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Metabolismo social y Territorios Energéticamente Sustentables

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Metabolismo social y Territorios Energéticamente Sustentables

Por: Alejandro López González

NO. 2 Revista Territorios Comunes


Introducción

Los procesos de cambio político en Venezuela han procurado una democratización en el acceso a los servicios públicos que no se ha concretado. En el caso particular de la energía, se decretó un “modelo de gestión socialista” que no ha tenido ningún éxito debido al excesivo centralismo burocrático y la corrupción generalizada en el Estado. Sin embargo, desde las bases populares este modelo de gestión ha contrapuesto a la burocracia la propuesta de los Territorios Energéticamente Sustentables (TES).

En su vertiente técnica, la propuesta se relaciona con el uso de energías renovables, distribuidas dentro del mismo territorio donde se consumirá la energía generada, algo muy similar al concepto de microrredes eléctricas. Sin embargo, en su vertiente social y política se relaciona mucho más con la democracia realmente participativa y con un acceso universal a la energía, donde las comunidades toman control sobre su generación y consumo. En este artículo describimos las bases teóricas tanto sociales como técnicas de la propuesta de Territorios Energéticamente Sustentables, así como nuestras vivencias en el recorrido por experiencias existentes en el noroccidente del país, que han sido publicadas a nivel nacional e internacional y que desde Venezuela las proponemos como alternativa a los países del Sur Global.

 

El metabolismo social venezolano y su obesidad energética

 

Con base en los datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, 2017), sabemos que un litro de gasoil consumido dentro de Venezuela ha tenido un costo de oportunidad para la República de entre 0,27 $/litro y 0,39 $/litro, mientras que el costo de oportunidad del litro de fueloil ha estado entre 0,27 $/litro y 0,38 $/litro. El costo de oportunidad se refiere al ingreso dejado de percibir cuando se consume dentro del país un producto que podría exportarse. De acuerdo a nuestro análisis de los datos del estado Zulia, se genera electricidad mayoritariamente con gasoil y fueloil. Por lo tanto, considerando los datos de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), se estima que el kilovatio/hora en el estado Zulia ha tenido un costo por quema de combustible, entre 6,8¢/kWh y 10,7¢/kWh (centavos de dólar por kilovatio/hora generado). Estos costos son muy volátiles ya que dependen del precio internacional del crudo OPEP que, durante la última década alcanzó un pico en 2012 cuando el barril petrolero llegó hasta 109,45 $/barril, lo que implicaría un costo del kilovatio/hora, por combustible, de 18,21 ¢/kWh. Es decir, el margen de variación del costo de la energía eléctrica en un país con gran penetración de combustibles fósiles en su matriz energética es muy amplio y está sujeto a las leyes de mercado. Dejando de lado el costo de oportunidad, el costo de producción del gasoil y fueloil en Venezuela está alrededor de los 0,014 $/litro (tanto fueloil como gasoil). Por lo tanto, considerando sólo los costos por quema de combustible, el kilovatio/hora en el estado Zulia cuesta a Corpoelec 0,37 ¢/kWh.

Esta diferencia entre el coste real y el coste subsidiado de la energía, lejos de promover el desarrollo industrial y económico sustentable nacional, lo que ha promovido es un consumo parasitario de la energía. Entre 2003 y 2012, hemos pasado a ser el país más derrochador de energía eléctrica en América Latina, pero sin tener ningún impacto en la productividad. El único motor económico alimentado con esta energía era el de la renta petrolera; el resto de sectores sólo fueron recostándose a éste y apagando su iniciativa interna para dejarse llevar por el inmenso influjo de petrodólares.

El consumo de energía era un 70% improductivo, un gasto energético en televisores, equipos de video, equipos de sonido, secadoras de pelo, computadores portátiles, calentadores de agua en Maracaibo y aires acondicionados en Los Andes, mientras se racionaba la energía a las industrias básicas de Guayana para mantener estos niveles de consumo. ¿Es este un comportamiento racional? Hemos intoxicado nuestra economía con grasas saturadas, carbohidratos (¿hidrocarburos?) y una especie de gluten político que hizo a un pueblo adicto a las dádivas petrodolarizadas, como en los casos de “Mi Casa Bien Equipada”, que incrementó la cantidad de televisores y aires acondicionados en Venezuela hasta 10 veces por encima que antes de implementarse, sin ninguna consecuencia en educación ni calidad de vida de los venezolanos. Todo grasas, todo engorde, todo obesidad energética.

Nuestra sociedad venezolana, previamente ya con síntomas graves de intoxicación por petrodólares, ha empeorado destruyendo nuestro entorno natural, miles y cientos de miles de pozos petroleros en el Zulia abandonados para abrir pozos nuevos en zonas ambientalmente frágiles en la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), proyecto nefasto para la economía del país. Como los reyes medievales, tragamos petróleo del Zulia para vomitarlo, desecharlo y tragarnos el petróleo de la FPO, todo consumo, todo gasto, nada de inversión o nada de “proteínas” y gasto energético productivo.

Especialistas en metabolismo humano y nutrición hablan del cerebro de gordo, otros hablan del cerebro de pan. En Venezuela, entre 2003 y 2012 desarrollamos lo que yo llamaría el “Cerebro de Brea”: nos hicimos adictos al “shot” de energía gratis en la electricidad, en la gasolina, en el gas y solo engordamos. Hemos caído en una obesidad de la cual no vemos más salida sino tragar y tragar más energías densas, tóxicas con el ambiente, abundantes en potencia gratuita, pero con un efecto rebote[1] que nos está llevando a la ruina.

En la actualidad, el gobierno de Nicolás Maduro solo visualiza salidas por medio de más rentismo, extracción de carbón, de gas, aprovechamiento de petróleos pesados en lugar de otros livianos (obesidad y más obesidad energética) y de esta espiral no se sale sin ayuda. Debemos parar, detener esta espiral suicida, para eso hay que tomar una decisión definitiva y radical para transformar el metabolismo social venezolano, su economía y comenzar a reducir hidrocarburos de nuestra matriz energética y dirigir la energía a la actividad de sectores productivos con nuevas alternativas energéticas.

 

La propuesta de los Territorios Energéticamente Sustentables (TES)

 

Desde el estado Zulia, a partir de iniciativas populares, hemos dado forma teórica y práctica al concepto de Territorios Energéticamente Sustentables. Este es un concepto tanto técnico como social. En su vertiente técnica, podríamos decir que nos basamos parcialmente en la visión de ‘redes inteligentes’ que ya se ha venido promoviendo en la literatura científica especializada, en lo que la Unión Europea denomina “Smart-Grids”. Estas redes están compuestas por múltiples redes más pequeñas, llamadas microrredes, que son sistemas energéticos autosustentables basados en una generación con tecnologías renovables en un territorio determinado, de tal manera que en ese territorio, se produce y consume energía sin dependencia del exterior y con fuentes endógenas y renovables (viento, sol, biomasa, microcentrales hidroeléctricas, entre otras).

Entonces, el concepto de territorio energéticamente sustentable lo hemos venido perfeccionando técnicamente a partir de experiencias en Venezuela, particularmente, desde el programa “Sembrando Luz” desarrollado por el gobierno de Hugo Chávez, entre 2005 y 2013. Sin embargo, creemos que más allá de un concepto meramente técnico, un TES conlleva una carga teórica social fundamental que le diferencia de las “Smart-Grids” y/o “Microgrids” que se han venido conceptualizando como alternativa energética del futuro, para Europa. En ese sentido, nos basamos en el concepto de “metabolismo social”.

La primera utilización del término metabolismo en el ámbito social se atribuye a Karl Marx (1818-1853), quien leyó extensamente a naturalistas de su época entre los que influyó, particularmente, un autor holandés llamado Jacob Moleschott (1822-1893), quien fuera reconocido ampliamente por un libro llamado “El ciclo de la vida”, escrito en el año 1852. Marx derivó del naturalismo el concepto de metabolismo, que utilizó como una de sus principales categorías en el análisis y teoría crítica sobre el capitalismo. En este sentido, Marx define al metabolismo social como el proceso a través del cual la humanidad transforma a la naturaleza externa y, durante ese proceso de transformación, también modifica su propia naturaleza y estructura social interna. La forma en que la transformación de la naturaleza externa afecta a la estructura de la sociedad se manifiesta en las formas concretas de organización de la sociedad global, su estructura energética, su estructura económica y las relaciones entre las sociedades de productores de materiales y energía y las sociedades de consumidores.

Podría decirse que el capitalismo global, basado exclusivamente en la explotación de recursos minerales y fósiles, ha degradado el entorno natural para ponerlo al servicio de un modelo socioeconómico que viene a ser antagónico con la naturaleza, opuesto a las leyes naturales como diría Federico Engels (1979). De ahí, las consecuencias catastróficas sobre el sistema climático terrestre y el cambio climático antropogénico. Como diría Leonardo Boff (2002), el capitalismo esclaviza a la naturaleza, extrayendo sus jugos terrestres sin ninguna retribución, sin compensación, sin ningún tipo de simbiosis sustentable, para utilizarlos en un modelo que contrapone a las clases sociales de productores y consumidores de energía, en una relación de igual explotación.

Partiendo de esta concepción, un territorio energéticamente sustentable no transformaría a la naturaleza de su entorno, sino que sanaría a la sociedad y/o comunidad de un territorio determinado por medio de su adaptación a las reglas y leyes naturales de la energía, en el universo. En este sentido, un TES consume la energía que se produce en ese mismo territorio por medio del viento y el sol, adaptándose a sus ciclos naturales, determinados por el sistema climático terrestre, con las adaptaciones técnicas que los sistemas de almacenamiento de energía nos permiten en la actualidad. Es decir, no es el humano degradando a la naturaleza sino adaptándose a ella para el desarrollo de su vida energética.

En concreto, el valor real de la energía es tangible directamente para los habitantes de una comunidad ubicada en un TES, es energía propia. Hay una identidad que indudablemente promueve un esquema distinto de aprovechamiento de la misma. La energía renovable, es gratuita, el “fluir” del que tantos filósofos antiguos han hablado, es cotidiano en un TES, puesto que la energía que alimenta los procesos productivos de la sociedad “fluye” al ritmo del sistema climático terrestre, y no al contrario.

En el capitalismo, por tanto, es imposible desarrollar los TES a gran escala. Al respecto cabe reflexionar sobre lo dicho por Naomi Klein (2015):

“No hemos hecho las cosas necesarias para reducir la contaminación porque todas esas cosas entran en conflicto de base con el capitalismo desregulado, la ideología imperante durante todo el período en el que hemos estado esforzándonos por hallar una salida a esta crisis (…) las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria…”.

El modelo energético basado en los TES, va de la mano con una transformación socio-económica profunda de nuestra sociedad y de su metabolismo social.

 

Territorios Energéticamente Sustentables como alternativa para Venezuela

 

Los modelos sociales descritos en las constituciones de Bolivia, Ecuador y Venezuela (países bolivarianos en el sentido histórico de la palabra) se basan en la participación activa y protagónica de los ciudadanos y esto es fundamental para un sistema energético basado en los TES. En todo proceso de cambio, se debería ir construyendo desde abajo hacia arriba y no al contrario (lo que conduce a burocratización, corrupción y despotismo, como en el caso venezolano).

Incentivar inicialmente la municipalización de los servicios energéticos, gestionados por el poder comunal (Venezuela) o ciudadano (Ecuador), es un paso importante. Esto acerca los servicios energéticos cada vez más al ciudadano y ayuda a crear conciencia de la dependencia social de los flujos naturales de energía, cosa que el capitalismo nos ha vedado. Así como el proceso social del trabajo es ajeno a la realidad de un consumidor en un supermercado, de igual forma el flujo natural de la energía es ajeno a un consumidor cuando enciende el televisor de su casa. La única manera de cambiar esto es a través de una transformación del modelo energético que a su vez conduzca a una transformación estructural del metabolismo social y viceversa, de forma cíclica.

Venezuela tiene un enorme potencial eólico, fundamentalmente en su región costera nor-occidental y nor-oriental. Un potencial solar importante en la mayor parte de todo su territorio y potenciales hidroeléctricos en el sur y en los Andes, así como en el Amazonas. Otras energías como la geotérmica están presentes en el sur-occidente y Los Llanos.

Proponemos iniciar con el acercamiento de la energía a cada región y la generación según las potencialidades renovables locales, haciendo a cada región, municipio, parroquia, comuna, comunidad, vecindario, más autónomo en su energía, localmente generada y consumida. De acuerdo a lo que hemos enunciado en publicaciones previas sobre este concepto (López-González, 2018), la propuesta de los TES se establece en zonas donde los sistemas de generación de electricidad se basan en fuentes primarias renovables disponibles en el mismo ámbito de competencias del propio territorio, de tal manera que la generación eléctrica y el consumo están en equilibrio dentro de dicho TES, haciéndose de tal manera autónomo y/o con capacidad de exportar energía al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), sin depender directamente del mismo, más que en casos de contingencias técnicas propias.

Dentro de los TES, los sistemas de generación, transmisión, distribución y comercialización podrán estar en manos de cooperativas financieramente autosustentables; puede establecerse en una Comuna, Ciudad Comunal, Municipio, Estado o Región del país, según sean las características energéticas propias de cada locación y la disponibilidad energética renovable y características de demanda. el Estado sólo se encargaría de las grandes centrales hidroeléctricas del río Caroní y el sistema de transmisión en niveles superiores a los 69kV. Los Territorios Energéticamente Sustentables no omitirán el uso de las plantas termoeléctricas existentes, sino que las adaptarán a una nueva realidad sustentable, donde sólo el gas puede ser utilizado como combustible para generación de electricidad (por ser este un combustible limpio y de bajo impacto atmosférico) y con el propósito de dar equilibrio a una red variante en potencia, debido a las características de disponibilidad de los recursos renovables.

El desarrollo y concreción del concepto de TES, como base innovadora en la concepción de las redes eléctricas a nivel mundial hacia la sustentabilidad (López-González, 2018), requiere de un avance de la política 15 de la Ley del Plan de la Patria que establece un programa de “Fortalecimiento del Sistema Económico Comunal”. Adicionalmente, permitirá dar cumplimiento al punto 5.4.2.3. que establece: “Posicionar a Venezuela como referente mundial en la lucha por el cumplimiento de los acuerdos establecidos [en la lucha contra el cambio climático] y de su impulso por la construcción de un nuevo sistema ecosocialista”.

En este sentido, Venezuela, como firmante de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, suscribe lo siguiente: “Reduciremos los efectos negativos de las actividades urbanas (…) y un uso más eficiente del agua y la energía, y trabajaremos para minimizar el impacto de las ciudades en el sistema climático mundial. Tendremos en cuenta asimismo las tendencias y previsiones demográficas en nuestras estrategias y políticas nacionales de desarrollo rural y urbano”. Los TES se proponen como una política nacional con altas probabilidades de efectividad en este sentido.

En un estudio publicado en la revista “Energy” (López-González et al, 2018a), se muestran los resultados del análisis de las experiencias en 12 comunidades rurales e indígenas de los estados Zulia y Falcón, donde el Gobierno nacional implementó sistemas de electrificación basados en energías renovables (eólico y solar) con un éxito notable, considerando las dificultades institucionales que este nuevo paradigma energético suele sufrir, debido a las burocracias centralistas establecidas desde los inicios de la democracia representativa en Venezuela. Los resultados han sido obtenidos a partir de la metodología que previamente hemos desarrollado para la evaluación de la sustentabilidad de sistemas energéticos aislados y que ha sido publicada en la revista “Renewable and Sustainable Energy Reviews” (López-González et al, 2018b).

Los resultados demuestran que los sistemas son asimilados de forma sustentable por las comunidades y que hay una repercusión positiva en su desarrollo en cuatro dimensiones, que son: socioeconómica, institucional, medioambiental y técnica. Hemos realizado estudios similares en comunidades electrificadas con grupos de generación termoeléctrica (grupos electrógenos) que utilizan gasoil como fuente primaria de energía y los resultados, publicados en la revista “Energy Policy”, son diametralmente opuestos (López-González et al, 2018c).

Por todas las razones expuestas, los TES promueven un modelo en el cual no nos atomizamos, sino que nos integramos armónicamente, puesto que se crea una red nacional de productores igualitarios que intercambian energía en favor un sistema compartido en igualdad de condiciones, donde se habría pasado de cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad (energética).

La energía es el factor fundamental de la soberanía en la sociedad moderna. En el capitalismo la energía es un “commodity” extraído con beneficios desiguales a sangre y fuego, desde los países productores y vendiéndose con ganancias desiguales en los países ricos y consumidores. En la sociedad post-capitalista, la energía es endógena, es propia a cada comunidad en la forma y flujos propios de cada localidad, que luego puede intercambiarse por necesidad y mutuo interés, pero sin mercados internacionales de energía. La energía es un derecho fundamental, es vida, como el agua, el aire o el sol.


REFERENCIAS

Boff, Leonardo (2002). Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres. Madrid, España. Editorial Trotta.

Engels, Friedrich (1979). Dialética de la naturaleza. La Habana. Editorial Política

Klein, Naomi. (2015). Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima. Barcelona: Paidós.

López-González Alejandro. (2018) Territorios Energéticamente Sustentables – Soberanía Venezuela. Disponible en: https://soberaniavenezuela.org/territorios-energeticamente-sustentables/ Fecha de consulta: 22 de julio de 2018.

López-González A, Domenech B, Ferrer-Martí L. (2018). Sustainability and design assessment of rural hybrid microgrids in Venezuela. Energy, 159, 229-242.

López-González, A., Domenech, B., & Ferrer-Martí, L. (2018). Formative evaluation of sustainability in rural electrification programs from a management perspective: A case study from Venezuela. Renewable and Sustainable Energy Reviews, 95, 95-109.

López-González, A., Domenech, B., & Ferrer-Martí, L. (2018). Lifetime, cost and fuel efficiency in diesel projects for rural electrification in Venezuela. Energy Policy, 121, 152-161.

[1] El efecto a través del cual el consumo energético global no presenta disminución proporcional ante una mejora energética. Se refiere a, y mide en cierto modo, la diferencia entre el ahorro energético y la eficiencia energética.

Organización multipropósito que orientada a la visibilización y estudio de las desigualdades e impactos socio-ecológicos que se generan a raíz de la transformación e intervención de la naturaleza, y al apoyo y acompañamiento de luchas socio-ambientales en el país