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Cacería y contaminación amenazan toninas del Lago de Maracaibo8 min read

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Prensa OEP

En el marco de nuestras #AlertasOEP redifundimos la entrevista realizada por Mongabay Latam a la bióloga Yurasi Briceño sobre la situación actual de las poblaciones de delfines costeros, también conocidos como toninas del lago de, una especie amenazada por el incremento de la captura incidental y la cacería ilegal, así como los constantes derrames de petróleo en la región.

 

Prensa Mongabay Latam

Imágenes Yurasi Briceño

Desde el 2016 Yurasi Briceño, bióloga e investigadora de Ecología del IVIC, trabaja en el Proyecto Sotalia para mitigar los impactos sobre animales como el delfín y el manatí. El proyecto busca investigar y conservar mamíferos acuáticos y tiene especial énfasis en Lago de Maracaibo, para contribuir a la salubridad y equilibrio de ese ecosistema.

A inicios de 2020, Briceño reportó un evento donde cazaron, en el mismo día, 17 delfines en el lago de Maracaibo y asegura que esta práctica viene en aumento desde hace dos años. La bióloga trabaja en las partes norte y sur del lago, y estima que cada año mueren, en promedio, unos 150 delfines por cuenta de la pesca incidental y la cacería clandestina. El número podría ser mayor si se tuvieran datos de toda la zona. “Esto no solo pone en riesgo las poblaciones de esta especie sino el equilibrio del ecosistema e, incluso, la calidad de la pesca que puede hacerse”, dice.

Mongabay Latam (M.L.): ¿Cuál es el objetivo de sus investigaciones?

Yurasi Briceño (Y.B.): En general trabajo en ecología. Analizar las tendencias poblacionales, cuáles son las amenazas, las intervenciones antrópicas y cómo disminuir esas intervenciones y afectaciones. También trabajo en toxicología para analizar los elementos que contaminan a los delfines y otros depredadores acuáticos, y cómo esto está afectando a sus poblaciones.

M.L.: ¿Tiene resultados importantes de esos estudios toxicológicos?

Y.B.: Lo más reciente fue en Maracaibo. Tomamos muestras de delfines y de 15 especies de peces, que hacen parte de la dieta de estos animales y otras de interés comercial para los humanos. Allí analizamos la presencia de metales como mercurio y cadmio. Por el momento tenemos los resultados de mercurio y arrojaron que tanto las especies de peces como de delfines tienen mercurio en su organismo, algunas en niveles no aptos para el consumo humano, lo cual es preocupante.

M.L.: ¿Cuáles son las principales amenazas que enfrentan los delfines en Venezuela?

Y.B.: Hay dos grupos que considero que son los más amenazados. En el primero están las especies que tenemos en el río Orinoco, atacadas por la minería, especialmente por el proyecto Arco Minero, que ha movilizado más metales y contaminantes a los ríos. Esas poblaciones ya estaban presionadas por captura incidental y tenían problemas con aguas de uso doméstico que no se tratan.

El segundo grupo es el de los delfines costeros (Sotalia guianensis). Estoy haciendo mi trabajo de doctorado con esta especie, especialmente con las poblaciones que están en el lago de Maracaibo. En esta zona hay una contaminación muy fuerte por parte de las descargas de petróleo, que son diarias, son derrames constantes durante el año. Sumado a esto está la cacería, algo que no es común en el resto de la costa de Venezuela, de hecho en ninguna parte tenemos datos de cacería, solamente en el lago.

M.L.: ¿A qué se deben estos eventos de cacería?

Y.B.: A raíz de la deficiencia del salario y de la piratería que hay en el lago, los pescadores se han visto obligados a dejar de pescar. Muchos no pueden hacer las jornadas diarias y separarse de la costa porque los atracan, les roban el motor. Últimamente se quedan en los bordes costeros para pescar y a veces no obtienen las cantidades que necesitan, entonces se vuelcan hacia los delfines porque representan más carne por menor esfuerzo.

Donde más hemos tenido problemas es con las comunidades ubicadas al norte del lago, allí viven grandes poblaciones de delfines y es una proteína más sencilla de capturar. Históricamente, cuando los delfines caían en las redes por accidente, los pescadores no los descartaban y había algún aprovechamiento pero, recientemente, la intencionalidad es salir y atrapar lo primero que caiga.

M.L. ¿Dónde se vende la carne del delfín?

Y.B.: No la venden, es algo local, lo reparten dentro de la misma comunidad. El problema es que no podemos hablar de pesca sustentable porque no tenemos idea de cuántos delfines tenemos ni cuánta es la incidencia de esta cacería, entonces no podemos avalar esta práctica. Además, la carne está contaminada con mercurio, así que sería irresponsable recomendar su consumo. No tenemos datos concisos de cuánto está impactando esa cacería.

M.L.: ¿Hace cuánto empezaron a notarlo?

Y.B.: Lo de la cacería es extremadamente reciente: los últimos dos años. Lo del consumo es algo que sabemos hace décadas.

M.L.: ¿Cuál es la situación actual del delfín costero en el lago de Maracaibo?

Y.B.: Su nombre es Sotalia guianensis, se conoce a nivel mundial como el delfín de Guyana o delfín costero, pero localmente se conoce como tonina del lago. Esa población se distribuye desde Nicaragua hasta el norte de Brasil y en algunas partes de agua dulce como el lago de Maracaibo y el río Orinoco. Algunas poblaciones, como la del lago y parte de Colombia, tienen características exclusivas en la especie lo que las hace sumamente vulnerables. A nivel científico se consideran una unidad de manejo, es decir, un grupo que amerita mayor atención porque tiene características genéticas únicas. Si la acabas no sabes qué pueda pasar.

M.L.: ¿Cómo se afectaría la zona si se sigue capturando esta especie y es llevada a la extinción?

Y.B.: Ellos [delfines costeros] son los únicos delfines que están permanentemente en el lago, es el único depredador tope de esa magnitud. Probablemente, la disminución de esta especie en la zona será muy drástica y ocasionará cambios en la cadena ecológica. Todos los peces de los que se alimenta el delfín también pueden terminar desapareciendo o afectándose. En general, la pesca podría sucumbir de una manera que no podemos prever porque no tenemos un ejemplo mundial de esta situación.

Estos delfines son controladores de las poblaciones de peces de las que se alimentan, si ellos no las controlan no hay quién lo haga. No sabemos los daños ecológicos que se puedan ocasionar pero, con seguridad, habrá un cambio en la estructura del ecosistema y ese daño debe ser negativo para los pescadores.

M.L.: ¿Por qué se verían afectados los pescadores?

Y.B.: Quitas al depredador y ese depredador estaba controlando a todos los que están por debajo de él. El otro efecto es que los depredadores se alimentan de los peces más débiles y más enfermos porque son más lentos. Los delfines garantizan que lo que estás pescando sea el pez más óptimo porque él ya te hizo el trabajo y te dejó los peces más fuertes y gordos. Es un beneficio mutuo. El sistema inmunológico de un delfín es tan bueno que son capaces de consumir estos animales enfermos, no los afecta a ellos pero sí ayudan a mantener saludable tu entorno. Tú pescas algo de calidad si tienes depredadores apicales [aquellos que no tienen un depredador por encima de ellos, como el delfín en el caso del lago de Maracaibo].

M.L. ¿Cuántos delfines costeros han muerto en los últimos dos años?

Y.B.: El último estimado es de al menos 130 delfines al año en las capturas incidentales. El tema es complejo, en julio de 2019 un pescador se emborrachó, dejó la red abandonada una noche y ahí habían caído 34 delfines que murieron por el olvido del hombre. Sin embargo, en el país no hay cómo penalizar eso. En cuanto a cacería, estimamos unos 25 animales cazados por año, para los sitios donde hacemos investigación. Hace no mucho se presentó un suceso donde cazaron 17 delfines en un solo día. Si sumas cacería más captura incidental estamos hablando de cerca de 150 animales al año, es demasiado para una especie en una zona tan restringida como el lago de Maracaibo.

M.L.: ¿Cuáles son sus prioridades ahora?

Y.B.: Tratar de conseguir ayuda para mejorar la investigación de los metales pesados, porque es una herramienta que nos sirve para llamar la atención a nivel gubernamental y también para decirles a las comunidades: ‘mira, lo que te estás comiendo está contaminado’ y persuadirlos para que dejen de cazarlos. Además, los datos de mercurio que tenemos son de delfines y peces en el sur del lago, queremos hacer la misma exploración en el norte.

Lo segundo es realizar jornadas de educación ambiental porque la población desconoce cosas tan simples como que la tonina es un delfín, no saben que es un depredador ni cuál es su importancia en el ecosistema. Hay que desmitificar y educarlos muchísimo, porque este problema también lo tenemos con el manatí que está en el lago y que está críticamente amenazado: lo consumen y tampoco lo conocen.

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