Minería a cielo abierto en Venezuela: más allá del Arco Minero del Orinoco

Imagen de portada: Crédito portal Econoticias

Hoy 22 de julio conmemoramos el Día Mundial contra la Minería a Cielo Abierto, un día que para la población venezolana debe ser bandera fundamental de lucha por nuestro ecosistema, la vida y los territorios. Venezuela se encuentra más que nunca amenazada por las fuerzas del extractivismo que avanzan sobre el territorio venezolano arrasando con Parques Nacionales, Monumentos Naturales y espacios vitales para muchas comunidades y pueblos del país.

La minería a cielo abierto es aquella que se realiza en la superficie del terreno y no de forma subterránea, removiendo enormes cantidades de material para poder acceder al mineral, generando grandes socavones, enormes hoyos profundos y la destrucción de montañas.En Venezuela tenemos varios casos de minería a cielo abierto, el más relevante es el del famoso cerro La Parida, hoy conocido también como Cerro Bolívar. Esta es una de las minas más fabulosas de hierro, la cual es explotada desde la década de los 50’s del siglo XX, la cual constituye  evidencia de la destrucción de una montaña anteriormente frondosa y llena de vida, convertida en terrazas muertas de barro ferroso. Es importante detenerse en este caso, pues es considerado como un epítome de la minería “responsable” y “sustentable” defendida por los corifeos del desarrollo. Hasta ahora han habido pocas críticas sobre la devastación que se provocó con esta explotación y en las otras montañas circundantes en el llamado Cinturón Ferrífero de Guayana. Actualmente, en medio de la devastación provocada por la minería irregular amparada en el proyecto del Arco Minero del Orinoco, no debemos olvidar que el modelo del mismo, emanado del Decreto 2.248 del 2016 plantea un desarrollo minero de este tipo, sin embargo, las complicaciones económicas y las sanciones de los Estados Unidos privaron al Gobierno de las inversiones de grandes empresas que desarrollaran la minería a cielo abierto.

Paradójicamente los grupos de oposición vinculados a la Asamblea Nacional presidida por Juan Guaidó han promovido una nueva ley de minería, impulsada por el diputado Elías Matta, que prevé la transformación del Arco Minero existente en el aspirado por el decreto del Gobierno de Maduro de 2016, “poniendo orden” y trayendo capitales que desarrollen la minería a cielo abierto en las áreas afectadas, “de forma responsable y sustentable”; propuestas apoyadas por organizaciones que se han declarado contrarias al proyecto del Arco Minero. Este discurso de organizar y racionalizar la explotación minera del Arco Minero, es también parte del discurso oficial del Gobierno, para sostener el avance de su proyecto y justificarlo, como herramienta de lucha contra la llamada minería ilegal. Una coincidencia de discurso que sólo encuentra el enfrentamiento en las acusaciones sobre la realidad de esos territorios en un terreno político y polarizado.

Ver también: El nuevo proyecto de Ley de Minas o la continuación “ordenada” del saqueo extractivista.

Otro caso emblemático de esa minería “legal” y “sostenible” se puede observar en el caso de Los Pijiguaos, también en el estado Bolívar y que afectó territorio y comunidades indígenas, así como ha dejado un grave cuadro de pobreza, desarraigo, exclusión, miseria y esperanzas inciertas en la comunidad fundada alrededor de la mina. Más cerca de Caracas, en la frontera entre los estados Aragua y Miranda tenemos otro grave caso de minería a cielo abierto para la extracción de níquel en el cerro llamado Loma de Hierro, esta ha provocado conflictos con las comunidades agrícolas de los alrededores por la gran contaminación provocada por la actividad minera y la destrucción de la montaña.

El estado Lara es un ejemplo destacable de las amenazas de la minería a cielo abierto, pues actualmente se vienen desarrollando dos grandes proyectos cargados de mucha conflictividad. En el cerro El Plan, fundamental para la cuenca de Los Quediches, se está impulsando un proyecto de minería de sílice que ha movilizado a los vecinos del sector por la protección de sus ríos y tierras. El otro caso, el del cerro La Vieja ha sido también catalizador de grandes movilizaciones y protestas, además de los innumerables abusos y arbitrariedades impulsadas por los promotores de la misma.

Ver también: Lara: Alertan que explotación de sílice en Carora podría dejar sin agua a más de 400 mil familias

En el estado Guárico el Monumento Natural Morros de Macaira es amenazado por la minería a cielo abierto según denuncias de periodistas de la región, la cual es promovida por la alcaldía del municipio Monagas y la gobernación del estado. Otro caso emblemático ha sido los intentos de desarrollar la minería del carbón en la cuenca del Guasare, en el estado Zulia, resistida por los indígenas Wayuu y Yukpa; proyecto que tiene varios años en intento de desarrollo y de resistencia. En la Guajira colombiana la minería de carbón a cielo abierto si se ha desarrollado con eficacia, bajo métodos “ordenados y sustentables”, afectando un espacio de 11.000 hectáreas y suscitando graves conflictos a las comunidades Wayuu, las cuales se han encontrado en una situación de indefensión ante la empresa minera y  un Estado que antepone los intereses de la minería sobre la de los pueblos indígenas y ciudadanos. Los principales problemas que podemos observar en un reporte de la Deutsche Welle, es la degradación de las fuentes de agua y ríos, enfermedades respiratorias, desplazamiento y desarraigo. Un espejo importante donde debemos vernos.

Ver también: Minería de carbón en la Sierra de Perijá, Zulia: Homo et Natura en Podcast Voces contra la minería

La minería a cielo abierto suele ser promocionada como una fuente de ingresos fiscales, fuente de empleos y de riqueza para las regiones afectadas y para el país donde se explotan; sin embargo la realidad ha sido totalmente distinta. Las áreas mineras en general son las más pobres en sus respectivos países, incluyendo los Estados Unidos, en Virginia del Oeste, la mayor área minera de la costa Este de ese país, es el estado más empobrecido de esa nación. Igualmente se puede observar en toda Latinoamérica, como las áreas mineras son las más pobres, las fuentes de trabajo escasean y son copadas por foráneos. Los países donde se explotan las minas reciben menos beneficios económicos que los gastos que ocasiona limpiar y contener los daños producidos por las grandes explotaciones mineras. Sostenibilidad y Racionalidad son eufemismos que no se corresponden con la realidad de estos proyectos.

Los mineros ven como se deteriora su salud día a día por la constante exposición a sustancias tóxicas bajo condiciones de trabajo inseguras; los ríos son contaminados y las empresas utilizan su poder financiero para imponerse sobre los derechos humanos, el sistema democrático y los intereses de las comunidades y habitantes de los territorios. La minería a cielo abierto representa una seria amenaza para la existencia humana, que debe replantearse, no sólo la propia actividad, sino la forma de vida que alienta su existencia y nos impulsa a un consumo desmesurado de minerales. Debemos reflexionar sobre nuestro modo de vida y de consumo y cómo afecta nuestra propia supervivencia, entre las cuales está la minería como una de las facetas más devastadoras.

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