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Apuntes sobre el reporte “Cambio Climático y la Tierra” del IPCC (Agosto 2019)

Apuntes sobre el reporte “Cambio Climático y la Tierra” del IPCC (Agosto 2019)

Autor: Juan M. Planas

Observatorio de Ecología Política de Venezuela


La semana pasada, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (o IPCC — Intergovernmental Panel on Climate Change, como se le conoce en Inglés) publicó un alarmante reporte acerca de los efectos del cambio climático en los suelos del planeta tierra, titulado “Climate Change and Land: An IPCC Special Report on climate change, desertification, land degradation, sustainable land management, food security, and greenhouse gas fluxes in terrestrial ecosystems”. Si bien comúnmente se mencionan las devastadoras consecuencias del cambio climático en materia de contaminación aérea (polución), contaminación de las aguas y destrucción los ecosistemas, poco se habla acerca de sus efectos a mediano y largo plazo en el suelo.

Entre los muy útiles datos que aporta el documento, el informe asegura que los humanos utilizamos entre un cuarto a un tercio de la capacidad productiva de «la tierra» para la producción de comida, fibras, madera y energía (IPCC, 2019, pp. 2). La tierra además sostiene ecosistemas necesarios para la supervivencia de la vida planetaria, que de ninguna manera se reduce a la vida útil para la reproducción de la vida humana. La tierra juega un papel intermediario y regulatorio entre los procesos esenciales del planeta, como el del agua, el ciclo vital de la biodiversidad, la generación de energía, entre otros. En un ámbito ampliado, la tierra provee una gran variedad de funciones ecológicas altamente valiosas para la humanidad, incluso más allá del ámbito económico y productivo; culturalmente, la tierra ha sido objeto de mitos de la creación desde distintas civilizaciones (piénsese en las concepciones ancestrales de la Pachamama inca; la Gaia griega o la Jörð nórdica), fabricaciones y una fuente de inspiración para productos culturales de todo tipo. En este sentido, la tierra es un bien común que provee una cantidad invaluable de servicios para la humanidad, para los ecosistemas naturales y para sí misma.

Por otra parte, el informe revela un dato aterrador: la IPCC estima que la erosión de los suelos ubicados en los campos utilizados para la agricultura es de diez a veinte veces (sin labranza convencional), hasta cien veces más alta que la formación del suelo (con labranza convencional) (IPCC, 2019, pp. 5). En otras palabras, la humanidad sostiene un ritmo de producción y consumo insostenible, inviable e insoportable para el planeta tierra. Y a esto se le suma el cambio climático como una causa-efecto que tiene devastadoras consecuencias sobre múltiples procesos planetarios, regionales y locales que derivan en la extinción de especies animales y vegetales, la deforestación, la contaminación del aire, el envenenamiento de mares y océanos y la proliferación de desechos tóxicos en estos ambientes (Mosonyi y Velasco). El cambio climático además devasta la tierra a través de procesos de degradación como “(…) la intensidad de las lluvias, las inundaciones, las frecuencias de las sequías, el estrés por calor, los períodos de sequía, el aire, el incremento de los niveles del mar y el oleaje, el descongelamiento de las regiones heladas” (IPCC, 2019, pp. 6), los cuales afectan la reproducción de los ciclos biogeoquímicos de la tierra: entre ellos, del nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, calcio, sodio, azufre, fósforo, potasio, carbono en la atmósfera, biósfera e hidrósfera.

La sumatoria de estos fenómenos tiene un efecto particularmente notable en la seguridad alimenticia planetaria. Debido al calentamiento global, las transformaciones en los patrones aluviales y la frecuencia de eventos extremos inesperados como tornados, oleadas de calor, oleadas de frío y cambios repentinos en la circulación de los gases (…) se incrementan considerablemente las probabilidades de pérdidas de cultivos (IPCC, 2019. pp. 7). Un efecto secundario en la seguridad alimentaria del planeta es el cambio consecuente de la dieta en las poblaciones que habitan los territorios en donde el cambio climático ha tenido un mayor efecto sobre la agricultura. Territorios en altitudes donde era posible llevar a cabo el ciclo de producción de determinados cultivos ahora serán menos adecuados para estos. La IPCC prevé además que la estabilidad en el suministro de alimentos va a disminuir debido a la magnitud y frecuencia de los eventos extremos (IPCC, 2019. pp. 16). A su vez, el incremento de los niveles de CO2 en el ambiente tendrá un efecto negativo sobre la calidad nutricional de los cultivos. Y por último se proyecta que la desertificación generará eventualmente una reducción de la cantidad cultivos y de la productividad del ganado que se críe en estas condiciones.

Una de las conclusiones más interesantes del informe es que afirma que el nivel de riesgo que presenta el cambio climático depende tanto en el nivel del calentamiento global, como de la evolución de la población, del consumo, de la producción, del desarrollo tecnológico y de los patrones de administración de la tierra (IPCC, 2019. pp. 17). Todas estas variables de carácter social, político, económico, histórico y cultural son, indudablemente, variables que pueden ser manipuladas regulando los patrones de producción y consumo de bienes. Más allá de la utopía, existen medidas señaladas por el documento, tales como una administración sustentable de la tierra y un manejo adecuado de los bosques, que pueden mitigar e incluso revertir los efectos del cambio climático sobre los suelos. En cuanto a esto, el informe hace énfasis en un enfoque orientado a la adaptación y en los co-beneficios ecológicos y socioeconómicos de tomar medidas urgentes tanto en un plano individual como en la agricultura intensiva y a gran escala.

Sólo queda destacar de este informe una última recomendación: las medidas, los programas y las políticas que pueden ser implementadas a nivel local, regional y nacional deben estar diseñadas y acompañadas por los grupos más vulnerables, como los pueblos indígenas, las mujeres, los pobres y marginalizados, quienes tienden a ser los principales afectados por el cambio climático (IPCC, 2019. pp. 34). En este sentido, el documento resalta la importancia de los conocimientos de los pueblos indígenas y otros grupos en la gestión ecológica y sustentable de la tierra.

En conclusión, el informe “Climate Change and Land” representa un aporte valioso a pesar de sus propias limitaciones. Quedará para otra oportunidad preguntarnos acerca del alcance real de las medidas preventivas, de los programas y las políticas que puedan surgir a partir de documentos, congresos y resoluciones en el marco de un modelo civilizatorio que, como bien sabemos, se hace cada vez más insostenible, inviable e insoportable. Para la tierra y para la vida que apenas cohabita en ella.


Referencias:

Climate Change and Land: An IPCC Special Report on climate change, desertification, land degradation, sustainable land management, food security, and greenhouse gas fluxes in terrestrial ecosystems. Agosto de 2019.

Crisis ecológica, geopolítica y ecopolítica planetaria. Esteban Emilio Mosonyi y Francisco J. Velasco.

Summa Cum Laude en Sociología, UCV (2018). Preparador del Departamento de Estudios Económicos, Políticos y de la Planificación (2014) y del Departamento de Teoría Social (2015-2018). Miembro y asistente de investigación en el Observatorio de Ecología Política de Venezuela.