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El legado ambiental del Foro de Sao Paulo6 min read

Francisco Javier Velasco

El pasado domingo 28 de julio de 2019 culminó en Caracas el XXV Foro de Sao Paulo, evento en el cual convergieron con bombos y platillos personalidades, partidos y organizaciones de los restos de la izquierda autoritaria, patriarcal, colonial y extractivista, con el propósito de dar un espaldarazo antediluviano al gobierno corrupto y tiránico de Nicolás Maduro Moros.

Durante cuatro días, una cofradía encerrada en sí misma de personajes de medio pelo de la izquierda continental, con invitados de la bien pensante izquierda mundial incapaz de deslastrarse del fardo stalinista,  sin ningún oficio ético concreto para con las grandes mayorías que dice representar, se hospedó en hoteles cinco estrellas, fue transportada en caravanas custodiadas por blindados y amenazantes fuerzas de seguridad, disfrutó de opíparos banquetes y asistió a esporádicos y minuciosamente calculados encuentros breves  con el “pueblo revolucionario”.

Glosando a referentes político-ideológicos anquilosados, este cónclave de voceros de una opción en franco retroceso político justificó obsecuentemente la destrucción de Venezuela emprendida por sus pares locales, condenando la legítima protesta social y culpando al imperialismo yanky de todo el mal que nos aqueja.

Curiosamente, el día de la ceremonia inaugural de este foro, se dio a conocer (inicialmente de manera muy tímida y restringida en los medios y redes sociales), la noticia de que una zona de playa del litoral carabobeño se hallaba cubierta por un derrame petrolero; pocos días después se supo que eran más de 50 kilómetros de costas afectados por la marea negra, la cual incluso llegó hasta zonas de playas en el estado Falcón.

Palma Sola. Imagen de Leomara Cardenas @leomaracardenas

Tomando a Karl Gustave Jung como referencia, bien podríamos hablar de una coincidencia significativa en la medida en que este hecho involucra al petróleo, la mercancía principal que se comercia en el mundo, verdadera sangre del orden civilizatorio global, que es el recurso básico sobre el que se asienta la estructura societal de la Venezuela contemporánea, sacudida hasta sus cimientos por una crisis inédita y prolongada.

La marea negra que ya afecta seriamente al medio físico, biológico y social de la zona, comprometiendo la estabilidad de la   cadena alimentaria, la flora y la fauna marina y terrestre, los atractivos del paisaje y la fuente de sustento para muchas familias, resulta harto simbólica de lo que ha significado el Foro de Sao Paulo y, en particular, el régimen del “Socialismo del Siglo XXI” para Venezuela y  otros pueblos de América Latina. Tan sólo faltó una visita a la playa siniestrada del atrabiliario demagogo populista Rafael Lacava, Gobernador del estado Carabobo, con amplia cobertura mediática, para dar la despedida, esbozando una sonrisa sardónica de Guasón (vale decir de él mismo,) a los delegados y delegadas que asistieron a esta suerte de descarado y dispendioso sarao politiquero.

El foro de Sao Paulo, suerte de Parque Jurásico del “progresismo”, ha encubierto con un discurso falsamente emancipador un proceso y una circunstancia estratégica para el régimen de acumulación global, siendo funcional a un feroz y creciente despojo de los bienes comunes, de las condiciones de autodeterminación y reproducción de la vida de numerosos pueblos y de su entorno natural. Este espacio de connivencia entre factores de la vieja izquierda comulga sin ambages con el esquema mercantilista y colonial de “modernidad” que hace abstracción del hecho de que la naturaleza es el fundamento del sustento de millones de seres humanos y un marco que otorga sentido a la existencia individual y social.

En su visión de mundo nuestra región no es más que un importante proveedor de petróleo, gas, carbón, oro, plata, hierro, bauxita, níquel, cobre, estaño, litio, coltán, agua, madera, tierras para cultivos bionergéticos, pesquería, biodiversidad y mano de obra barata. Es una perspectiva que entronca con el empeño en impulsar una producción material que marca profundamente el territorio con un proceso vasto e intenso de dominio y destrucción de naturaleza, generando condiciones para el pago de una deuda externa que aumenta continuamente y que se convierte en una verdadera deuda ecológica.

El legado ambiental del Foro de Sao Paulo y en particular del régimen que actualmente controla el Estado en nuestro país, cabalga de manera radical e inequívoca en un patrón tecno-científico, una configuración social y un imaginario de ruptura violenta de relaciones de equilibrio con la Naturaleza, de perturbación profunda de los procesos vitales ecosistémicos.

En este sentido deja tras su elipse histórica un panorama de desolación, militarización creciente, violación de  derechos humanos, renovadas desigualdades y descomposición social, que en el plano ecológico se expresa en sobreexplotación de suelos, erosión, reducción acelerada de biodiversidad, secamiento de acuíferos, millones de hectáreas boscosas destruidas, inmensos socavones que alteran radicalmente el paisaje, grandes concentraciones de desechos y sustancias tóxicas, contaminaciones múltiples que envenenan el aire, el agua y la tierra a lo largo y ancho del territorio, así como  crecientes perturbaciones climáticas.

Hoy en día el Foro de Sao Paulo no es más que el cementerio político de una élite que trató de administrar el extractivismo con el guante de seda “social” que pronto mostró sus costuras con la cooptación de liderazgos, la domesticación de movimientos, la corrupción desenfrenada y el ascenso de una agresiva nueva capa de gestores y empresarios.

El reciente encuentro realizado en Caracas mostró en toda su crudeza una franquicia política que quedó para el basurero de la Historia con su silencio cómplice ante la represión y la entrega al capital global, la denuncia de conspiraciones a gran escala, el pregón que llama a promover batallas estratégicas para defender “los espacios que la izquierda debe preservar” y su altanero menosprecio por la trama ecológica de la vida.

La verdadera resistencia no pasa por la trasnochada nostalgia de un paraíso populista perdido y la voluntad de corregir el extravío de un rumbo otrora prometedor. Es necesaria una amplia iniciativa civil de carácter político-cultural que apunte a la reconfiguración estratégica del campo de lucha contra-hegemónica, permitiendo llevar adelante la articulación de múltiples alternativas emancipadoras antagonistas del poder estatal y corporativo, que cuestionen el dominio de la naturaleza y promuevan diversas formas de estar en el mundo más equilibradas y en coevolución con la constelación de seres y entidades que pueblan y constituyen nuestros territorios.

Doctor en Estudios del Desarrollo (CENDES, 1999). Doctor en Sociología (Université du Québec á Montréal, 1990). MsC. en Planificación Urbana (McGill U, 1986) y Antropólogo (UCV, 1981).  Ha sido profesor-investigador de las áreas socio-ambiental  y teoría social.

Actualmente miembro de la coordinación general del Observatorio de Ecología Política y activista de la Plataforma contra el Arco Minero del Orinoco.