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Dos visiones del ciclismo en tiempos de pandemia3 min read

Por: Erick Camargo (Corresponsal OEP)

Para Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Imagen de portada: ciclista participa en carrera enduro en Parque Nacional El Ávila / Ciclista detenido en Aragua

 

En las últimas semanas, en medio de la pandemia de COVID-19, hemos visto cómo se han generado diversas polémicas en relación con la actividad de grupos de ciclistas en la región central de Venezuela. En algunos casos, vecinos denuncian grupos de ciclistas que se han comportado de forma irresponsable y hasta abusiva en el uso de espacios como parques, mientras en el otro extremo, ciclistas denuncian represión y hostilidad por parte de organismos de seguridad del Estado, como parte de las medidas de control de la cuarentena decretada por el gobierno nacional.

Ya habíamos reportado el año pasado el conflicto socioambiental acontecido en el Parque Nacional Waraira Repano, conocido como El Ávila, donde un grupo de ciclistas competitivos que organizaron, con el permiso de INPARQUES, una competencia de tipo enduro, a pesar de estar expresamente prohibido en la ley, violando además otras disposiciones como la prohibición de consumir bebidas alcohólicas, e incluso publicando fotos descaradamente incumpliendo dichas disposiciones, frente a los carteles en los que se informa la prohibición.

Hace unas semanas publicamos también la denuncia de la grave degradación que sufre el parque La Fila a causa de la tala indiscriminada de su vegetación que ha generado el desplazamiento de especies animales en la zona. La siguiente semana, en redes sociales, los vecinos de la urbanización San Luis, dónde se ubica el parque mencionado, denunciaron la participación de alrededor de 200 ciclistas de competencia en las inmediaciones del parque, rompiendo con las normativas de seguridad sanitaria de la pandemia. También pudimos observar en las redes como grupos de ciclistas han intentado, pudiendo lograr algunos, el ingreso al Parque Nacional Waraira Repano, estando prohibido, por lo que fueron desalojados por las fuerzas de seguridad.

 

Estos hechos han mostrado una actitud que ha generado fuertes animadversiones al ciclismo y los ciclistas, lo que no implica que sea la actitud de todos los ciclistas. En este sentido, debemos diferenciar por una parte el ciclismo competitivo del ciclismo urbano; una diferencia que debe puntualizarse, pues autoridades y vecinos han tomado una actitud de represión y enemistad, de forma injustificada, en contra de los segundos.

Así podemos ver el caso especial de Aragua, dónde el presidente de la fundación Azul Ambientalista ha denunciado el acoso que sufren los ciclistas en aquella entidad federal, principalmente en Maracay. De acuerdo con El Pitazo los decomisos han aumentado exponencialmente en estos días de cuarentena, atacando a los medios alternativos de movilidad, mientras suspenden el transporte público; incluso el reportaje detalla de médicos que necesitan de la bicicleta para ir al hospital, siendo hostigados por las fuerzas de seguridad.

El ciclismo urbano ha mostrado un nivel de responsabilidad, compromiso medio ambiental y prudencia. Son dos visiones distintas del ciclismo, el urbano ve la bicicleta como una alternativa de movilidad, no contaminante, saludable y forma parte de una forma de vivir alternativa a la dominante; baja el estrés, rompe el constreñimiento de la población.

Es por ello que hacemos esta pequeña reflexión, acotando estas dos situaciones, vividas, para indicar que el conflicto que genera una visión del ciclismo desde la competitividad, que crea situaciones imprudentes, irresponsables y abusivas, a diferencia de la alternativa del ciclismo urbano, que busca totalmente lo contrario, construir una ciudadanía movilizada de forma responsable.

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