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Extractivismo y Protestas por Hambre y Servicios Básicos en Venezuela: Entrevista a Juan Carlos La Rosa11 min read

Por Erick Camargo

Corresponsal del Observatorio de Ecología Política de Venezuela

 

Imagen de portada DW

 

Juan Carlos La Rosa dirigente social-indígena de la organización Wainjirawa y de La Guarura, conversa con nosotros sobre las actuales protestas sociales que han estallado por todo el país de forma simultánea y con una fuerza increíble a causa de las grandes carencias en servicios básicos, la dificultad cada vez más grande para conseguir los medios de subsistencia y el descontento generalizado provocado por la cuarentena y todo lo que ha implicado en nuestro país.

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Como se ha podido constatar en noticias oficiales y no, a lo largo del país han explotado una serie de protestas sociales que empezaron en el estado Yaracuy pero que han abarcado casi todos los estados de Venezuela, incluyendo Mérida, Bolívar, Falcón, Aragua, Sucre, Nueva Esparta; no todas han tenido la misma intensidad, pero sí se han visto fuertes movimientos de ciudadanos y vecinos expresando su descontento ante la situación en diversas formas, pero también la represión ha sido encarnizada y violenta.

Protestas producto de la carencia de servicios públicos y medios de subsistencia, carencias que han empujado a las poblaciones a tomar acciones desesperadas como conseguir leña, en detrimento de bosques y matorrales, provocando daños severos al ambiente; carencias producto también del progresivo deterioro de las fuentes de aguas, de ambientes naturales producto del extractivismo descontrolado del Estado y sus empresas aliadas.

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¿Cuál ves tú como el carácter principal de las protestas?

El signo característico de lo que ha sucedido y que se ha prolongado por goteos durante las semanas, es el hambre, la narrativa de las protestas actuales es el hambre y la ausencia de servicios públicos, lo que le cambia totalmente la agenda a la clase política; mostrando además quienes protestan y quienes organizan. Los sectores políticos que reconocen que la agenda política debe estar signada por las necesidades de la gente son muy pequeños, la mayoría se encuentra enfocado en el plano electoral o internacional; casi ninguno de estos sectores que comprenden que hay que estar con las necesidades de las personas son muy débiles y pequeños sin poder de convocatoria como para ponerse al frente de las protestas.

¿No ves la intervención de grupos políticos dirigiendo estas manifestaciones?

Una vez más el pueblo venezolano asiste a momentos difíciles donde nunca ha tenido ni puede tener una dirección política, al menos en el tiempo que me ha tocado vivir en la lucha política y social del país. No hay créditos acumulados para que alguien se ponga al frente, cualquier liderazgo va a surgir de las dinámicas de acompañamiento y de sacrificio que hombres y mujeres pongan al lado de los suyos en estas protestas. Las protestas pueden producir un liderazgo y una forma de organizase y una forma de hacer, pero ahora, al menos que alguien se aproveche como también ha sucedido antes, no están vinculadas con ningún proyecto de poder; aunque hay quienes intenta cobrar.

La galvanización del proyecto que se está tratando de imponer al país es tan duro y drástico, que las fuerzas políticas del país apenas pueden alcanzar en el marco de la protesta, es exigir que no se criminalice la misma, sobre todo desde la oposición. Las organizaciones pequeñas, de las que “casi todos somos partes” también podemos decir basta de represión, denunciamos la violencia policial, pero no podemos ponernos al frente de la protesta; tenemos que permitir que la protesta nos haga.

Es importante tener en cuenta que la estructura bastante madura y experimentada del aparato represivo del Estado no actué con lo aprendido, sino que debe ser desconcertada y confundida, por lo cual la protesta debe ser bastante creativa. La violencia no es una cosa que se pueda negar, e ningún caso de la lucha social, así a priori. Pero si se puede señalar cuando la violencia, que es natural en todo descontento, no lo conviene a la gente y cuando un Estado represivo y unos cuerpos policiales convertidos en sindicatos criminales, saben que hacer frente a la protesta. Estos cuerpos se alimentan de la violencia, por lo tanto hay que pensar como incidir en la protesta, para que la misma genere más entusiasmo, genere vigor y desate procesos organizativos.

¿Cuál es el rol de lo político y los movimientos sociales?

Una idea que traté de desarrollar en la primera intervención, es que la agenda nacional no son las elecciones que convocó el gobierno, ni nada que se refiera a ella, ni siquiera negarlas es parte de la agenda. Nos habla de “la izquierda atomizada” de este país ha tratado de ponerse al frente de la agenda nacional. Pero qué pasa cuando una ardilla se para en una autopista frente a un camión y lo trata de interpelar, lo más seguro es que el camión la aplaste. La izquierda que es el sector político que más conozco, aunque ahora ha tocado convivir con todos los sectores ideológicos del país, actúa así, pues Lenin enseño que hay que pararse y decir no y, se paran al frente. Siempre hay que saber decir no, pero hay que aprender a decir no a la escala de uno, de lo que es posible para uno, probar en la práctica para que tú no genere organización.

La agenda no es la electoral, pero además la negación de esa agenda del gobierno tiene que estar a las alturas de tus posibilidades, porque si no, no pasas del alegato, del pronunciamiento, del comunicado de rechazo y, si la retórica es siempre la misma no se mantiene, por lo tanto el potencial creativo no se conserva, por lo tanto tiene que distribuirse y ligarse genéticamente a lo que está en la calle y la necesidad de la gente. Eso requiere una enorme cantidad de actividades, no una sola que es pronunciarse, que es lo que se acostumbra en la política tradicional. La agenda no es la del gobierno y la gente le va a cambiar la agenda al gobierno y, mira que la agenda electoral es siempre una agenda hegemonizaste en un país como el nuestro, pero el nivel de rechazo es muy alto, nosotros intuimos sin ser profetas, por lo que sentimos en el trabajo diario con las comunidades, que la agenda no es la electoral.

Hay que aprender a distribuir el descontento y el rechazo a una escala que no son las del gobierno.

¿Qué diferencias observas con otras protestas ocurridas anterioremente?

Desde que empezó a profundizarse la crisis desde que Chávez era gobierno, antes incluso de las elecciones en las que Nicolás Maduro es electo presidente de la república, desde antes de la muerte de Chávez, ha venido apareciendo un tipo de protesta que ha venido creciendo lentamente hasta convertirse hoy en parte fundamental del conflicto venezolano, que es la protesta social. Diferenciada a la protesta cívica que está enmarcada en la polarización; esta protesta social que ha mostrado carácter de descontento dentro del mismo chavismo, vinculados o signados también por la polarización. Esta protesta social siempre ha tenido su propia agenda, va a su propio ritmo y es completamente distinta. La clase política intuye que debe salir corriendo a cobrar de ella, pero esta sigue teniendo su propia agenda, es difícil determinar quién la convoca, incluso al que se le ocurrió no está seguro si fue el primero, pero además sabe que no tiene la fuerza para reivindicarse con el liderazgo de la misma. Ese es el tipo de protesta que se está imponiendo en el país.

Algunos lo ven como una deficiencia, pero es una deficiencia histórica, pues en este país jamás avanzamos en nada construyendo estructuras y liderazgos, sino quitándolos del medio, quitando organizaciones, barriendo liderazgos, que nos estorbaban del medio. Así ha transcurrido la vida político-social o su expresión, no es algo de este siglo, ha sido una constante histórica. Tal vez, creo, sea parte de esa sangre Caribe que corre por nuestras venas, esa mitad Caribe porque la otra es Arahuaca, la que piensa más las cosas y actúa de manera más organizada. Pero en este país hemos avanzado quitándonos del medio lo que nos estorbaba.

La Sociedad Civil, para llamarla con el término coloquial con que se ha popularizado ese sector; estuvo muy cerca en los últimos dos años del Plan Guaido, pero que también es una expresión clara y manifiesta del descontento. A la cual podemos suscribir en esa protesta espontanea con la juventud en las calles de manera violenta en 2017, que hicieron grandes sacrificios, deben ser reivindicados históricamente por todo aquel que esté a favor de los cambios, por todo aquel que entiende que la lucha social produce posibilidades de justicia y dignidad, si está en auge. Aunque no se piense como ellos, cosa que es natural, igual deben ser reivindicados.

Esa sociedad que estaba muy cerca del proceso polarizado, que el gobierno-poder podía reivindicar como su antagónico, tiene la particularidad de estar despolarizándose. Hay una ruptura definitiva con Juan Guaido, a quién sólo le queda el escenario internacional, un escenario en el que tiene que hacer malabares para la aprobación de leyes como la de minería responsable, es como le dicen al sistema-mundo que ellos pueden garantizar cosas para el capital trasnacional en el marco de la crisis, si le permiten acceder al poder. Nosotros intuimos, pese a la caja negra que son esas negociaciones de la clase política en el exterior, que en ambos grupos (chavismo y oposición) es para mantenerse en el sitio donde están, no para avanzar, ni siquiera es para tumbar a Maduro sino para decir “sosténganos un poco más”, en el caso de Maduro que pide “no dejen que nos tumben”.

Ambos entregan y son parte de una subasta, de un festival de compra venta de las soberanías de este país, digo soberanías porque en este país somos muchas soberanías, al menos somos 43 pueblos, pero somos muchas más soberanías que esos pueblos e identidades nacionales. Esas soberanías están siendo entregadas por un pequeño sector de ambos lados de la pugna política, que además se intercambian corruptos. Porque ya sabemos que el autor de la Ley de Minera de la Asamblea Nacional es Elías Matta, un viejo corrupto del gobierno de Arias Cárdenas en el Zulia, su jefe de obras públicas. Ese es el signo de este momento, la ruptura o alejamiento, incluso de sectores que ayudaron a construir el Plan País. Es difícil identificarse con el nivel de incoherencia de ese sector de la oposición. El chavismo no necesita interlocutores, está basado en las relaciones con el aparato militar, actúa en esta crisis como el constructor y operador del modelo; la oposición ha ocupado su lugar para hacer lo mismo, hará lo mismo si le tocara. Se construye un modelo militar-corporativo basado en el control del territorial basado en la economía extractivita, con control irregular del territorio, como ha sucedido en África, producto de la voracidad extractivista ligada a la inversión de capital trasnacional.

Conclusiones

La Sociedad Civil y la Protesta Social van en camino de encontrarse, en un encuentro sincero. Hay quienes trabajan para que ese encuentro no suceda, quienes buscan una mediación política de todo lo que sucede, en un esquema muy patriarcal, ejercido por la clase política de todas las dimensiones, buscando como ponerse en medio de las relaciones nuestras. Estamos convencidos que nuestras relaciones no deben volver a ser jamás tuteladas, ni producir liderazgos invisibilizantes de la diversidad. Ese encuentro se va a dar, sin embrago quien marca la pauta es el liderazgo vinculado a la necesidad y el hambre, eso es fundamental.

Si observas la característica de quien protesta, el que sale es porque quiere comer hoy, ese es el nivel de desesperación que tenemos, que se ve a diario en cada comunidad. Nadie habla de la agenda del PODER. Para que el encuentro del descontento y las organizaciones sociales se dé, hay que cambiar las agendas, el que no aprenda, el que no cambie, NO VA.

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