Embalses de Venezuela: Una puesta al día - Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Embalses de Venezuela: Una puesta al día

Por Douglas Rodríguez-Olarte

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

En este análisis especial para el OEP, el investigador Douglas Rodríguez-Olarte expone elementos claves para comprender la situación actual de los embalses en Venezuela. Destaca la situación crítica que atraviesan algunos de los más importantes embalses del país, así como la falta de datos verificables sobre el manejo de los mismos por parte de las instituciones a cargo.

Embalses de Venezuela

Los embalses son habituales en el paisaje de Venezuela y estos, como es usual, se conciben y construyen para ofrecer agua para el consumo humano, sustentar sistemas agrícolas y controlar inundaciones. Al sur -en el estado Bolívar- un único embalse es el más importante para toda Venezuela: el Guri, con 4.250 km2 de espejo de agua, genera la hidroelectricidad que sustenta acaso al 70% del país; sin embargo, al norte del país, se han construido la mayoría de los embalses; de hecho, más del 95% de los embalses está al norte del Orinoco. La amplia diseminación de embalses, incluyendo su reconocida subutilización, acaso se asocian más con una modalidad de negocio de la construcción que con las necesidades reales de las regiones, mucho menos de la conservación ambiental.

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Al norte del Orinoco se han construido un poco más de cien embalses de gran extensión, la mayoría clasificados como embalses mayores (grandes presas), que se caracterizan por tener presas o diques entre 5 y 15 metros de altura y capacidad de por lo menos 3 millones de metros cúbicos de agua (1). Luego se cuentan cientos de embalses pequeños y miles de lagunas artificiales. Esta enorme cantidad estructuras artificiales abastece con agua potable a decenas de millones de personas, a sistemas de riego que cubren miles de hectáreas y a miles de pequeños sistemas de producción agrícola. Por otro lado, las presas y sus embalses actúan como estresores ambientales, que fragmentan o eliminan los ciclos vitales de los ríos y las cuencas hidrográficas, eliminando el aporte natural de aguas y nutrientes a las planicies inundables, así como los flujos que entrelazan y diversifican la energía entre los diferentes ecosistemas en el gradiente fluvial, como las migraciones y dispersión de propágulos (ej. 2, 3). Una buena parte de estos embalses se han construido en los ríos que corren al mar, destacando las cuencas de los ríos Tocuyo, Tuy y Unare con el mayor número de embalses construidos (4), pero también en los drenajes del Orinoco, donde la cuenca del río Apure contiene el mayor número de embalses.

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Es conocida la variada problemática en torno a los embalses, donde destaca la carencia de agua en las urbes que dependen de los mismos, pero también destacan las aguas cargadas de sedimentos y contaminantes que ingresan en los embalses. Sin embargo, hoy se conoce muy poco sobre el estado actual de los embalses del país, ya sea desde la calidad de sus aguas y sus biotas, hasta la intervención humana en las cuencas altas, con lo cual se limita el manejo adecuado de los recursos hidrobiológicos fluviales. Tres aspectos son relevantes en esta breve actualización: la vida útil de los embalses y la sedimentación, la contaminación de las aguas y la transformación de los ciclos naturales en los ríos.

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Embalses, vida útil y sedimentos

La vida útil de los embalses está signada por el control de la erosión de la cuenca. Un incremento en la deforestación o de manejos agrícolas inadecuados aguas arriba del embalse aumenta la erosión del suelo y el arrastre de sedimentos que, por la escorrentía, colmatan el vaso del embalse. Son varios los casos de embalses perdidos para siempre bajo enormes capas de sedimentos, como Guaremal, en la cuenca del río Turbio en el drenaje del Orinoco. Para el año 2000 el embalse Guaremal ya tenía una reducción enorme de su espejo de agua y apenas alcanzaba las 13 ha y ya para el 2020 prácticamente desapareció bajo la sucesión de capas de sedimentos y la expansión de la cubierta vegetal. Varios embalses estratégicos tienen una pérdida acelerada de su vida útil, como los embalses de Agua Viva, que surte a un extenso sistema de riego en la costa oriental del Lago de Maracaibo y que demuestra una importante reducción de su superficie como respuesta a un elevado aporte de sedimentos desde la cuenca alta; igualmente, se tiene el embalse Dos Cerritos en el río Tocuyo, que abastece en gran medida a la ciudad Barquisimeto, la cuarta urbe más poblada del país, o el embalse Matícora en los drenajes costeros de Falcón, dando al traste con el proyecto de distribución de agua para las áridas vertientes regionales, incluyendo la Península de Paraguaná y sus gigantescos complejos petroleros (5). Aledaño a la ciudad de Caracas destaca el embalse La Mariposa, que, con más de 70 años de funcionamiento, sucumbe ahogado por sedimentos y contaminantes generados por la expansión de la frontera urbana en la cuenca receptora.

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Contaminación de las aguas

Al norte del Orinoco, es ampliamente conocida la contaminación de los embalses por efluentes y residuos urbanos y agrícolas, principalmente en los embalses estratégicos, como ocurre con el Pao-Cachinche, que recibe las aguas contaminadas con efluentes urbanos e industriales de la ciudad de Valencia (5), pero que -por paradoja- surte de agua a la misma ciudad y la conurbación asociada. Igual ocurre con los embalses de Cumaripa y Las Majaguas, el primero recibe las aguas infectas del río Yaracuy, mientras que al segundo se incorporan las aguas del depauperado río Turbio (6). Los residuos agrícolas, como nutrientes y biocidas, son frecuentes en las aguas que ingresan en muchos embalses; esto ha sido reportado en los embalses de José Antonio Páez en el río Santo Domingo (drenaje del Orinoco), Canoabo en el río Urama (vertiente Caribe) y Agua Viva en el río Motatán.

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Transformación de los ciclos naturales fluviales

Todos los embalses son estresores -usualmente irreversibles- que trastocan el régimen natural de perturbaciones en los ríos, el cual se expresa en las variaciones anuales de los caudales y los atributos de los cauces, aguas y las biotas entre los períodos de lluvias y sequía, esto incluye la inundación y el aporte de nutrientes en las planicies. La afectación que los embalses tienen sobre las migraciones de peces es ampliamente conocida. Por ejemplo, los embalses en el piedemonte andino del Orinoco (ej. Boconó-Tucupido, Masparro, Uribante) interrumpen el movimiento de las especies migratorias que, como el bocachico o coporo (Prochilodus), por ejemplo, ascienden por millones en búsqueda de los ambientes con aguas claras, alimento y protección en los piedemontes (7).

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En la actualidad, todas las presas de Venezuela carecen de estructuras que permiten el paso libre de los peces y esto representa un obstáculo a las migraciones. Así, los peces que ascienden por los ríos se aglomeran en las bocas de salida de los embalses, donde mueren o son pescados a discreción. Este absurdo descuido en el manejo de los recursos hidrobiológicos se repite todos los años y durante décadas. Esto puede indicar de la acumulación del efecto pernicioso sobre los hábitats y los peces migratorios. Con el mismo sentido, el represamiento de las aguas mantiene los caudales controlados en su mínima expresión para mantener así los flujos para producir electricidad o destinados para el riego, por ejemplo. Estos caudales controlados simplifican la heterogeneidad en los hábitats y las redes tróficas, así como reducen y eliminan las áreas de inundación en las planicies (ej. lagunas de rebalse, esteros) que son imprescindibles para la sobrevivencia de las larvas de peces con elevada importancia comercial, pero también para la dispersión de y crecimiento de plantas que conforman la rica vegetación ribereña de las tierras bajas (8).

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Urgencia por datos

Desde el siglo pasado se reconocen proyectos gubernamentales para el manejo de las cuencas altas con el fin de reducir la sedimentación y la contaminación en los embalses, incluyendo objetivos como la reforestación de riberas y cuencas altas, la remoción de sedimentos, el control de torrentes y plantas acuáticas y el uso adecuado de biocidas, entre otros, pero hoy se desconoce el alcance, avance y continuidad de estos proyectos. Los programas gubernamentales de corte ambientalista (ej. misión árbol) o utilitarios (ej. mesas técnicas de agua) no parecen tener una incidencia adecuada para reducir la deforestación de las cuencas altas, evitar la erosión, la sedimentación de los embalses y la eliminación de presas y diques, que en muchos casos son innecesarios y perjudiciales. Se estima que las dependencias gubernamentales (ej. Ministerio del Poder Popular de Atención a las Aguas) aplican tratamientos y monitoreos básicos para potabilizar las aguas con destino a los principales centros urbanos del país; sin embargo, aún no se puede acceder a los datos e información actualizada que permita valorar el estado actual de los atributos físico-químicos de las aguas en los embalses y acueductos de Venezuela, ya sea por la habitual opacidad gubernamental en cuanto a los reportes ambientales o por la verdadera ausencia de programas de monitoreo de las aguas, menos aún de los atributos del hábitat acuático y las biotas asociadas. En cualquier caso, la carencia de datos e información sobre el estado de los recursos hidrobiológicos fluviales representa una situación preocupante y de resolución urgente, pues lo ideal es reducir el riesgo actual y futuro para la salud de los ecosistemas y las personas.

En el plano ecológico, no se conoce la aplicación de modificaciones hidráulicas en los embalses que permitan el paso de las migraciones de peces ni de programas de monitoreo de poblaciones de peces migratorios comerciales que han perdido el hábitat crítico para la reproducción. Igualmente, se desconoce si existe un manejo adecuado de caudales acorde con el mantenimiento de los atributos hidrobiológicos fundamentales en los ecosistemas fluviales. En muchos casos la construcción de embalses en Venezuela no ha estado justificada y es posible que en todos los casos no existan paliativos ambientales para la conservación de aguas y biotas. Es comprobado que las contribuciones de la naturaleza (servicios ecosistémicos o viene comunes) de los ríos libres son mayores, mejores y más duraderas que los beneficios aportados por los embalses y sus caudales controlados. En varios países han tomado en cuenta la información técnica y remueven presas y diques innecesarios como un ejemplo de justicia ambiental pero también de restauración y conservación de los recursos hidrobiológicos.

Douglas Rodríguez-Olarte

Colección Regional de Peces. Museo de Ciencias Naturales. Decanato de Agronomía. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, UCLA. Barquisimeto, estado Lara, Venezuela. Accesos: [email protected]; [email protected]

Referencias bibliográficas

1. Poff, N. L., & Hart, D. D. (2002). How dams vary and why it matters for the emerging science of dam removal: an ecological classification of dams is needed to characterize how the tremendous variation in the size, operational mode, age, and number of dams in a river basin influences the potential for restoring regulated rivers via dam removal. BioScience, 52(8), 659-668.

2. Vittoz, P., & Engler, R. (2007). Seed dispersal distances: a typology based on dispersal modes and plant traits. Botanica Helvetica, 117(2), 109-124.

3. Anderson, E. P., Jenkins, C. N., Heilpern, S., Maldonado-Ocampo, J. A., Carvajal-Vallejos, F. M., Encalada, A. C., … & Tedesco, P. A. (2018). Fragmentation of Andes-to-Amazon connectivity by hydropower dams. Science Advances, 4(1), eaao1642.

4. Rodríguez-Olarte, D., Marrero, C. y Taphorn, D. C. 2018. Los ríos al Mar Caribe y Golfo de Venezuela. Capítulo 4 (pp: 71-102).  En: Rodríguez-Olarte, D. (Editor). Ríos en riesgo de Venezuela. Volumen 2. Colección Recursos hidrobiológicos de Venezuela. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Lara. Venezuela.

5. Martínez, E. O. 2020. La crisis de los servicios y los ecosistemas fluviales: preludio de una emergencia ambiental en Venezuela. Capítulo 8 (pp: 149-172).  En: Rodríguez-Olarte, D. (Editor). Ríos en riesgo de Venezuela. Volumen 3. Colección Recursos hidrobiológicos de Venezuela. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Lara. Venezuela.

6. Rodríguez-Olarte, D., Barrios, M., Marrero, C. y Marcó, L. 2017. Río Turbio: un síndrome urbano en la vertiente andina del Orinoco. Capítulo 3 (pp: 59-74). En: Rodríguez-Olarte, D. (Editor). Ríos en riesgo de Venezuela. Volumen 1. Colección Recursos hidrobiológicos de Venezuela. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Lara. Venezuela

7. Barbarino Duque, A., Taphorn, D. C., & Winemiller, K. O. (1998). Ecology of the coporo, Prochilodus mariae (Characiformes, Prochilodontidae), and status of annual migrations in western Venezuela. Environmental biology of fishes, 53(1), 33-46. 8. Winemiller, K. O., & Jepsen, D. B. (1998). Effects of seasonality and fish movement on tropical river food

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5 responses to “Embalses de Venezuela: Una puesta al día

  1. Estimado Profesor Rodríguez Olarte, en nombre de la Asociación Venezolana para el Agua (AveAgua) representante en Venezuela de La Red Mundial del Agua (GWP) damos las gracias por este interesante y oportuno artículo o más bien trabajo de investigación, el cual con su permiso vamos a publicar en la edición de nuestra revista mensual Construyendo Alianzas del mes de abril. Mucho agradecería nos informe su dirección de correo para enviarle el ejemplar una vez publicado.
    Saludos,
    Eduardo Ochoa
    Presidente de AveAgua / GWP Venezuela
    Director Ejecutivo de Vitalis Venezuela

    https://www.aveaguagwp.org/

  2. Agradezco al Prof. Rodríguez Olarte por este valioso artículo que nos ofrece unas pistas claves sobre este complejo y vital problema. Me temo que en lo concerniente a la falta de datos, la razón obedece más a la ausencia de programas de monitoreo y evaluación que a una férrea política de censura.

    1. Estimada María del Carmen, gracias por sus palabras. Pues, es cierta y pertinente su consideración. Hay amplios y crecientes vacíos de información (espacial y temporal) por ausencia o ineficacia de programas de monitoreo y recursos que se combinan con registros no sistematizados y estandarizados. Ese es el escenario. Abrazos!

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