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Crónicas Extractivas al Sur del Orinoco3 min read

Vladimir Aguilar Castro

Universidad de Los Andes. Grupo de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (GTAI)

Del Tendido Eléctrico al Arco Minero del Orinoco (AMO)

Imagen de portada Ocmal

Corrían los días del año 1998. Eran tiempos de la llamada Cuarta República. El Presidente Caldera firmaría un convenio de suministro eléctrico al norte de Brasil menoscabando los derechos de los pueblos indígenas y de un ambiente sano. Casi veinte años después, en plena revolución extractiva bolivariana, se repite la misma afrenta cultural y ambiental del Estado venezolano al sur del Orinoco.

La apuesta del gobierno: superar el extractivismo con más extractivismo

Hace unos días emprendimos una nueva aventura al sur del Orinoco. Nuestra última estancia en la zona fue en el año 2016, en el contexto del Diplomado sobre Derechos y Políticas Publicas Indígenas que el GTAI dictara en El Paují, en el marco de la creación de la Red de Defensores de Derechos Indígenas del Estado Bolívar, tal como habíamos hecho en el Zulia (Sierra de Perijá) entre los años 2014-2015, y en Amazonas en los años 2015-2016, con el apoyo de la Unión Europea.

Para ese entonces urgíamos a la cooperación internacional de empoderar a las comunidades y organizaciones indígenas para que pudieran enfrentarse a lo que venía. La mayor expoliación al sur del Orinoco con el proyecto AMO, anunciaba en el tiempo lo que hoy vemos una vez que se deja Puerto Ordaz: el extractivismo petrolero intentando ser superado con extractivismo minero.

Las Claritas: el pueblo minero modelo emblemático del extractivismo

Las Claritas es el modelo a seguir. Al imponerse el AMO se instaura un modelo propio de extractivismo. Poco importa si es petrolero o minero. El principio es el mismo. En cuatro años (tiempo del proyecto AMO) todo cambió excepto Las Claritas. Upata, Guasipati, El Callao, Tumeremo y El Dorado se igualan (hacia abajo) con Las Claritas.

Son las consecuencias de una explotación minera desordenada y sin planificación en tierra de nadie. Al igual que el extractivismo petrolero en el que las poblaciones circundantes son las más pobres, el extractivismo minero repite el mismo guion explotador: prostitución, alcoholismo y droga.

La ruta de las pimpinas

La otrora ruta de la Gran Sabana se ha convertido en la flamante ruta de las pimpinas. El contrabando de combustible dejó de ser la excepción ahora convertida en regla. Basta salir de Puerto Ordaz para que el litro de gasolina varíe, de un dólar a tres gramas de oro por setenta litros del mismo combustible en El Dorado.

La irreversible destrucción extractiva

Todo indica que el extractivismo minero que se propuso como alternativa al rentismo petrolero será más corto y devastador. Si la historia extractiva petrolera venezolana tiene cien años el extractivismo minero tiene sus días contados. No habrá territorio indígena ni hábitat natural que aguante una próxima embestida extractiva, en este caso, minera.

La única certeza

La única certeza al abandonar Puerto Ordaz hacia el sur del Orinoco es que la soberanía se perdió entre gramas de oro y dinámica económica perversamente dolarizada.

Los Welser volvieron con nuevos rostros nacionales y tranasnacionales. Venezuela, luego de cien años de extractivismo petrolero terminó hundida en el excremento del diablo.

Ahora el reto es enorme. Se trata de trascender el modelo basado en la energía fósil por un modelo que nos reinvente en nuestra condición de venezolanos y, sobre todo, de ciudadanos.

Una apuesta que desfosilice nuestros sueños y nuestras utopías…

 

En ruta a San Miguel de Betania

1 de marzo del 2020

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