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La dimensión ecológica y cultural del COVID-195 min read

Algunos supuestos para su mitigación en comunidades indígenas y áreas protegidas en Venezuela

 

Vladimir Aguilar Castro

Grupo de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (GTAI)

Universidad de Los Andes

 

 

Imagen de portada comunidad indígena de San Antonio del Morichal en la Gran Sabana del estado Bolívar. Olivia Lozano.

El contexto ecológico global

Cada vez es más evidente que los comportamientos eco-depredadores de manera acelerada nos están conduciendo a la inevitabilidad del cambio climático, derivado del modelo de producción termo-industrial que, desde su nacimiento, ha venido interviniendo el clima y saqueando la naturaleza.

Tal como lo afirma Alex Richter Boix, “la deforestación, la apertura de nuevas carreteras, la minería y la caza son actividades implicadas en el desencadenamiento de diferentes epidemias. Diversos virus y otros patógenos se encuentran en los animales salvajes. Cuando las actividades humanas entran en contacto con la fauna salvaje, un patógeno puede saltar e infectar animales domésticos y de ahí saltar de nuevo a los humanos; o directamente de un animal salvaje a los humanos…Murciélagos, primates e incluso caracoles pueden tener enfermedades que, en un momento dado, cuando alteramos sus hábitats naturales, pueden saltar a los humanos…»[1].

Las estrategias de mitigación

La mitigación constituye una estrategia para la reducción de la vulnerabilidad en el entendido que los pueblos indígenas pueden ser los más afectados. En este sentido, es necesario mirar la epidemia como una oportunidad para avanzar en iniciativas que permitan crear las condiciones para su mitigación en comunidades indígenas y áreas protegidas, con estrategias ecológicas, territoriales, culturales y económicas, a saber:

Ecológicas

En Venezuela, en los últimos cien años la lógica extractiva ha sido de carácter lineal. En efecto, en la actualidad, el proyecto Arco Minero del Orinoco (AMO) ha profundizado el extractivismo, primero hidrocarburífero y, ahora, minero. El principio ha sido legalizar lo ilegal. El reciente Decreto número 6526 aparecido en Gaceta Oficial el 7 de abril del año en curso, el cual amplía las actividades mineras a los ríos Cuchivero, Caura, Aro, Caroní, Yuruarí y Cuyuní al Sur del Orinoco, constituye la última estocada a los derechos de la naturaleza y culturales.

Una estrategia de mitigación ecológica puede ser a través de la declaratoria de áreas bajo régimen de administración especial, que eviten los proyectos extractivos en espacios naturales y culturalmente vulnerables. La prohibición de proyectos extractivos en estos lugares sería parte de las iniciativas a implementar en dichas zonas de protección.

De igual forma, la aprobación de espacios naturales protegidos junto al reconocimiento de territorios indígenas puede coadyuvar a iniciativas mixtas de salvaguarda de sitios naturales y culturales bajo riesgo.

Territoriales

En el contexto territorial se pueden proponer estrategias que mitiguen el COVID-19 declarando áreas libres de propagación del germen. Este sentido, la regionalización y localización de las áreas fuera de peligro o de riesgo reducido constituye el punto de partida para el impulso de iniciativas de carácter territorial.

Culturales

Bajo la concepción de una gestión intercultural del riesgo y de minimización de la vulnerabilidad es posible establecer mecanismos diferenciados en zonas ricas en diversidad biológica y cultural.

Estas iniciativas deben ser interculturales conforme a las realidades locales propias. Pueden promoverse protocolos de acción pluricultural partiendo de usos y costumbres y de formas específicas de abordar los riesgos, a objeto de evitar la expansión del virus desde la mirada de cada cosmovisión.

Económicas

La pandemia constituye un momento importante para impulsar una economía distinta y alternativa, que no se enfoque exclusivamente en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), sobre todo, en un país como Venezuela con un enorme fardo extractivista acentuado en los últimos veinte años.

La economía podría estar enfocada en el tránsito a energías limpias, salud y educación, entre otros sectores que requieren de una fuerte inversión, junto al decrecimiento de las áreas extractivas poniéndolas al servicio de las primeras. Aquel principio de “sembrar el petróleo” adquiere en esta coyuntura una verdadera razón de ser, pudiéndose ampliar a “sembrar el extractivismo”, devolviéndole a la Tierra lo que le pertenece y corresponde.

Por otra parte, se debería incentivar la agricultura ecológica fortaleciendo las redes locales de producción, haciendo especial énfasis en la conservación de las fuentes de vida (agua, bosques y oxigeno), así como desarrollar la economía propia de los pueblos y comunidades indígenas.

El escenario post pandemia  

El escenario post pandemia nos puede coadyuvar a pensar en un país con nuevos desafíos y apuestas, más allá de una simple vuelta a la normalidad que en sí misma ya era anormal.

La encrucijada humana y de país (de allí los niveles de corresponsabilidad) está atada a dos situaciones posibles: una, la de profundizar el escalamiento del modelo actual de producción que ha calentado el Planeta Tierra y a las relaciones internacionales, totalmente injusto en sus bases ecológicas, económicas, políticas, sociales y culturales, o, al paso de una humanidad reconciliada consigo misma y, sobre todo, con la naturaleza.

[1] Darío Aranda, «La dimensión ecológica de las pandemias», Página 12, Buenos Aires, 30 marzo 2020.

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