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Recept Tayyip Erdogan: megalomanía, autoritarismo y ecocidio en la trayectoria de un deleznable sultán contemporáneo

Imagen de portada: World Bulletin.


Surfean el desorden, la humillación y el desespero de la gente. No todos llegan al poder por medio de un golpe de Estado; tienen sin embargo un aspecto en común que comparten en gran medida: la mayoría de ellos se mantienen organizando elecciones de forma más o menos regular que ganan, cada vez, con una victoria aplastante sobre sus opositores. Y cuando la constitución de algún país no permite que se presenten a elecciones, no dudan en modificar un poco los textos fundadores para acomodarlos a sus arbitrariedades y caprichos. Algunos aseguran su posición con la ayuda de la religión. No pocas veces intentan doblegar a la Naturaleza con el mismo enfermizo empeño que ponen en someter voluntades humanas. En la actualidad, circunstancias particulares los obligan cada vez más a procurar una apariencia “democrática” ante observadores externos. Se conocen por su populismo autoritario, sus abusos y sus crímenes, por su narcicismo y su paranoia, porque imponen el terror a sus pueblos, por la censura y la represión a toda forma de oposición, por la promoción que hacen del culto a la personalidad, la locura y, sobre todo, la obsesión por su propia sobrevivencia.  Hasta el día en que…

Aunque genérica, esta semblanza que acabamos de delinear corresponde perfectamente al despótico ex Primer Ministro y actual presidente de Turquía Recept Tayyip Erdogan, quien estuvo recientemente de visita en Venezuela, invitado por Nicolás Maduro, con quien suscribió siete acuerdos de cooperación bilateral y una declaración política. Cabe destacar que uno de los acuerdos consistió en la rúbrica de un memorando de entendimiento sobre cooperación minera por el ministro de “Desarrollo Minero Ecológico”, Víctor Cano, y el ministro de Energía y Recursos Naturales de Turquía, Fatih Dönmez, con el cual se aspira a contribuir a la promoción y extensión  que el gobierno de Maduro está dado al devastador extractivismo minero en todo el país; como se sabe,  el Banco Central de Venezuela está refinando cantidades importantes de  oro del Arco Minero del Orinoco en Turquía y Nicolás Maduro invitó hace pocos días  a Erdogan a impúlsar nuevas inversiones turcas en ese megaproyecto  y en la explotación carbonífera del estado Zulia. Cabe recordar que el pasado mes de julio el presidente de Venezuela   asistió a la toma de posesión del mandatario turco en un viaje muy publicitado, sobre todo por la amplia difusión que tuvo un video que mostraba escenas del pantagruélico y ostentoso banquete al que asistió la pareja presidencial venezolana en el exclusivo restaurant del Chef Salt Bae en Estambul, en momentos en que la desnutrición y la penuria alimentaria campean en nuestro país.  Al término de su visita, Erdogan, quien declaró que Maduro siempre ha sido su aliado, fue condecorado con la Orden Libertadores y recibió una réplica de la espada de Simón Bolívar.  Conviene conocer, por razones obvias, quién es Recept Tayyip Erdogan y para ello presentamos a continuación un breviario de sus arbitrarias y fatuas actuaciones en materia de política doméstica e internacional, de derechos humanos, urbanística y y ambiental.

Nacido en un sector popular de Estambul, Erdogan aprendió sus artimañas en el movimiento islamista del ex primer ministro Necmettin Erbakan, antes de ser propulsado a la primera línea cuando fue electo alcalde de su ciudad natal en 1994. En 1998 fue llevado prisión por haber recitado un poema religioso, un episodio que no hizo sino fortalecer su renombre. Tomó la revancha en la victoria electoral del AKP -partido que cofundó- en 2002; en ese entonces, se presentó como un devoto musulmán que buscaba eliminar la corrupción y mejorar el nivel de vida de los ciudadanos turcos. Un año después, fue nombrado primer ministro, cargo que desempeñó hasta 2014, cuando se convirtió en el primer presidente turco elegido por sufragio universal directo.

Antes de acceder al tope del poder turco, Erdogan atravesó meticulosamente cada etapa electoral, tejiendo y destejiendo múltiples alianzas de acuerdo a sus necesidades. A partir de 2002 Erdogan y su movimiento AKP (fundado en 2001) han pasado por distintas y contradictorias fases: “demócrata”, liberal, aliado de los Estados Unidos (vale recordar que Turquía hace parte de la OTAN desde hace varias décadas), ferviente aspirante a la inclusión de Turquía en la Unión Europea y luego abiertamente despótico, nacionalista, dirigista, anti-occidental, con cierto coqueteo ambiguo con la Rusia de Putin. Nada de qué extrañarse cuando se considera que, en 1996, siendo alcalde de Estambul, este hombre afirmó que “La democracia no es un fin sino un medio. La democracia es como un tranvía. Cuando uno llega al terminal, debe bajarse”. En la medida en que Recep Tayyip Erdogan fue estrechando su dominio sobre Turquía, algunos elementos de pragmatismo que marcaron sus primeros años en el poder se fueron evaporando, siendo suplantados por el peso de un abultado ego y una constelación ideológica fundamentalista. Progresivamente se fue mostrando como alguien incapaz de tolerar opciones distintas a su estrecha interpretación del Islam.

A partir de 2016, al fracasar un golpe de Estado con aparente apoyo de la CIA (recordemos aquí la frase de Foster Dulles, secretario de Estado del gobierno de Eisenhower, según la cual los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses), se desató una oleada de represión y miedo con más de 100.000 detenciones, purgas masivas (más de 150.000 empleados públicos despedidos, sin posibilidad alguna de obtener otro empleo estatal, con sus pensiones eliminadas y sus pasaportes retenidos), centenares de torturados y asesinados, censura a medios de comunicación, miles de millones de dólares en valores incautados por el Estado. En la actualidad decenas de miles aguardan con temor anuncios de emergencia que pudieran significar su detención inmediata y hasta la pérdida de sus vidas. Maestros, profesores, intelectuales, periodistas, caricaturistas y activistas defensores de los derechos humanos han sido pasto de las políticas represivas emprendidas por Erdogan.  En 2015 Erdogan dirigió una fuerte represión contra grupos de izquierda turcos y, en particular, contra el PPK (partido autonomista del Kurdistán sirio-turco) y el pueblo kurdo en general. En este último caso, la tragedia, cargada de resistencia que ese pueblo atraviesa desde hace un siglo en su lucha por conquistar su autonomía, ha encontrado en Erdogan un nuevo verdugo que encabeza un genocidio cotidiano. Han sido años de persecuciones, miles de detenciones de militantes kurdos en toda Turquía, asesinatos, masacres, atentados terroristas organizados por los servicios de seguridad turcos y bombardeos indiscriminados contra la población civil kurda en el sureste de Turquía y en el Kurdistán sirio.   A este historial de horrores se agrega el apoyo del régimen turco al sanguinario y retrógrado Daesh (Ejército Islámico), creado por los Estados Unidos durante la administración Obama (como lo confesó Hillary Clinton), apoyado también por Israel y posteriormente execrado por el propio gobierno de Obama y por el de Donald Trump. Una vez ocurrida la intervención rusa en el conflicto de Siria, se generó una importante afluencia de suministros (alimentos, toda clase de armamentos, etc.) que el Daesh empezó a recibir a través de la frontera con Turquía. En 2015 el gobierno turco brindó apoyo logístico y económico al Estado Islámico para invadir Kobane y masacrar a su población, siendo derrotado al final.  Más adelante, el gobierno de Erdogan dio un giro y decidió sumarse circunstancialmente a la lucha contra el Daesh, haciendo anuncios de bombardeos a contingentes de ese grupo armado. Sin embargo, se trató de un giro mayormente engañoso, pese a que algunos de esos ataques fueron ciertos. En marzo de 2018, el ejército turco, envalentonado por Rusia y los Estados Unidos, con el apoyo de Al-Qaeda, grupos remanentes del Daesh y grupos salafistas, ocupó a sangre y fuego al cantón de Afrin, Norte de Siria con saldo de centenares de muertos civiles, violaciones a mujeres, amplia destrucción física y saqueos, aunque la mayoría de la población abandonó la ciudad y se ha sumando a la resistencia.A comienzos del mes diciembre del presente año, luego del derribo por parte de fuego antiaéreo turco de un cazabombardero ruso que sobrevolaba territorio sirio, voceros oficiales de la Federación Rusa acusaron a Erdogan y su familia de ser miembros de un “equipo único”, formado por “bandidos y la élite turca” y dedicado al robo de petróleo en Siria, a beneficio del Daesh. En este sentido señalaron que el petróleo controlado por el Daesh está siendo comercializado por camiones cisternas u “oleoductos vivos” a través de varias rutas que cruzan Siria y Turquía. Agreguemos a esto el hecho de que los yihadistas que en años recientes han combatido en Siria e Irak son mercenarios que han sido financiados por Turquía, Arabia Saudita y Qatar. En 2015 Erdogan dio órdenes de desplegar una brigada islamista internacional en Ucrania. Por último, señalemos que, a pesar de las tensiones y acusaciones mutuas desatadas entre Erdogan y su antiguo aliado a raíz del intento de golpe militar de 2016, hoy por hoy permanecen sin mayores novedades las bases militares estadounidenses establecidas en territorio de Turquía, ´país que sigue siendo miembro estratégico de la OTAN.  Como vemos, se trata de todo un dechado oportunista de virtudes maquiavélicas en materia de política internacional. Pero, veamos ahora los aspectos resaltantes del camino recorrido por Erdogan en lo que refiere a urbanismo, patrimonio construido y ambiente.

Recept Tayyip Erdogan ha continuado con mucho entusiasmo los faraónicos planes hidroeléctricos que desde la década de los 90 del siglo pasado han venido desarrollando los gobiernos turcos. Aunque presentada con argumentos desarrollistas de propósitos energéticos, industrialistas y de irrigación para vastas extensiones agrícolas, particularmente en el sureste de la región de Anatolia, esta estrategia hidropolítica ha tenido y sigue teniendo propósitos fundamentales de hegemonía nacional y regional, que ponen la ingeniería y la geografía al servicio del sistema turco de dominación, especialmente en lo que respecta a la lucha del pueblo kurdo. En 2008 el mandatario turco anunció un relanzamiento de esta estrategia conjuntamente con la decisión de construir una planta nuclear, 40 repressas hidroeléctricas y un conjunto de granjas de peces susceptibles de contaminar las playas de la costa Egea turca. El anuncio hecho levantó numerosas críticas por parte de grupos locales y ambientalistas, acusados de vagos. por Erdogan. Se sucedieron una serie de movilizaciones ante las cuales el gobierno respondió con numerosos arrestos. Por razones diversas, entre 2008 y 2010 la política nuclear turca conoció varios fracasos y momentos de parálisis. Finalmente, en este último año el gobierno anunció un acuerdo con Rusia en esa materia, el cual se tradujo en la inauguración en abril del 2018 de los trabajos de construcción de cuatro reactores nucleares, el primero de los cuales debería comenzar a funcionar en 2023, en ocasión del centenario de la fundación de la República turca. Es importante señalar que en 2017 Abdolá Bozkurt, un periodista crítico con el gobierno de Erdogan, denunció públicamente las intenciones de la élite cívico-militar turca de construir bombas atómicas.

En la década y media que tiene Erdogan en el poder, su gobierno ha construido carreteras, ferrocarriles, viviendas para sectores populares y hospitales, pero también infraestructuras y edificaciones dignas de Gargantúa, que incluyen elevados puentes, palacios monumentales y un megaproyecto para construir un tercer aeropuerto en la capital, haciendo caso omiso de sus graves impactos ambientales y territoriales. Mención especial merece entre tales proyectos el de la construcción de la gigantesca mezquita Camlica, con vista al mar Bósforo en la colina más alta de Estambul, edificación que fue levantada por Erdogan en un esfuerzo por legitimar su propia agenda política como si la misma hubiera sido ordenada por un poder sobrenatural.   Esta obra monumental, realizada entre 2013 y 2016, que posee seis minaretes y tiene capacidad para albergar a 37.000 fieles, incluye además un inmenso complejo cultural que incluye varios museos, una biblioteca, un centro de convenciones y un gran estacionamiento para 3500 automóviles, ha sido construida con el propósito expreso de hacer perdurar en el tiempo un emblema de la “era política Erdogan” inspirada en el antiguo esplendor de los sultanes.Como parte de una sigilosa pero eficaz política de islamización, el gobierno turco ha construido miles de mezquitas en todo el páis y hasta 80 mezquitas en los campus de las universidades públicas.

Entre los conflictos socioambientales surgidos durante el gobierno de Erdogan resalta el desarrollado en torno a la oposición que suscitó el proyecto de construcción de un centro comercial inspirado en unos antiguos cuarteles de estilo otomano que habían sido demolidos hacía más de 50 años en el parque Taksim Gesi de la capital.  Enmarcado dentro de una serie de medidas para urbanizar el país que venían siendo protestadas por grupos ecologistas, la operación contemplaba el arrase de mas de 600 árboles, muchos de ellos milenarios, siendo este uno de los pocos espacios verdes que le restan a Estambul.  Lo que empezó como una pequeña acampada, desalojada violentamente por la policía, se convirtió pronto en un gran conflicto que alcanzó categoría de desafío político al gobierno turco cuando más de tres millones de personas salieron a protestar en las calles de diversas ciudades. Arquitectos, urbanistas, académicos, estudiantes, militantes anarquistas y de otros grupos de izquierda, grupos feministas, organizaciones de LGBT, entre otros, se sumaron a las denuncias y protestas.  Las movilizaciones continuaron durante varias semanas con un saldo de varios muertos, cientos de heridos y más de 8.000 detenidos. Posteriormente las autoridades tomaron la decisión de paralizar la urbanización del parque Gezi. Mas recientemente el gobierno ordenó la construcción de una mezquita en un área aledaña al parque. El conflicto del parque Gezi dio origen a un importante movimiento que ha hecho frente, a pesar de las amenazas y la represión, a múltiples iniciativas ecocidas en muchas ciudades turcas. Con el mismo espíritu, en febrero de 2016, grupos de ambientalistas acamparon, bloquearon caminos y realizaron marchas para mostrar su desacuerdo con el desarrollo de un proyecto minero en la pequeña provincia de Artvin, logrando detener el proyecto. No obstante, el conflicto se ha reactivado recientemente después que un alto tribunal rechazó la cancelación del proyecto.

Finalmente, haremos referencia al delirante megaproyecto de construcción de un canal marítimo de 50 kilómetros de largo paralelo al mar Bósforo, definido por el propio Erdogan como el “proyecto loco” que aliviará el tráfico de navíos en ese cuerpo de agua que separa Europa y Asia, y divide a Estambul en dos; “Hay un canal de Suez y un canal de Panamá, si Dios quiere, también habrá un canal Estambul” afirmó Erdogan en 2011.  Pese a las advertencias de diversos equipos de científicos y grupos ecologistas, que temen la ocurrencia de sensibles alteraciones químicas en los mares Negro y Mármara, así como la destrucción de los acuíferos y bosques que suministran agua y oxígeno a Estambul, el mandatario turco ha persistido en su intención de construir el canal. Con nuestro proyecto, Estambul se convertirá en una ciudad atravesada por dos mares”, ha sostenido Erdogán. “Se crearán dos penínsulas y una isla” ha dicho, lo que afectará intensamente al ecosistema, enclaustrando a la fauna de un modo artificial. Varios parques naturales, hasta ahora protegidos, se verán impactados negativamente y unas 800.000 personas serán desplazadas. El canal destruiría también valiosos yacimientos arqueológicos, ya que que atraviesa las antiguas murallas construidas por el emperador bizantino Anastasio. A esto se añade el peligro de terremotos dado que una perforación como la prevista podría incrementar los riesgos de movimientos telúricos en una zona ya de por sí altamente sísmica.

Dicho todo esto, y a propósito de las crecientes y proclamadas coincidencias entre los regímenes presididos por Recept Tayyip Erdogan y Nicolás Maduro Moros, sólo nos resta recordar aquello de “Dime con quién andas…”

Doctor en Estudios del Desarrollo (CENDES, 1999). Doctor en Sociología (Université du Québec á Montréal, 1990). MsC. en Planificación Urbana (McGill U, 1986) y Antropólogo (UCV, 1981).  Ha sido profesor-investigador de las áreas socio-ambiental  y teoría social.

Actualmente miembro de la coordinación general del Observatorio de Ecología Política y activista de la Plataforma contra el Arco Minero del Orinoco.