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Venezuela y la geo-ecopolítica del petróleo

Crisis, conflictos y naturaleza

Venezuela y la geo-ecopolítica del petróleo

 

Por: Emiliano Teran Mantovani*

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

 


En torno al petróleo se han generado numerosos conflictos y mucha violencia, en múltiples geografías del planeta. El mainstream de la geopolítica del ‘oro negro’ ha hecho énfasis fundamentalmente en las formas de dominación imperial –primordialmente de los Estados Unidos de América– sobre los gobiernos de países del Sur Global poseedores de este commodity.

Sin embargo, hay en realidad más de una dimensión en los conflictos en torno al petróleo. No se trata solamente de la búsqueda de la apropiación de este estratégico recurso, sino de todo un mundo construido en torno a él, un mundo que hoy está en profunda crisis y que evidencia la emergencia de nuevos escenarios conflictivos.

Venezuela, está claramente atravesada por esta condición. Vistos desde este país, se pueden resaltar al menos cuatro dimensiones de los conflictos del petróleo, las cuáles están profundamente entrelazadas:

  • Las rivalidades geopolíticas y los conflictos derivados de la crisis de la civilización petrolera, la crisis energética global o las “nuevas realidades del petróleo” (Bridge y Le Billon);
  • la del Petro-Estado venezolano y las disputas por su control;
  • la de la renta del petróleo y las disputas por su apropiación;
  • la territorial y los conflictos que se producen por su explotación local, provocada por sus impactos socio-ambientales, económicos y culturales.

Nos encontramos ante un complejo entramado de conflictos en el que se articulan simultáneamente estas cuatro dimensiones. El colapso de la Venezuela petrolera es, en primer lugar, el síntoma más claro en todo el mundo de la crisis de la civilización de los hidrocarburos; en segundo lugar, expresa el derrumbe multidimensional de los factores fundamentales que han sostenido este modelo de sociedad contemporánea; y por tanto, en tercer lugar, atiza los conflictos existentes a la vez que detona otros nuevos, siendo que muchos de ellos no tienen que ver directamente con petróleo –pueden ser por oro, biomasa, tierras, agua, etc.–, y que finalmente son conflictos que la gente vive en la realidad cotidiana de sus territorios –más allá de la simple geopolítica del petróleo EEUU vs Venezuela.

Esta red de conflictos, a su vez, retroalimenta y agrava la crisis, metiéndonos en una espiral histórica muy peligrosa que, en el corto y mediano plazo, amenaza drásticamente las condiciones mínimas de paz y sobrevivencia.

El conflicto venezolano es por tanto, más profundo y complejo. Aunque son determinantes, va más allá de las sanciones del Gobierno de Trump a la economía venezolana; o de las disputas por el control del Poder Ejecutivo entre Maduro y, hoy, la coalición de Guaidó. Proponemos entenderlo así para dar cuenta de la profundidad de esta crisis y sus disputas.

 

Los conflictos ambientales en Venezuela en la geo-ecopolítica del petróleo

Aunque generalmente aparezcan así, toda esta red de conflictos del petróleo no tiene sólo un carácter económico; no tiene sólo que ver con la apropiación de ‘recursos naturales estratégicos’ o de las rentas obtenidas del negocio de los hidrocarburos. En esencia, esta forma contemporánea de petro-capitalismo se sostiene también de un patrón colonial/patriarcal sobre la naturaleza que genera enormes tensiones y contradicciones sobre la reproducción de la vida; que está afectando dramáticamente los ciclos ecológicos vitales (siendo uno de los problemas derivados más sensibles, el del cambio climático); y que está mermando los ecosistemas y los medios de vida de millones de personas, poniendo en juego las posibilidades de sobrevivencia en el planeta.

Así como se han agudizado en el mundo conflictos geo-económicos (muchos de ellos armados) en torno a zonas ricas en reservas de hidrocarburos, del mismo modo se intensifican resistencias sociales en defensa de la naturaleza y los territorios, siendo América Latina un buen ejemplo de ello –desde las resistencias campesinas en Tariquía (Bolivia), indígenas Shuar y Achuar en la Amazonía ecuatoriana, y comunidades y organizaciones kichwa en Loreto (Perú), hasta las campañas contra el fracking en Colombia y en defensa del Parque Yasuní en Ecuador–, sin contar con las movilizaciones globales contra el cambio climático.

En Venezuela hay claramente una disputa internacional por la gestión del extractivismo –el cual se avizora como el más salvaje desde los tiempos de la dictadura gomecista de principios del siglo XX–, pero debe también tomarse en cuenta que, con la debacle de la economía rentista, la disputa social y política por la apropiación de la renta petrolera ha ido perdiendo centralidad y se ha propiciado la multiplicación de las economías informales de extracción, en buena medida dirigidas a la apropiación directa de recursos (oro, diamantes, coltán, madera, especies protegidas, etc), tierras y el control de territorios, lo que intensifica y potencia exponencialmente las disputas e impactos sobre la naturaleza, y por ende, crea nuevos conflictos.

Al mismo tiempo, el colapso de la economía petrolera deja más vulnerable al Petro-Estado venezolano, lo que no sólo facilita las diversas formas de intervención imperial/neo-colonial –principalmente de los Estados Unidos– en su búsqueda por la apropiación de recursos naturales del país, sino también socava los históricos mecanismos de gobernabilidad estatal basados en la distribución selectiva de la renta petrolera, haciendo que en cambio dicha gobernabilidad sea cada vez más violenta.

Así que, se cruzan con gran intensidad los conflictos geopolíticos, los económicos locales con los conflictos ambientales. Por mencionar ejemplos ilustrativos, las sanciones del Gobierno de los Estados Unidos contra el petróleo venezolano contribuyen enormemente al impulso que el Gobierno bolivariano le ha dado a la minería de oro, la cual, ante la ausencia de inversiones privadas y públicas, se está realizando en alianza con la minería informal, que existe en un campo muy gris entre la legalidad y la ilegalidad, y que opera además con mercurio y prácticas ambientalmente devastadoras; la hiper-inflación, que pulveriza el valor del bolívar, impulsa también el crecimiento de la minería ilegal de oro, recurso que se convierte en moneda de cambio en varias partes del país; el colapso de la renta ha afectado las inversiones y mantenimiento al sistema de distribución del agua nacional, generando muy severos problemas de acceso al agua de millones de personas; la crisis hegemónica que se provoca con la muerte de Chávez en 2013, y que estimula dramáticamente la competencia de intereses particulares y la corrupción, ha sido factor para la aparición de minas no metálicas de sectores corruptos del Estado, que afectan ecosistemas y generan micro-despojos; el desarrollo del conflicto colombiano en el período de “acuerdos de paz” y post-acuerdo ha impulsado el crecimiento de la movilización de sectores de las guerrillas de este país a Venezuela, incidiendo estos en las disputas territoriales por los recursos naturales; los efectos del cambio climático van intensificando las afectaciones a las cuencas hidrográficas y por ende, el acceso al agua de numerosas comunidades del país. La lista de ejemplos puede ser verdaderamente extensa.

Nuestro argumento es que hoy más que nunca, no tiene sentido tratar de comprender estos conflictos ambientales localizados sin tomar en cuenta que hacen parte de una red de conflictos de mucha mayor escala. Pero tampoco tiene mucho sentido sólo poner el ojo en las disputas geopolíticas interestatales protagonizada por los Estados Unidos, invisibilizando todas las otras formas de operación neo-colonial, el entramado de sujetos, territorios, contradicciones, resistencias y valoraciones que, hacia abajo, conforman este entramado de conflictos. Ni mucho menos conviene desconocer o menospreciar los efectos derivados de la crisis de este particular petro-capitalismo, que es la matriz del conjunto de conflictos que vivimos en la actualidad. Esta mirada multi-escalar e integrada es lo que entendemos como la geo-ecopolítica del petróleo.

 

¿Hay espacios para la utopía de una democracia ecológica radical?

La intensidad de las disputas y las lógicas de sobrevivencia que están prevaleciendo en Venezuela, van creando un escenario que acota y arrincona las posibilidades de una transformación popular, soberana y ecológica. El escenario está abierto y crea también opciones para la emergencia de nuevas subjetividades y procesos. Pero conviene no sobreponer innegociablemente una mirada romántica y conectarse más con los motivos, pulsiones y razones de estas luchas que, desde abajo, defienden, a su manera, su autodeterminación, sus medios de vida y sus propias perspectivas de la naturaleza.

Los desafíos son enormes, más si tomamos en cuenta la estrecha relación que existe entre petróleo y violencia. No nos bastará señalar y denunciar al imperialismo, que planea ávido, desde los aires, sobre nuestras vidas, si no advertimos lo que también se incuba ahí, en nuestros territorios. Lo que se ramifica, lo que se articula, a nuestro costado, adoptando la forma más próxima del neo-colonialismo, que es global, nacional y local a la vez. Es una tarea fundamental para defender la Vida.

 

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela, investigador asociado del CENDES (UCV) y hace parte del Grupo de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo.

 

Imagen de portada: Lacomunidadpetrolera.com

Organización multipropósito que orientada a la visibilización y estudio de las desigualdades e impactos socio-ecológicos que se generan a raíz de la transformación e intervención de la naturaleza, y al apoyo y acompañamiento de luchas socio-ambientales en el país