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Entrevista realizada al Dr. Gustavo Montes Urdaneta sobre los «lodos rojos»12 min read

Por Francisco Javier Velasco

En esta ocasión hemos contado con el privilegio de haber podido entrevistar al Doctor Gustavo Montes, profesional, docente  e investigador de reconocido prestigio en el campo académico, con una sólida trayectoria en universidades y centros de investigación de Venezuela en materia de vegetación natural tropical o e cultivo en distintas regiones de la geografía nacional. Tiene también el doctor Montes una sólida experticia en el ámbito de la consultoría en lo que atañe a ecología vegetal y monitoreo de vegetación, teledetección aplicada a la agricultura y la silvicultura, cartografía temática y análisis espacial mediado por Sistemas de Información Geográfica (SIG). Son todas ellas credenciales más que suficientes, a las que se agregan años de sistemática y responsable seguimiento a problemáticas ecológicas asociadas a los pasivos ambientales, que sirven de base para exponernos de manera clara y sucinta la naturaleza, causas y posibles catastróficas consecuencias socioambientales del almacenamiento de lodos rojos en Guayana,  grave asunto lamentablemente desconocido por las grandes mayorías de esa región y del país en su conjunto.

FJV– Buenas tardes Dr. Montes, le agradecemos mucho su amable disposición a recibirnos, particularmente en estos momentos que se encuentra todavía convaleciente. Como usted sabe, el próximo número de la revista Territorios Comunes del Observatorio de Ecología Política, el No 3, está dedicado al tema de la minería en Venezuela. En esta entrevista con usted queremos poner de relieve la situación de los pasivos ambientales de la minería y, más específicamente, lo que tiene que ver con los llamados “lodos rojos”. Así que comenzaremos por preguntarle ¿Qué son los lodos rojos?

GMU– Bueno, los lodos rojos son unos residuos tóxicos que resultan del procesamiento al que se somete la bauxita para obtener alúmina. Estos residuos conforman un producto que tiene un PH igual o mayor a 12, es extremadamente tóxico y corrosivo, pero que el Diablo Rojo[1]. En el proceso de fabricación de alúmina los lodos rojos son depositados en unas lagunas de decantación y quedan expuestos al ambiente. La producción de una tonelada de alúmina genera casi el doble, es decir dos toneladas de lodos rojos.

FJV– Y si tienen esa alta toxicidad, dispuestos de esa manera representan un peligro para la gente y para el ambiente en general. ¿No es cierto?

GMU– Claro, fíjate que la acumulación de lodos rojos en grandes volúmenes en esas lagunas supone un riesgo de vertido al entorno debido a la rotura de diques de contención. Ten en cuenta que las empresas que producen aluminio generan millones de toneladas de lodos rojos. Los lodos rojos son un coctel peligrosísimo, una verdadera bomba ambiental.

FJV– ¿Tiene alguna idea aproximada de qué cantidad de lodos rojos hay hoy en día en el planeta?

GMU– De acuerdo con ciertas estimaciones, para el año pasado, 2018, había unos 4000 millones de toneladas en el mundo, un cálculo global. De ese total, sólo se recicla una cantidad muy pequeña, menos del 2%.

FJV– Quiere decir entonces que constituyen una fuente potencial de verdaderos desastres ambientales.

GMU– Agrégale a eso que se necesitan manejar grandes volúmenes de lixiviados, lo que supone un alto riesgo de infiltración de la solución alcalina a las aguas subterráneas. Los lodos rojos tienen una muy alta alcalinidad y sodicidad, cosa que dificulta su remediación. El almacenamiento de lodos rojos puede tomar mucho tiempo, muchos años en consolidar y secar para que después se pueda remediar.

FJV– ¿Se sabe cuál es la cantidad de lodos rojos producidos por la industria del aluminio en Venezuela, en Guayana?

GMU– Se habla de unos 35 millones de toneladas métricas para el período que va de 1979 al año 2014. Ese ese es un problema creado en la época del Pacto de Punto Fijo y que se ha mantenido todos estos años. La producción de alúmina y, en consecuencia de lodos rojos, alcanzó un pico en al año 2007 y luego fue disminuyendo durante los años siguientes. En la actualidad las cifras oficiales son secretas, pero se pueden calcular considerando la cantidad de alúmina que se produce.

FJV– Y volviendo al tema de los desastres, entiendo que ya ha habido experiencias catastróficas en otras partes. Al menos sé algo del caso de un vertido de lodos rojos en Hungría hace como diez años, en 2009 o 2010 creo, que causó estragos y contaminó el río Danubio.

GMU– Sí, eso ocurrió en 2010 cerca de la ciudad de Ajka cuando una marea de lodos rojos de siete millones de metros cúbicos arrasó con todo lo que encontraba a su paso, afectando varias poblaciones y obligando a decretar el estado de emergencia en 120 km cuadrados a la redonda. Una gran cantidad del fluido vertido cayó en el río Danubio que desemboca en el Mar Negro.

FJV– Una gran catástrofe ecológica para esa parte de Europa.

GMU– Pero aquí en América Latina también hemos pasado por algo parecido, en México y en Brasil. En el primer caso, en agosto de 2014, la mina Buenavista del Cobre, situada en el norte de México, derramó decenas de miles de metros cúbicos de residuos tóxicos en dos ríos, afectando a más de 22.000 personas. Al año siguiente, en noviembre de 2015, ocurrió un desastre en el estado de Minas Gerais, Brasil, cuando una avalancha de residuos tóxicos devastó a varias poblaciones y a unos 500 km del curso del río Doce para luego desembocar en el océano Atlántico. Se habla de 19 muertos como consecuencia de esta tragedia. El análisis de las zonas ribereñas permitió identificar otras sustancias tóxicas como arsénico y mercurio, ajenas al procesamiento de hierro, que habían sido vertidas ilegalmente en los depósitos de residuos.

FJV– Creo que algo parecido volvió a ocurrir después en Brasil.

GMU– Sí, en Minas Gerais otra vez. Se rompió un dique de una mina de hierro y el tsunami resultante dejó más de 300 desaparecidos. Eso fue en Brumadinho, en enero de este mismo año, 2019.

FJV– ¿Y con esos antecedentes qué podemos esperar para Venezuela?

GMU– Nada bueno, en cualquier momento puede ocurrir algo terrible. Ya vamos a hablar de eso, pero primero comencemos por esto: en Venezuela la industria del aluminio está localizada en “Los Pijiguaos”, eso está en el municipio Cedeño del estado Bolívar. Allí se encuentra la mina de bauxita de Bauxilum, con unas reservas probadas de más de 300 millones de toneladas métricas. Esa zona está en el área 1 del Arco Minero del Orinoco. La bauxita extraída de “Los Pijiguaos” es transportada en ferrocarril hasta el río Orinoco y luego es embarcada en gabarras hasta Ciudad Guayana; allí, en la planta de Bauxilum, es procesada para producir alúmina. El proceso químico utilizado por Bauxilum para obtener alúmina fue patentado en el año de 1887 por el alemán Karl Bayer. Como ya hemos dicho, ese procesamiento genera lodos rojos. Desde 1997, Bauxilum deposita sus lodos rojos en tres lagunas adyacentes al río Orinoco, en las instalaciones que esta compañía posee en Ciudad Guayana. Esas lagunas conforman un sistema diseñado en 1979 con una vida útil de 21 años.

FJV– ¿A qué distancia aproximada del Orinoco se encuentran esas lagunas?

GMU– Muy cerca, a unos 20 metros de distancia.

FJV– Para el asunto que nos concierne eso es prácticamente nada.

GMU– Sí, muy poco.

FJV– ¿Y esos lodos no se degradan? ¿Una vez depositados en esas grandes fosas, qué pasa con esos residuos?

GMU– Bueno, desde hace varios años esos lodos se espesan con una tecnología especial, lo que permite compactarlos y apilarlos. Ya la cantidad de material apilado alcanzó los límites de los terrenos de Bauxilum en Ciudad Guayana. Por otro lado, ocurre que el crecimiento de ese volumen de residuos obliga a aumentar la altura de los diques de contención del sistema de lagunas y eso supone ampliarlos, hacerlos más anchos, cosa que hizo la empresa francesa Pechiney S.A. entre 2001 y 2003, conjuntamente con algunas mejoras en la impermeabilización del confinamiento.  Todo esto es muy oneroso, además ahí se robaron unos reales. Desde entonces no se ha hecho más nada

FJV– ¿Es suficiente con eso para evitar un vertido como ya ha ocurrido en otras partes?

GMU– Digamos que es un riesgo hasta cierto punto controlado, pero no garantiza que algo de eso no pueda ocurrir eventualmente. Desde hace tiempo los diques presentan signos de deterioro y la altura del material depositado puede llegar a sobrepasar la cota de seguridad sobre el nivel medio del río Orinoco. Es por ello que, desde 2003, Bauxilum viene haciendo vertidos de lodos rojos que ellos llaman “controlados” sobre el Orinoco, de lodos rojos que de ninguna manera son tratados.

FJV– Entonces ya no se trata de que pudieran haber vertidos en un futuro, sino que ya están ocurriendo.

GMU– Sí claro, vertidos de cantidades relativamente pequeñas. Muchas veces se hacen de noche para tratar de hacer que pasen desapercibidos.

FJV– ¿En caso de que cedan o se rompan los diques, qué consecuencias ambientales pueden esperarse? ¿Qué le puede pasar a la gente que vive o trabaja en esa zona?

GMU– Ni más ni menos que una catástrofe de grandes proporciones. En cualquier momento puede ocurrir un vertido masivo porque el dique está sometido a una presión constante. El arrastre de ese material aguas abajo puede tener un tremendo impacto en el río y en el medio natural, socioeconómico y cultural del Delta del Orinoco. Tendría graves implicaciones para el área protegida (ABRAE) de la Reserva de Biósfera y los humedales del Delta del Orinoco. Las comunidades de vegetación costera y ribereña se verían severamente afectadas, en particular los bosques de manglares y la interfaz acuático-terrestre de morichales que son ecosistemas muy ricos y diversos. Se dañarían áreas protegidas. El pueblo warao, pueblo de agua, asentado en la extensa trama hidrográfica del delta, se vería también fuertemente impactado en su base material, su salud y su modo de vida por un envenenamiento generalizado de ríos y caños, hecho que agravaría aún más la difícil situación en que se encuentra actualmente. La gran mayoría de las comunidades warao se asientan en el municipio Antonio Díaz del estado Delta Amacuro que es la zona donde se intercepta al mayor flujo hidráulico del Orinoco.

FJV– Se agregaría a lo que los waraos han sufrido con el cierre del Caño Mánamo, la penuria alimentaria, las migraciones y las enfermedades que lo azotan en el presente… con eso, este pueblo pudiera desaparecer.

GMU– Así es. De tal manera que la pregunta que cabe no es si esa catástrofe puede ocurrir sino cuándo ocurrirá. Toma en cuenta además que la descarga del río Orinoco es acarreada a través de una amplia franja del Mar Caribe hacia el oeste y se une con la corriente del Golfo, desembocando al océano Atlántico a través del estrecho de la Florida. En consecuencia, de producirse un vertido masivo de lodos rojos, el patrón de corrientes dispersaría los residuos tóxicos en una amplia zona marina. Esa catástrofe pudiera tener grandes implicaciones geopolíticas. Pensemos por ejemplo en lo que confrontaría Venezuela si Puerto Rico es impactado por ese flujo de contaminantes. De ocurrir este evento, las consecuencias que habría que afrontar y los daños a reparar serían de una significación mayor a la del actual caos económico que vive Venezuela.

Por otro lado, los riesgos que se corren convergen en un panorama más amplio con los riesgos que corre el ambiente derivados de las operaciones que se llevan a cabo en la Faja Petrolífera del Orinoco y de la actividad propuesta para el Arco Minero. El problema de los lodos rojos no debe ser abordado solo sino como parte de la totalidad que es el Arco Minero del Orinoco.

FJV– ¿Estamos entonces condenados ineluctablemente a padecer ese desastre o hay alguna manera de evitarlo?

GMU– Sí se puede evitar. En la actualidad la planta se encuentra paralizada, ya no hay donde colocar más residuos. Es necesario que de manera urgente se lleve a cabo una investigación científico-tecnológica interdisciplinaria con el propósito de diseñar un plan de acción que resuelva satisfactoriamente y a corto plazo los vacíos de información que existen todavía sobre este asunto. La amenaza ambiental de los lodos rojos se puede conjurar con medidas de ingeniería. Basados en el artículo 6, numeral 2 de la Ley GIRST proponemos un conjunto de medidas de ingeniería, ambientales y socio-culturales, una auditoría industrial-ambiental. El componente de ingenierías incluye una caracterización físico-química de lodos rojos en megafosas, una evaluación estructural de los diques y una evaluación de operaciones en Planta Bauxilum. Para el componente socioambiental debe realizarse una caracterización físico-biológica y  socio-cultural del Delta del Orinoco. Con ambas se puede hacer un análisis de riesgos e impactos industriales y socio-ambientales.

FJV– Como usted dice que la catástrofe puede ocurrir en cualquier momento, le pregunto ¿Cuánto tiempo llevaría ejecutar esa auditoría industrial-ambiental?

GMU– No mucho tiempo, entre 6 y 8 meses

FJV– Bueno, es importante que esto se conozca y nosotros lo vamos a difundir.

GMU– Sí, es necesario que lo conozca mucha gente y ustedes pueden ayudar mucho en esa labor, con esa experiencia que vienen desarrollando y a la que le hago seguimiento leyendo sus publicaciones.

FJV– Muchas gracias, profesor Montes, por suministrarnos esta información tan valiosa. Seguimos en contacto.

GMU– Gracias a ti y al observatorio. Estamos a la orden.

[1] Diablo Rojo se conoce comúnmente en Venezuela a un producto químico usado para destapar cañerías y tuberías. Es altamente corrosivo y tóxico.

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