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La defensa del Esequibo no debe ser desde la lógica del extractivismo5 min read

La defensa del Esequibo no debe circunscribirse al extractivismo. Se debe defender los ecosistemas y la biodiversidad de esa región contra la depredación de la naturaleza

Por: Erick Camargo (Corresponsal OEP)

Para Observatorio de Ecología Política de Venezuela

El pasado sábado 20 de junio, Venezuela anunció, como era de esperarse, que no participaría en la audiencia virtual de la Corte Internacional de Justicia para resolver la disputa territorial con Guyana sobre el territorio del Esequibo. Esto motivó la publicación de una serie de artículos en diversos portales de noticias, la difusión de cadenas y notas de voz y una discusión general sobre lo acertado o no de la decisión de Venezuela. Sin embargo aquí no nos encargaremos de tocar este tema, sino precisamente de ver cuál es la principal preocupación que en el grueso de artículos se mostró sobre la posibilidad de la pérdida o la razón por la cual exigir la defensa de la soberanía venezolana sobre el Esequibo.

Muchos de los comentarios y escritos al respecto señalan al Esequibo como un territorio de vital importancia por sus yacimientos minerales de oro, coltán y petróleo.  Las voces que se levantan en defensa de la soberanía territorial de Venezuela, lo hacen siempre con el discurso de la potencialidad que tiene ese territorio para ser explotado. De esta forma se devela que la línea principal en el discurso de la opinión pública sobre la defensa del Esequibo es la de la expansión de la frontera extractivista hacia ese territorio.

Pero ese territorio ya ha sido víctima del extractivismo. Y es que no debemos olvidar que la razón por la cual el Imperio Británico usurpó y se adueñó de ese territorio venezolano fue precisamente, el hacerse con las minas de oro descubiertas en la región durante las primeras décadas del siglo XIX. Una época en la cual el extractivismo minero mostraba una modalidad de posesión colonial de los territorios, sometimiento de las etnias originarias, con el fin de la expansión del capital y el acceso cómodo a los recursos de dichos lugares.

Entonces, cabe la pregunta fundamental, ¿es lógico defender la soberanía de Venezuela sobre ese territorio bajo las mismas premisas económicas que promovieron la usurpación británica? ¿Queremos que nos devuelvan el Esequibo para expandir el proyecto del Arco Minero hasta el Cuyuní y el Esequibo?, siendo así, entonces de cual soberanía hablaríamos, si de igual forma la depredación destruiría ese baluarte de la diversidad.

Hay que tomar en cuenta además que el extractivismo no trabaja de forma focalizada en el ámbito nacional, sino que su acción corresponde al plano regional-continental. Lo que sucede hoy en la cuenca del Orinoco, la devastación ambiental producto de la minería ilegal, que se pretende regularizar con los megaproyectos del Arco Minero, no afecta exclusivamente a Venezuela, también se vive en Colombia, Brasil, Ecuador, Perú; en toda la Amazonía, pero también en la Guayana, siendo el territorio Esequibo y Guyana un espacio fundamental de la acción de estos grupos mineros.

En plena pandemia y cuarentena, en Guyana se declaró a la minería como una actividad esencial, en medio de la crisis política que vive esa nación; siendo denunciados actos ilegales de deforestación y la comercialización ilegal del grueso del mineral extraído de las minas. Actos delictivos, acaparamiento de combustible y otras actividades criminales y que degradan la calidad de vida los habitantes del territorio, sobre todo los pueblos originarios.

Así podemos observar que la ilusión de “El Dorado” que motivó la toma de este territorio, es la que promueve hoy la expansión minera ilegal y legal. La búsqueda desesperada de la riqueza y prosperidad con la actividad minera, sin medir las consecuencias que esto conlleva a las cuencas hidrográficas y al equilibrio para el sostén de la vida en el planeta.

Pocos autores han defendido el Esequibo desde otros ángulos, como el antropólogo Ronny Velásquez, quien ha señalado el estado de precariedad que viven los pueblos indígenas en una sociedad étnicamente dividida como es la guyanesa. Igualmente el profesor Esteban Emilio Monsonyi ha denunciado la pérdida de diversidad étnica en estos territorios, producto de las políticas del Estado de Guyana y las actividades mineras y forestales. Así también fundaciones como Venezuela Esequiba, ha mantenido una lucha por la defensa de la identidad de los esequibanos.

Pero el Esequibo además de poseer una importante diversidad étnica, cultural; posee una enorme diversidad biológica, la cual es amenazada en la actualidad por el avance depredador de los intereses económicos exteriores. Así la defensa debe circunscribirse no solamente al celo patriótico histórico de haber sido despojados de un territorio, sino a la defensa de la biodiversidad y la diversidad cultural y étnica de aquel territorio.

La defensa de las comunidades humanas, animales y vegetales, la defensa de sus territorios, de su ambiente, del equilibrio ecológico, debe ser el pilar de la defensa de la soberanía territorial, en contra del avance extractivista, el cual pretende pasar por encima de los Estados, las legislaciones, las comunidades, la historia, la cultura y la vida misma. La autodeterminación y la identidad de los pueblos indígenas, la defensa de su cultura y sus formas de vida, para que ellos mismos sean los guardianes y defensores del territorio. Se debe aspirar al fortalecimiento de sus comunidades y su entorno.

Imagen satelital de la degradación extractivista en la región del Esequibo
Imagen satelital de la degradación extractivista en la región del Esequibo

Que nuestro reclamo legítimo de soberanía territorial sea para profundizar la democracia, libertad y autodeterminación de los pueblos originarios; que sirva para defender esos territorios de la depredación minera y forestal, con el fin de preservar la naturaleza y la biodiversidad.

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