio o traición a nuestro pueblo debe ser consigna inmediata en todos los niveles de educación! (2005:29)

La propuesta de López García es la de una educación científica y tecnológica al servicio de nuestros pueblos y que por estar a su servicio no debe contaminarse de otras ideologías, aunque sí que debe estar al tanto de ellas; por lo tanto propone el desarrollo de una educación científica y tecnológica desde nuestras aulas, con nuestros científicos y con nuestros recursos. En este marco, un aspecto notable de la trayectoria de este creador lo constituyen sus ideas, investigaciones  y proyectos en torno a la búsqueda de modelos alternativos de generación de energía y movimiento. Para darle sustento y justificación a esa exploración desarrolló reflexiones muy profundas que tuvieron como hilo conductor al aprovechamiento de la energía por combustión a través de diferentes épocas en la historia humana, arrancando con los ancestros neandertales y su uso del fuego, pasando por la utilización del vapor, el carbón, el petróleo y la energía nuclear. En este sentido Ibrahím López se planteo la necesidad de desmontar el andamiaje energético sobre el que se había construido la civilización occidental,  en el que el calor y el fuego desempeñaban un papel fundamental.  Como alternativa, teniendo como referencia sus investigaciones y la elaboración propia  de prototipos y modelos de escala,  se mostró partidario de promover un cambio de paradigma que llevara al abandono de lo que él llamó la “Civilización del Fuego  para dar paso a una nueva civilización en la cual  la energía fría y silenciosa ocupara un lugar central. Con este basamento  López García condena la excesiva explotación del petróleo por ser altamente contaminante y propone restringir su uso. En su lugar recomienda  como alternativa la energía electromagnética cuya fuente directa es el sol. Para ello propone la construcción de un motor anular electromagnético, que pudiese mover un vehículo denominado El Giróscopo y que tendría forma de trompo (1970). Dicho motor podría producir electricidad con energía eólica y almacenarla en baterías dispuestas para ello. El mencionado vehículo podría revolucionar los medios de transporte, las formas de producción y almacenamiento de energía. Este invento le valió, especialmente, la condena de la sociedad científica y la férrea oposición de las grandes transnacionales. Cabe destacar el carácter innovador y visionario de esas reflexiones y propuestas de Ibrahím López García en una época en la que muy poco se hablaba de cambio climático y de crisis civilizatoria.

Cuando López García habla de la educación necesaria para conseguir la creación de una tecnología propia, afirma que es esencial que la formación científica sea contextualizada a las necesidades de Venezuela, cuidando de visibilizar las condiciones de explotación a lasque la distribución internacional del trabajo condenó a nuestros países latinoamericanos. Pensaba López que la formación de un pensamiento acrítico dependiente neocolonial en el pueblo era el producto del envío de jóvenes, sin formación crítica, a hacer estudios especializados en los países explotadores de los recursos naturales. Como contra-propuesta planteaba que el laboratorio debía estar unido a la naturaleza y que las soluciones tecnológicas que eran realmente útiles a los pueblos eran aquellas que provenían de la observación y estudio de las condiciones naturales locales de los pueblos. En este sentido señalaba:

La búsqueda en el laboratorio de la naturaleza es muy apasionante, y constituye un poderoso estímulo para la armoniosa simbiosis de teoría y práctica, sin la cual no existe verdadera ciencia. Además enseña al hombre a amar y respetar la vida en el planeta a todos los niveles, así como considerar el fenómeno grandioso de nuestra vida planetaria como un tesoro inapreciable en el cosmos (2005:29).

De esta manera, la tecnología asociada a su producción como científico planteaba el respeto y aprendizaje por y con la naturaleza, bajo principios de armonía que evitaran repetir las fórmulas de la “tecnología opresora” que ha llevado al mundo a la debacle ambiental. Su propuesta tecnológica constituye un antecedente y una base importante del pensamiento educativo ambiental venezolano y un caso importante de inventiva tecnológica popular que lamentablemente fue deslegitimada por la comunidad científica venezolana sobre un ámbito poco atendido desde las políticas públicas científicas nacionales.

López García además realizó un análisis sociopolítico y geoestratégico sobre su experiencia como científico señalando que:

Mientras existan clases oligárquicas no habrá interés en el desarrollo tecnológico en nuestra patria y en ningún país neocolonial. De este modo, nos está reservado en los planes económicos de los oligárquicos internacionales el papel de exportadores de materia primas para la industrialización de otras naciones. Sin industrializarnos estamos industrializando a los extranjeros que nos explotan. Somos colonia americana, inglesa, francesa, italiana y hasta española y portuguesa. Debemos hacer investigación científica(…)Hay por allí tesis que sustentan el criterio de que en vista de los anteriores análisis, es inútil realizar  investigación científica con fines de creación tecnológica en nuestra patria y en cualquier país del tercer mundo. Para nosotros esto equivale a reconocer que, puesto que un invasor armado tiene un poder de fuego muy elevado, no debemos combatirlo con nuestras armas elementales. Tal actitud postraría a nuestro pueblo en la subyugación colonial en forma indefinida, pues tendería a despojarlo de la moral combatiente imprescindible para su liberación (…) a través de la comprobación diaria de nuestra propia creatividad de pueblo se irá fortaleciendo la convicción de la necesidad de nuestra propia dirección independiente e irá cimentando en nuestro pueblo la fe en sus propias fuerzas, destruyendo en él la cara más peligrosa de la colonia, que es la raigambre en la conciencia popular de la imposibilidad de alcanzar por sus propios recursos el éxito de la creación tecnológica, con cuya creencia lo han subyugado las naciones industrializadas (2005:28).

López García fue combatido y silenciado por proponer una tecnología con predominancia sobre la reflexión en la naturaleza, opuesta al extractivismo y con énfasis en lo local. En este sentido Una tecnología enfrentada en su concepción, producción e implementación a la impuesta por las grandes trasnacionales interesadas en mantenernos en relaciones permanentes de dependencia. Sus ideas subversivas, tales como el método de construcción de viviendas populares con techos con parábolas hiperbólicas (láminas de concreto armado con formas ultradelgadas que asemejaban una membrana suspendida en el aire) y que se contraponían al método tradicional de construcción de viviendas que es costoso y altamente contaminante, le generaron la condena de la comunidad científica y de la Cámara de la Construcción, quienes vieron afectados sus intereses económicos.

Este creador  falconiano significó un elemento incómodo que debía ser silenciado, y sus ideas desechadas. Sus soluciones tecnológicas implicaban costos menores para el Estado y las comunidades, en cuanto al desarrollo de vivienda, distribución de agua potable para la población, y una tecnología más humana. Es menester recuperarlas. Con conciencia y seriedad es posible llevarlas a cabo. La implantación de su propuesta tecnológica popular, originada de la observación de la tecnología y las formas de la naturaleza, representa un avance hacia una sociedad cuya producción de conocimientos estaría basada en un paradigma post capitalista y de superación de la visión de la naturaleza como objeto. Se trata al final de concebir a la naturaleza como fuente de soluciones tecnológicas para el buen vivir.

Ello significa un cambio en la educación a todos los niveles. Un cambio en la forma de pensarnos y pensar nuestras capacidades y potencialidades para aprender a vivir y relacionarnos.


Bibliografía

García, I. L. (2005) La educación científica y tecnológica en Venezuela. Revista Ventanal, año 2, número 6. Coro. Impresos Doman.

García, I. L. (1970). Sobre trompos, cúpulas y vuelos: teoría y ensayos en torno a una nave giroscópica. Universidad de Zulia, Dirección de Cultura.

García, I. L. (2008) Sobre trompos, cúpulas y vuelos. Caracas. Fundación editorial El perro y la rana.

Rodríguez, S. (1990). Sociedades americanas (Vol. 150). Fundacion Biblioteca Ayacucho.

Organización multipropósito que orientada a la visibilización y estudio de las desigualdades e impactos socio-ecológicos que se generan a raíz de la transformación e intervención de la naturaleza, y al apoyo y acompañamiento de luchas socio-ambientales en el país