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Potencialidades turísticas, científicas y agroalimentarias de la Amazonía venezolana esperan por su momento político ideal13 min read

Por Luis Betancourt Montenegro

GRIAM

Potencialidades

Cuando se trata de una región con inmensas potencialidades de sano y equilibrado desarrollo, Amazonas continúa siendo el mejor referente de nuestro país. Este estado cuenta con la segunda mayor extensión territorial del país con 183. 500 Km², una población aproximada de 146.480 habitantes (INE-2011) y una densidad de 01 personas por Km², en contraste con las grandes ciudades del país, que en el caso de Petare del Municipio Sucre de Caracas, su densidad es de 10.000 personas por Km².

Aquí se concentra la mayor cantidad de los  bosques húmedos tropicales de Venezuela, siendo el cuarto país con mayor extensión de selva Amazónica con el 6.68% después de Brasil, Perú y Colombia, respectivamente. Se trata de un gran bioma, el responsable de al menos el 8% de la reducción del calentamiento global, por su función de absorber el CO2 ó dióxido de carbono de la atmósfera.

El Amazonas venezolano, que no debe ser considerado como una entidad federal aislada, forma parte de los 9 países que conforman la cuenca Amazónica, que en su conjunto posee la mayor diversidad biológica del mundo con al menos 40.000 especies de plantas, de las cuales se estima que sólo el 1% ha sido estudiada y puesta al servicio de la humanidad; posee al menos 2.500 especies de peces, la mayor cantidad de vías fluviales, entre 18-20% del agua dulce mundial y 10% de carbono almacenado, entre muchos otros atributos (datos WWF/2018).

Turismo

El estado Amazonas venezolano es el hogar de la mayor diversidad étnicocultural del país, representada por 20 pueblos indígenas y sus particulares formas cosmogónicas de entender la vida, la muerte y la trascendencia, lo que convierte a esta región en un verdadero crisol cultural, siempre con una relación de profundo respeto entre ellas.

Esta región, aparte de sus privilegiados atributos naturales y culturales, cuenta con un excepcional potencial paisajístico, representado por un sin fin de parques nacionales, monumentos naturales y demás áreas protegidas, siendo el tepuy Autana el más icónico, cuya altitud se ubica alrededor de 1.350 mts. en su torre norte y 2.5 Km² de superficie en general; formación que resultó de la erosión de una extensa planicie que formaba parte de Gondwana (Suramérica, África y Antártida unidas) hace 3.000 millones de años, según datos del explorador Charles Brewer-Carias, a través de sus investigaciones y varias expediciones a este monumento natural desde el año 1971.

Aparte del majestuoso Autana, en esta privilegiadas región se erigen otros parques y monumentos naturales, entre ellos el Wahari, el Paraka Wachoi, el Urípika, el Wichüj, el Duida Marawaka, el Yapacana, el Yaví, el Parima-Tapirapecó, el Purinäri Aje y el río Orinoco, el más importante de nuestro país con 2.120 Km. de longitud desde su naciente en la Sierra Parima, la tierra sagrada Yanomami, hasta su desembocadura en el Delta de los Warao; entre tantos espectaculares lugares que pueden ser parte del desarrollo de esta región, esta vez por la belleza de sus paisajes y no por los minerales o metales que se encuentran en su interior, cuyas experiencias remotas y presentes son devastadoras para estos territorios y sus habitantes ancestrales.

Continuando con las interminables opciones de interés turístico y cultural de Amazonas, a escasos kilómetros de Puerto Ayacucho, se ubican los petroglífos más grandes del mundo, según reciente investigación de la University College London del Reino Unido en 2017, donde reportan 93 grabados de 304 mts², de 2.000 años de antigüedad.

Esta vasta región dotada con las mayores potencialidades que país alguno quisiera tener, se encuentra a la espera del momento para contribuir en gran medida con el país a través del turismo y sus actividades conexas. Por tratarse de una región con las mencionadas características, esta vez no puede ser cualquier turismo, sino uno sano, equilibrado con el medio ambiente y sus pueblos originarios, y que en fin, genere los menores impactos socioambientales posibles.

El turismo es una de las alternativas posibles y viables que debe sustituir las nocivas actividades extractivistas en la región, que además pueda generarle mayores recursos a quienes hoy forzosamente forman parte de este negocio, que demostrado está, se trata de un círculo vicioso que siempre termina en más miseria en vez de mejores condiciones de vida y satisfacción personal a sus actores y núcleo familiar.

El turismo es una fuente limpia de recursos económicos. Está demostrado en experiencias de otros países Amazónicos que este rubro genera los menores impactos sociales a los pueblos indígenas involucrados y también en lo ambiental, siempre que se haga bajo las premisas de equilibrio y racionalidad. Se trata de los pocos proyectos de desarrollo en esta región, donde los actores involucrados (los turistas) no extraen nada de sus ecosistemas; sólo van, observan y regresan, generando importantes dividendos al país y a las poblaciones locales.

A diferencia de otros rubros económicos, el turismo es la actividad que más diversifica sus beneficios o dividendos económicos entre los pobladores del lugar que se trate, es decir, es la actividad que más demanda bienes y servicios de la población local.

Por supuesto, hoy con una visión más crítica, madura y progresista en términos sociales y ambientales que en décadas pasadas, es preciso tener como referencia los antecedentes que tuvo esta actividad entre finales de 1980 y principios del año 2000, cuando el primer aparato económico productivo del Territorio Federal Amazonas era el turismo. Se trató de una época donde en muy alto porcentaje la economía e ingreso per capital de los amazonenses provenía de esta actividad a través de excursiones, paseos a la selva y sus ríos, pesca, documentales, películas, etc; lo que demandaba bienes y servicios de calidad, como en efecto hubo.

Entre los años 1980 y 2000, Amazonas contó con aproximadamente 16 operadoras turísticas, entre 2-3 vuelos diarios Caracas – Pto. Ayacucho y viceversa, 4 aerolíneas regionales (chartes), 3 agencias de alquiler de vehículos, hoteles, posadas, campamentos y restaurantes de alta competitividad nacional e internacional, un Museo Etnológico con piezas de especial interés histórico – cultural, empresas autogestionarias de productos amazónicos; y en torno a esta dinámica giraba la economía de nuestro estado y su gente, para atender a un importante número de turistas nacionales e internacionales, especialmente de Europa y Estados Unidos, todos ávidos de las extremas y emocionantes experiencias que genera el Amazonas.

Al día de hoy todo ese extraordinario inventario de bienes y servicios no existe, como tampoco los visitantes que solían abarrotar los mercados populares y selectos de Puerto Ayacucho.

Lamentablemente el contraste es evidente, entre aquella economía limpia, sana, cuyos beneficios llegaba a cada persona decente que deseara formar parte de ella; a esta economía de hoy, que depende de cómo se esté cotizando el peso colombiano, el oro y la gasolina en los campamentos mineros y en función de eso fijar los precios en Puerto Ayacucho, que valga decir, solo son pagables por quienes forman parte de ese mercado negro.

Soy un absoluto convencido que la otra economía es posible, aquella generada desde la ética, la dignidad y los valores propios del Amazonas y sus habitantes: los originarios y los que llegamos después. Esa economía, como lo indica el título de este artículo, -espera por el momento político ideal-, que privilegie el interés de la diversificación económica de esta región, que nuestros ingresos no dependan de una nómina estatal ni mucho menos del oro que compromete la dignidad y vida de las personas; sino que el modelo propuesto dependa de todo el potencial económico que tiene este universo llamado Amazonas, representado en sus bellezas paisajísticas e incuantificable diversidad biológica.

Esto no se trata de una utopía ni de un plan a largo plazo, por el contrario, considero que uno de los sectores que generará mayores y más rápidos resultados será el turismo. Para lograr esta aspiración, sólo se necesita mostrar nuestro catálogo de maravillas naturales y servicios mínimos para atender a los visitantes que hoy están a la espera.

El solo nombre de Amazonas, de por sí ya despierta interés y curiosidad que las personas que buscan experiencias y aventuras distintas, pero lamentablemente por no tener los mínimos bienes y servicios garantizados en Puerto Ayacucho, un importante número de turistas dejan de venir a este estado. Esta experiencia frecuentemente se repite en personas allegadas a mi, que al mencionarle sobre las carencias de servicios básicos, en especial el combustible, deben tomar otro destino como opción. Prefieren irse a pescar Pavón al Capanaparo o al Cinaruco de los llanos de Apure, a escasas 2 horas del Amazonas.

Los gobernantes regionales y locales de Amazonas pareciera poco importarle el tema del desarrollo turístico, al parecer no está en su agenda de prioridades o «líneas estratégicas», a pesar de estar desarrolladas nominalmente en el llamado Plan de la Patria.

Entiendo que las dificultades que atraviesan las provincias más deprimidas del país, entre ellas Amazonas, no serán resueltas por autoridades locales, porque se trata de una situación político – económica nacional generalizada y estructural, pero eso no es óbice para eximir de responsabilidad a estas autoridades. La inexistencia de una Dirección Regional de Turismo en Amazonas, por decir lo menos, indica el poco interés en torno a este importante sector productivo del país, que valga repetirlo una vez más, es necesario e inexorable su reactivación en esta región, como alternativa a las actividades depredadoras del medio ambiente que hoy son privilegiadas por actores del Estado.

Desde el Grupo de Investigaciones sobre la Amazonía, aún en momentos adversos para este sector, continuamos concentrados en seguir mostrando las inmensas potencialidades ambientales, paisajísticas y culturales que presenta esta vital región del país, porque sabemos que esta será la punta de lanza de un mejor momento político y desarrollo económico para nuestro país.

Investigación Científica

Así como el sector turismo debe ser privilegiado en un nuevo escenario político  venezolano, igualmente debe serlo para la investigación científica en todo lo referente al patrimonio biológico existente en esta región, que debe ser puesta al servicio de la humanidad. La Amazonía venezolana y suramericana en general, es la despensa y laboratorio natural más grande del mundo, con 7.000.000 Km² de diversidad biológica. Urge invertir en su investigación y desarrollo.

En este momento Venezuela no cuenta con ejecución de planes o proyectos de investigación científica en nuestra Amazonía. En otro momento, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), el Instituto de Medicina Tropical de la UCV y demás centros de investigación del país tenían importante presencia en esta región haciendo ciencia, sobre todo relacionadas con la medicina: prevención, cura y control de enfermedades endemoepidemicas, cuyos estudios científicos trascendían nuestras fronteras, como por ejemplo en el caso de la malaria, donde nuestro país durante la década de los 60 del siglo pasado fue vanguardia en su erradicación y nuestras investigaciones eran el referente para controlar este mal en los demás países tropicales.

Al día de hoy por todas las limitaciones económicas que sufre la academia en este ramo y migración del talento humano, aunado a las limitaciones logísticas de la región Amazónica, hacen imposible continuar esta necesaria y vital labor de investigar.

Colombia por ejemplo, ha tenido importantes avances en temas de investigación Amazónica. La Universidad de la Amazonía, ubicada en Florencia, Caquetá, tiene un nutrido pensum y programas de investigación y desarrollo exclusivamente relacionados con el Amazonas de ese país. En el caso venezolano, hubo una iniciativa gubernamental similar en el año 2008, pero todo quedó en una mil millonaria infraestructura en la zona norte de Amazonas, que hoy está convertida en ruinas. Me refiero a lo que iba a ser la Universidad Territorial de Amazonas, proyecto que no logró consolidarse.

Agroalimentación Amazónica

Por último, destacar el potencial agroalimentario que posee el Amazonas venezolano. En principio se trata de suelos muy ácidos y pobres en su contenido de nutrientes, no aptos para el cultivo de rubros alimentarios de manera extensiva, como en el caso de los andes, los llanos y otras zonas con vocación agrícola menos específica.

Sin embargo, los habitantes ancestrales de esta región han vivido y autogestionado agroalimentariamente sus necesidades a través de los productos que la selva les provee.

La producción agrícola de Amazonas es muy variada, aunque no muy conocida en el resto del país por la poca actividad o proyección que tiene, tal vez por falta de proyectos e incentivos de producción, especialmente en la línea de transporte desde las remotas comunidades indígenas a los centros poblados.

El estado Amazonas produce abundante cantidad de la piña más dulce del país; Copoazú, una exótica y codiciada fruta que hoy se exhibe en heladerías de gran prestigio en Caracas, muy demandada por sus característicos sabores y olores; mañoco, un alimento procesado a base de yuca, que es muy consumido en Brasil y además es la dieta básica de los indígenas de nuestra Amazonía; Cacao del Manapiare, que según los expertos en el área, tiene sabores y texturas muy particulares que le hacen una especie de importante demanda en los mercados respectivos; la Manaca o Açaí, el súper alimento nutritivo que ha revolucionado el mercado de las bebidas energéticas en los países Amazónicos, Estados Unidos y Europa, en especial por su insuperable valor antioxidante y otra cantidad de propiedades.

Lamentablemente estos rubros no se están comercializando en nuestro país en las dimensiones que su vocación ofrece, debido a que los indígenas lo hacen de manera artesanal o a baja escala en vista de la poca o inexistente asistencia en proyectos de autogestión, salvo los que algunas organizaciones de la sociedad civil les ofrecen.

La producción agrícola de esta región, en su mayoría se está colocando en los mercados de Puerto Inírida, Puerto Carreño y Casuarito (todos pueblos colombianos), única manera de rentabilizar sus ventas para poder costear su transporte o combustible, el principal factor que limita la producción en las comunidades indígenas.

Consideraciones Finales

Finalizo retomando el título del artículo, en -el momento político ideal- se deben priorizar estos tres sectores en la región: turismo, investigación científica y agroproducción.

Con estas tres líneas de desarrollo, por una parte se estará contribuyendo con la economía nacional y local de manera rentable y sustentable, mientras por otra parte se le estará presentando a los habitantes de Amazonas alternativas sanas y equilibradas con el medio ambiente, en relación a las actividades de minería que tanto daño le hacen a esta región en términos sociales y ambientales.

 


Luis Betancourt Montenegro

Grupo de Investigaciones sobre la Amazonía – GRIAM.

[email protected]

– Estudios en Derecho (USM).
– Investigador de Derechos Indígenas y Ambientales de la Amazonía.

– Diplomado en Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas.

– Diplomado sobre el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

– Diplomado en Investigación Penal del Ambiente.

– Formación en el área de Gestión del Ambiente en la Amazonía.

– Coordinador General del Grupo de Investigaciones sobre la Amazonía – GRIAM.

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