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Venezuela: del Ecosocialismo utópico a la verdadera revolución solar

Venezuela: del Ecosocialismo utópico a la verdadera revolución solar

Por: Alejandro López-González

Para Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Imagen de portada: Reuters


En primer lugar, es necesario partir de la realidad concreta, de la dura y triste verdad. No hay ni habido una compresión de la verdadera necesidad económica, social y política de la transformación del modelo energético venezolano, ni el cuarta ni en la quinta república. Sin intención de aludir, menospreciar ni ofender, creo que el llamado ecosocialismo, en Venezuela, tiene mucho de construcción filosófica abstracta y poco o nada de propuesta científica para la transformación. Para construir una teoría útil para la transformación, lo primera será siempre dar un paso, dar valientemente un paso concreto en la dirección correcta, aunque ese primer paso sea visto como ingenuo, errado o precipitado en el tribunal infinito de la historia (si es que llegamos a tener historia en un futuro no muy lejano). Esta eterna duda, este debate oscilante, esta secta de adoración a lo silvestre que se opone a todo y no propone nada, debe cesar. La propuesta que hemos puesto sobre la mesa desde hace varios años, llamada “Territorios Energeticamente Sustentables” tiene mucho de técnico, concreto y factible y de ninguna manera es una utópica construcción ecosocialista abstracta; el ecosocialismo sino es práctico no es nada y, contrariamente a lo que desde la reacción mercantilista liberal se pueda decir, es una propuesta de transformación muy práctica y tangible. Por otra parte, tengo muy claro que con complejos de reacción doctrinaria heredada del ecosocialismo prístino, no hay forma de construir absolutamente nada.

En Venezuela, todo ha girado en torno a la energía; desde el descubrimiento e inicios de la explotación petrolera, política, economía y organización social han girado en torno a la energía y es a través de la energía como esta estructura se puede cambiar. El proyecto socialista venezolano carece de resultados trascendentes en lo económico y tecnológico (si, carece absolutamente de resultados en este sentido) porque nunca se han establecido metas claras, en este sentido. Pero pueden haber metas claras y concretas que, además de servir de escudo ideológico a una burocracia cínica, sirvan a una transformación real de la cotidianidad política, económica y social del país, esto es a través de una verdadera revolución solar ecosocialista. Pero ¿en que consiste esto? ¿otra idea más para llenar fracasados planes de la patria? ¿otra idea para justificar nidos de corrupción en “misiones” salvadoras? No, para nada. La construcción de una Venezuela estructurada sobre su base energética renovable (solar, hídrica y eólica, principalmente) es algo perfectamente alcanzable en un mediano plazo, pero lo primero es dejar de ver a las renovables como un tributo formal que un gobierno que quiere llamarse revolucionario debe pagar para satisfacer a las minorías de “izquierda ecosocialista”, por ahí no llegaremos a nada y fracasaremos en todo. La revolución solar es útil, y lo será, para crear empleos de calidad y en gran cantidad, para resucitar el sector tecnológico y académico nacional y para animar a las bases populares en un verdadero proyecto de transformación nacional.

En el sentido concreto de la transformación, debe decirse que para empezar una revolución solar en Venezuela no necesitas hacer nuevas fábricas en el país, ni tampoco hacer nuevas “misiones” ni leyes, basta con empezar, empezar de verdad a complementar el sistema eléctrico actual (el que tenemos hoy por el suelo) con energías renovables en sus centros de carga más importantes. Los recursos eólicos del país son mas intensivos justamente en las zonas más pobladas del país (norte-costero) y el recurso solar está distribuido uniformemente en toda nuestra geografía. Por otro lado, el importantísimo e imprescindible recurso hídrico ya está siendo aprovechado de manera eficiente y sostenible en el sur del país, lo que resta en este sentido es emprender un programa de extensión de micro centrales hidroeléctricas en los andes y otras regiones puntualmente potenciales. La revolución solar hacia la construcción de territorios energéticamente sustentables puede empezar ya, puede empezar cuando realmente se quiera comenzar.

¿Cómo empezar? Lo primero que tenemos que hacer es comenzar complementando todos los sistemas de generación distribuida basados en gasoil, que en muy mala hora se distribuyeron por todo el territorio nacional de forma desordenada e indiscriminada en el marco de la misión “revolución energética”, con generadores fotovoltaicos adecuadamente adaptados. No necesitamos una fábrica nueva, con guisos nuevos; tenemos la ensambladora de paneles solares de PDVSA en Paraguaná que para iniciar con nuestra revolución energética tiene una capacidad suficiente, que hay que recuperar. Paralelamente, recuperar los proyectos con energía eólica en el norte costero del país, especialmente en Zulia y Falcón. Al mismo tiempo, recuperar los proyectos de extensión de microcentrales hidroeléctricas en los andes. Aclaro que todo esto debe realizarse mientras se recupera nuestro parque termoeléctrico del cual NO PODRÉMOS PRESCINDIR por muchos años. Las revoluciones se construyen, cuando son efectivas, aprovechando lo existente y no desmantelándolo todo sin haber dado ningún paso constructivo hacia lo que se desea plantear como sustituto. La transformación debe ser armónica con lo existente, no tenemos dinero para hacerlo de otra manera.

Los proyectos eólicos y solares generan nuevos empleos de calidad. Las energías renovables han demostrado ser un importante motor económico puesto que generan mayor cantidad de empleos que cualquier otra tecnología y además contribuyen a economías de escala que, al mismo tiempo, necesitan del trabajo conjunto con el sector académico. Creo que esto lo único que requiere, desde un punto de vista institucional, es el retorno preliminar al sistema eléctrico de empresas regionales (publicas) que existía anteriormente, todas reguladas por un ente central pero manejadas localmente por representaciones de las gobernaciones y alcaidas, así como consejos comunales y cooperativas, según sea la escala de los proyectos, en cada caso.

Los pasos son muy concretos y viables, no aburriré al lector enumerándolos todos, pero son pasos muy concretos y factibles. Un programa de transformación energética nacional contaría con financiamiento externo de países aliados sin ninguna duda, siempre que se cambien el modelo burocrático y corrupto establecido desde 2010 con la creación de Corpoelec y el Ministerio de Energía Eléctrica, eso debe desaparecer y con esas estructuras los nidos de saqueo de fondos públicos que germinaron infectando todo el sistema eléctrico venezolano desde hace más de 15 años. Además, es necesario, imprescindible recuperar al menos 100 ingenieros y técnicos venezolanos emigrados, sin gente calificada no se logrará NADA. No habrá NINGÚN PLAN que funcione si se intenta aplicar con los fardos que nos pesan el camino, que nos amarran con grilletes las piernas para avanzar, con esta gente no vamos a llegar a nada. La revolución solar hacia la construcción de territorios energéticamente sustentables inicia con un pequeño paso, antes descrito, pero necesita de un cambio en la estructura institucional infecciosa que predomina en las instituciones gubernamentales ligadas al sector eléctrico publico nacional, en la actualidad que sigue destruyendo aceleradamente nuestro sistema y que mantiene a la mayor parte de los venezolanos padeciendo una pobreza energética bestial.

Doctor en Sostenibilidad por la Universitat Politécnica de Catalunya, UPC (Barcelona, España), con postgrados en Generación Eléctrica a partir de fuentes renovables de energía (Pamplona, España) y en Ingeniería Energética (Madrid, España). Ha trabajado por más de 12 años en la industria energética venezolana (PDVSA y Ministerio de Energía Eléctrica). Actualmente es Investigador en el Instituto de Organización y Control de la UPC (Barcelona, Catalunya) y profesor invitado en el Centro Socioeconómico del Petróleo y Energías Alternativas de La Universidad del Zulia (Maracaibo, Venezuela). Milita en el Frente de Resistencia Ecologista del Zulia (FREZ).