ArtículosConflictos

Coronavirus: conexiones ocultas, narrativas entretejidas10 min read

Por Elsa Gabriela Rodríguez Pérez

Imagen de Portada Mapa de casos de Coronavirus al 24 de marzo de 2020  realizado por the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University (JHU).

El SARS-CoV-2, es un tipo de Coronavirus que se ha esparcido a nivel mundial, produciendo la enfermedad infecciosa denominada COVID-19. Sin embargo, es mayoritariamente llamado “El Coronavirus”; la primera gran epidemia del siglo 21. Todas las personas hablan del Coronavirus, jefes de estados, organismos multilaterales, medios de comunicación, redes sociales,  celebridades de Hollywood, deportistas con fama, nosotros mismos …en fin, toda la comunidad internacional está en vilo por la expansión acelerada de este virus, que nos hace temer del pomo de una puerta o de un abrazo.

La pandemia que ha causado el virus nos da una lección sobre el alcance y consecuencias que puede tener una entidad no humana en la sociedad global. Normalmente, consideramos que sólo los seres humanos tenemos capacidad de actuar, de incidir en otros. Pero, qué pasa cuando algo tan minúsculo -incluso invisible a nuestros ojos-  trastoca la economía mundial y logra que millones de personas alrededor del mundo se replanteen (aunque sea temporalmente, hasta que pase la pandemia) sus interacciones sociales.

¿Se puede entonces considerar que el Coronavirus tiene capacidad de agencia, de incidir en otras personas? ¿Se lo puede considerar un actor social?. Aunque pueda sonar descabellado (o incluso inconcebible desde la sociología tradicional), existe un enfoque epistemológico contemporáneo, denominado Teoría del Actor-Red, que plantea explícitamente el reconocimiento de la capacidad de agencia de entidades no humanas; como es el caso, por ejemplo, del Coronavirus.

Bruno Latour (principal exponente  de esta teoría) señala que todo aquello que incida en otro o suscite acciones, puede ser considerado un actor/ actante, sea este humano o no. De hecho, Latour (2008) explícitamente utiliza el término “actante” para incluir a los no humanos. El SARS-CoV-2 fue clara y públicamente reconocido como un actante, cuando la Organización Mundial de la Salud  (OMS) lo declaro “enemigo de la humanidad”. Es decir, el patógeno es considerado una amenaza, ya que actúa sobre los humanos: los enferma, causa muertes. Pero además, su capacidad de agencia se expresa en el hecho, también evidente, que este virus suscita acciones en los humanos (lo que hacemos para enfrentarlo). Una lista incompleta, de los efectos que generados por este invisible actante, es:

  • Aislamiento social de millones de personas (es decir, la modificación a escala global de las interacciones sociales humanas).
  • Cuestionamiento del consumo de animales silvestre.
  • Disminución (considerable) de la emisión de C02.
  • Caída de las bolsas de valores.
  • Colapso de sistemas de salud.
  • Caída del precio de petróleo.
  • Cierre de fronteras.

Para entender las implicaciones del virus, hay que tomar en cuenta que “Nunca nos enfrentamos a objetos o relaciones sociales, nos enfrentamos a cadenas que son asociaciones de humanos (H) y no humanos (NH)” (Latour,1998,p.117). La pandemia es producto de una compleja sucesión de asociaciones, que involucra seres humanos y no humanos (virus, animales, tecnologías y objetos) (ver Figura 1).

Figura 1*. Cadena de interacciones entre humanos y no humanos y efectos del Coronavirus

Un Coronavirus (como todo virus) necesita de otro ser vivo (un hospedador) para multiplicarse, ya que que no tiene los mecanismos para hacerlo por sí sólo. Es necesario para este patógeno asociarse para poder sobrevivir. Para ello, generalmente requiere de hospedadores no humanos, como lo pueden ser animales silvestres (murciélagos, civetas, pangolines). En el caso específico del SARS-CoV-2, los indicios señalan que el virus utilizó como hospedadores iniciales murciélagos y pangolines. El Coronavirus experimentó cambios (mutaciones) en la estructura de su ARN (ácido ribonucleico) que le permiten ahora  utilizar a los  humanos como hospedadores. Pero, ¿es esto suficiente para explicar la pandemia? La explicación, tiene también que ver con relaciones entre humanos y no humanos. Veamos: La deforestación de los bosques, produce que muchos animales pierdan sus hábitats -> Algunos de estos animales silvestres (que en condiciones naturales son portadores de virus) al no tener donde vivir, se trasladan a poblados humanos -> Gracias a la intermediación del animal silvestre, el virus entra contacto con humanos -> Grandes densidades poblacionales y un mundo estrechamente interconectado, hacen prácticamente inevitable la pandemia. Este escenario, casi de tormenta perfecta,  involucra también que el humano nunca había estado expuesto a este virus particular y por lo tanto no cuenta con inmunidad a él. No se puede negar entonces, por ejemplo, que deforestación y consumo de animales silvestres, ha incidido en la interacción del virus con el humano y la pandemia.

Las asociaciones entre humanos y no humanos no se limitan al virus o a los animales que inicialmente lo trasmitieron. Otras interacciones entre humano y no humano son, por ejemplo, personas interactuado con aplicaciones tecnológicas telemáticas utilizadas para combatir el virus o  el uso de la internet y los teléfonos inteligentes  como sustituto del contacto cara a cara en tiempos de cuarentena. No es nuestra intención mostrar de manera exhaustiva, la cadena de asociaciones de esta pandemia, el objetivo es resaltar que su origen, desarrollo y efectos son producto de relaciones heterogéneas (entre humanos y no humanos).

Estos vínculos heterogéneos también se manifiestan en narrativas es decir, como los seres humanos hemos construido un relato a partir de nuestra relación con el Coronavirus.

 

Un virus que produce narrativas

No hay discusión posible sobre la importancia que tiene actualmente el SARS-CoV-2 y el temor que ha generado en la población mundial. Sin embargo, no existe un relato homogéneo y único al respecto. Múltiples narrativas se han hilado y entretejido a partir de la aparición del Coronavirus. Algunas de ellas son:

Teoría Conspirativa: Asume al virus como un arma de guerra, producida en un laboratorio  y esparcida para generar de manera intencional daños a la economía. Este discurso se enfoca en buscar y señalar culpables y se nutre de un discurso político que enfrenta occidente con oriente.

Es una gripe común: Argumento que sobre todo se utilizó al principio, antes que alcanzara el nivel de pandemia. Muchas personas, incluso mandatarios e importantes figuras públicas, subestimaron las consecuencias del Coronavirus y lo equipararon con una gripe común. Este es un discurso contraproducente y peligroso, que lleva a las personas a no sentirse en riesgo y a no adoptar las medidas de higiene necesarias para evitar el contagio y posterior propagación de la enfermedad.

La mortalidad es sólo el 2%: Muchas personas han desestimado la situación, por considerar que el porcentaje de mortalidad (2%) del virus es pequeño. Sin embargo, quienes plantean este argumento, no toman en cuenta que este porcentaje es relativo a la  población total afectada (que puede involucrar miles, incluso millones de personas) y por lo tanto puede resultar en una mortandad intimidante. Además, no toma en cuenta que este porcentaje es un promedio que puede variar, dependiendo de la estructura etaria de cada sociedad.

Gero-indiferentes: Argumentos que típicamente expresan desinterés por la pandemia y que segregan etariamente a las personas. Su suscriptores y propagadores se justifican (con un fundamentado es su joven edad)  en que la población de riesgo son personas que superan los 65 años. Las personas que suscriben este discurso no se sienten afectadas o vulnerables al Coronavirus por no pertenecer a la población de riesgo, sin tomar en cuenta, que su indiferencia puede causar la muerte de otras personas.

Cambio Climático versus el Coronavirus. En los últimas semanas, a la par que el Coronavirus ha conseguido mayor atención mediática, ha surgido una preocupación en algunos sectores: debido al Coronavirus la lucha contra el Cambio Climático pierde visibilidad. Esta narrativa se basa en un argumento que plantea que el Cambio Climático produce mayor mortalidad que el Coronavirus. El discurso incorrectamente rivaliza ambos  fenómenos, tratándolos como inconexos, cuando la realidad es todo lo contrario. Vemos: La agricultura industrial genera 1/3 de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y promueve la deforestación de grandes extensiones de bosques. La fragmentación de los bosques conduce a que muchos animales se desplacen y entre en contacto con los humanos, haciendo así más probables las enfermedades zoonóticas (que se trasmiten entre animales y humanos). A la par, la liberación de gases de efecto invernadero fomenta el cambio climático, cuyos efectos efectos sobre la agricultura estimulan más desforestación …y  así, en un bucle de retroalimentación positiva interminable.

Discurso científico: Disciplinas como la medicina, epidemiología y matemática se aproximan Coronavirus de manera diferente: por ejemplo, utilizan ecuaciones diferenciales y modelos matemáticos como una manera de entender  y representar los efectos de un invisible no humano (el virus). Términos técnicos como R0, crecimiento exponencial, matriz de contagio, modelo de compartimientos SIR (Susceptible, Infectado, Removido) o aplanar la curva, se han incorporado abruptamente  en el lenguaje de la ciudadanía,  aunque no se entienda del todo su significado o se mal utilicen.

Estas narrativas no son homogéneas ni son excluyentes y de hecho se entrelazan en una infinidad de interpretaciones que se generan a partir de este imperceptible virus.

 

A modo de conclusión

Latour indica “Un actor, tal como lo aparece en la expresión unida por un guión  actor-red, no es la fuente de una acción sino el blanco móvil de unas enormes cantidades que convergen hacia él” (Latour,2008,p.73). Sin duda muchas entidades confluyen en la controversia del Coronavirus. Este virus ha convocado, entre otros,  a la economía, la ciencia, los medios de comunicación, la industria farmacéutica, los políticos, las tecnologías, los animales, países, presidentes y ciudadanía global.

Se trata de un no humano capaz dejar en evidencia los sistemas de salud del mundo y las vergonzosas desigualdades, un patógeno que nos llama a reflexionar en que el ser humano no es el centro de todo, a reflexionar en que no podemos continuar destruyendo a la naturaleza. Un virus que nos ha demostrado que actualmente no existe lo local separado de lo global, que todo se conecta. Finalmente, un patógeno que nos ha mostrado que la solidaridad y la cooperación puede expresarse en nuevos formatos. Un monstruo invisible que ha hecho visibles nuestras monstruosidades como sociedad, pero también nuestras grandezas, llevándonos a replantearnos el mundo tal y como lo conocemos. Un virus que nos da lecciones, un virus que nos desconecta y nos conecta.

 

 

*  La Figura 1 es de elaboración propia a partir de imágenes individuales con licencia Creative Common disponibles en Noun Proyect https://thenounproject.com/

Deforest por tulpahn

Bat por rivercon

DNA por tulpahn

Pangolin por Abby

Coronavirus por JunGsa

Human body por Gan Khoon Lay

Isolation por dDara

No flight por icon54

Medical Mask porIcoLabs

World por Erin Standley

Budget por Eucalyp

Investment por Alice Design

 

Referencias

 

Latour, B. (1998). La tecnología es la sociedad hecha para que dure. En Domènech.M y Tirado, F.J. (comps.), Sociología simétrica. Ensayos sobre ciencia, tecnología y sociedad (pp. 109-142). Gedisa.

Latour, B. (2008). Reensamblar lo social: una introducción a la teoría del actor-red. Manantial.

 


Elsa Gabriela Rodríguez Pérez

Socióloga (UCV, 2001). Especialista en Intervención Psicosocial (UCV, 2009). Cursante del Doctorado en Ciencias Sociales (UCV). Docente en la Universidad Central de Venezuela.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *