Política de privacidad

Los imaginarios de las artes plásticas se zambullen en el agua.

Francisco Javier Velasco

Esbozar la importancia del agua en el arte, considerando las diferentes dimensiones efímeras y permanentes de diversas obras en una lectura que se realiza a través del tiempo y del espacio, puede servir para contribuir de manera complementaria a los discursos que se proponen la defensa de la naturaleza, la promoción de una estética ecosófica y el reconocimiento del valor patrimonial del agua y otros elementos. El agua es un marcador de identidad y memoria, un elemento federador, puesto que, si bien es cierto que ella es testimonio del mundo pasado, ella sigue siendo también nuestro devenir y terreno de nuestra imaginación, a condición de que no la consideremos únicamente como un simple “recurso” explotable.

El agua es un compuesto químico (que posee o parece poseer el don de la ubicuidad, de encontrarse por todas partes en la Tierra) esencial para todos los organismos vivos conocidos. Es la condición esencial para la vida. El término agua deriva del latín aqua y ha sido retomado para formar algunas palabras como Aquarium. Una mezcla acuosa es una mezcla en la que el solvente es el agua.

El agua es uno de los cuatro elementos clásicos junto con el aire, la tierra y el fuego. El agua puede asumir diversas formas: agua de lluvia, agua de mar, agua salada, agua dulce, el agua tranquila de los lagos, el agua tumultuosa de los ríos, el agua solidificada en hielo, el agua evaporada en neblina.

En todas las religiones, en todas las civilizaciones, en todos los mitos, el agua es una fuente de vida, un símbolo universal de fecundidad y fertilidad. Es el origen del mundo en la noción de aguas primordiales, del océano primigenio. El agua es también símbolo de la vida espiritual, medio de purificación o de regeneración (como por ejemplo en el bautismo). Por su transparencia, el agua evoca la pureza, la virginidad, la frescura.

A ciertas aguas se le asignan poderes, virtudes curativas (a veces se habla de aguas milagrosas, de aguas de juventud). No obstante, el ser humano, al mostrarse incapaz de respirar en el agua, también percibe en ella un lado sombrío: es la cara de otro mundo, misterioso, desconocido, vale decir peligroso y a veces incluso mortal. Pensemos por ejemplo en el film “El abismo”.  El agua reviste ese aspecto de manera notable cuando hablamos del fin del mundo o de la génesis. Pensemos también en el desastre que debió afrontar Noé en la Biblia.

En el arte, el tema del agua es abundantemente tratado en el curso de los siglos. ¿Cómo representar la transparencia del agua, su evanescencia? ¿Cómo hacer ver lo que es aleatorio y escurridizo? Por su simbología, es un elemento predominante, particularmente en la pintura. Estilizado durante mucho tiempo, ha sido necesario esperar a ciertas innovaciones técnicas para poder aprovechar su potencia plástica.

Omnipresente en el universo, a la vez fuente de vida y energía, símbolo pleno de significaciones, el agua ha sido cantada innumerables veces por poetas y escritores. El agua llena con sus notas a veces suaves, a veces ásperas, las composiciones de los músicos. En la música clásica podemos citar como ejemplos a Haendel con “Water -Music” o incluso a Fréderic Chopin con “Preludio a la gota de agua” que él escribió en Mallorca en ocasión de su viaje con George Sand.

El agua juega con sus diversos rostros para ser por turnos dulce, salada, fresca, que brota, estancada, desencadenada, cristalina, sombría…Resulta pues natural que este elemento con múltiples facetas se convierta en una fuente de inspiración inacabable para los artistas. Sus representaciones iconográficas se pueden clasificar esencialmente en dos categorías. En primer término, el agua reviste una dimensión alegórica: el río, el océano, el riachuelo, la fuente es personificada con los rasgos de una mujer o de un hombre. Puede también devenir en el atributo de un personaje o de una divinidad.

El agua constituye igualmente un objeto de figuración natural que se aproxima más o menos a lo real. Si aparece límpida y transparente, contenida en un vaso o en una jarra, en el seno de una naturaleza muerta, ella es sobre todo un elemento esencial del decorado paisajístico. Situada, en un primer momento, en el fondo de una escena religiosa o mitológica, el agua se encuentra en numerosas representaciones del paisaje que se hace autónomo.

Los artistas han obtenido del agua variadas virtudes plásticas, su maleabilidad, su fluidez, su transparencia, su solidez en el estado de hielo, su mousse o espuma, su capacidad de reflejar la naturaleza cuando está en calma, sus olas y remolinos cuando la mar monta en cólera. Temas como los del bautizo de Cristo, de Suzanne en el baño, de la Venus de Boticelli, han sido muy bien explotados en la pintura.

El agua se asocia a los matices del azul y el verde. En materia de técnicas, la acuarela y la aguada o lavado indican por su nombre el uso y la importancia del agua como diluyente de los colores (respectivamente pintura o tinta) en esas dos técnicas. Puede decirse que en ese caso el agua se representa a sí misma -El gesto rápido, vivo del pincel, usado como en las pinturas impresionistas para evocar los movimientos del agua…- Las pinturas diluidas para jugar sobre la transparencia…-Las proyecciones para simbolizar las salpicaduras. Examinemos brevemente a continuación algunos ejemplos de la representación artística del agua a través de la historia.

La representación de la ondulación del agua es uno de los jeroglíficos más utilizados en la lengua del antiguo Egipto.

Los egipcios elevaron a Krum en Dios de los ríos y cataratas. Para ellos el Nilo descendía del cielo para convertirse en un gran benefactor. En nuestra cultura contemporánea, los elementos de nuestra escritura, las letras, solo se representan a ellas mismas. Por el contrario, los elementos de la escritura egipcia, los jeroglíficos, son figurativos, es decir que representan seres u objetos del universo faraónico. En el “Jardín de Nébamon” el agua es representada vista desde arriba con trazos ondulados. Representación del espacio visto desde arriba: cuenca con agua, árboles alrededor. Pero también representación de objetos vistos de perfil con el fin de poderlos identificar bien: diferentes tipos de peces, árboles con sus frutos.

En la Grecia antigua el mar está omnipresente. Vemos a continuación un mosaico expuesto en el Museo Nacional Bardo,Túnez, en el que se representa a Poseidón (Neptuno para los romanos), dios de los mares y los océanos en furia, el que también hace temblar la tierra.

 Puede afirmarse claramente que, para los griegos, el agua es el agua dulce. Se le niega al agua de mar su status de agua simplemente porque es “estéril”, impropia a la hora de participar en el mismo sistema simbólico que las plantas, las flores y los cultivos. Criaturas marinas son representadas de manera tal que puedan mostrar la hostilidad del mar. En la mitología griega Escila es una ninfa que fue convertida en monstruo marino por la maga Circe. Escila se encuentra asociada a Caribdis, quien vive cerca de ella en un estrecho (tradicionalmente identificado como el estrecho de Messina) en cuyos dos extremos se sitúa cada una. Actualmente, la expresión “caer de Caribdis en Escila” significa “evitar un peligro exponiéndose a otro peor”.

Las llamadas culturas precolombinas veneraban a la naturaleza y sus elementos, considerando que los fenómenos cósmicos eran el resultado de dinámicas sobrenaturales. En el Perú antiguo, el agua era signo de fertilidad, de gran significado para la agricultura ya que fertiliza el suelo. Esto se puede observar representado en sitios como Machu Pichu, Pisac y Kenko, entre otros, dónde se encuentran pacchas de piedra en las que el líquido sale por la representación de un falo o de un emblema fálico.

Para los mexicas los dioses principales del agua eran: Chalchiutlicue, diosa de las aguas esparcidas por la superficie terrestre y de los mares; Tláloc, la deidad suprema del agua, que rige la lluvia y vive en el Tlalocan, paraíso del agua ubicado en las entrañas de la Tierra. La divinización del agua en Mesoamérica se remonta a tiempos muy lejanos, como lo atestiguan las máscaras de serpentinas, hachas votivas y representaciones directas o alusivas al agua y la lluvia en el arte escultórico olmeca, así como en los murales y piezas arqueológicas de Teotihuacan. En esta ciudad se encuentra el templo de Tepantitla en el que se puede ver el mural de Tlalocán o Paraío de Tlaloc; en la parte inferior de este mural se observan personajes con modestos atavíos que juegan y nadan junto a parcelas de cultivos situadas en torno a una montaña que emerge del agua; a su vez de ella surge -parte superior-, una deidad, rodeada por sus oferentes.

En el arte bizantino se alcanza una verdadera proeza técnica con el mosaico que logra plasmar la transparencia del agua

Tal y como ocurre con la literatura china, el arte tradicional de esa nación asiática estuvo profundamente influido por el confucionismo , luego por el taoísmo, y más adelante por el budismo. En las obras artísticas chinas las expresiones de la naturaleza, orgánicas e inorgánicas, (rocas, agua, nubes, animales, árboles, hierbas, etc.) tienen cada una su simbolismo; el agua simboliza el yin, la calidad femenina, relacionándola con algo suave, dócil y flexible.

Lao-Tsé decía que «el agua no se para ni de día ni de noche. Si circula por la altura, da origen a la lluvia. Cuando circula por lo bajo, forma los ríos. El agua sobresale en hacer el bien». Sin embargo, el agua también está presente en las turbulencias de la historia humana, participa en modificaciones brutales que el ser humano desarrolla en su periferia consciente.

Como ejemplo de la presencia del agua en el arte de la Edad Media europea mostramos a continuación un detalle de la obra Molinos de agua en Paris.

Extraído del manuscrito de Ives Saint-Denis, pueden observarse los trazos curvos que representan ondas de agua. Por debajo de esas líneas curvas se ven peces: una manera estilizada de lograr la transparencia del agua.

En algunos casos, el agua de los molinos toma el aspecto de una cabellera y en otros, como el ejemplo de abajo, el artista medieval ha intentado poner de relieve la transparencia y la fluidez con una puesta en perspectiva

En los jardines de la Alhambra, obra maestra de la España musulmana, la edificación se refleja en el agua ofreciendo una composición perfecta. Las fuentes dotan de encanto al ambiente de los jardines.

Como representaciones del agua en el denominado “Renacimiento” (también referido a Europa) mostramos primeramente la famosa Venus de Boticelli con un paisaje acuático En el que hay una concha marina y la diosa por encima del agua. La concha no flota y se observa un efecto de transparencia bajo los pies de la joven Venus. El agua es más oscura en el primer plano y más clara en el horizonte.

La otra ilustración es un detalle de una representación del diluvio hecha por Leonardo Da Vinci que resulta de estudios hechos por el artista sobre ciertos fenómenos ligados al agua.

Como muestra de la presencia del agua en el barroco presentamos el cuadro El rapto de Europa del artista flamenco Pierre Paul Rubens (1577-1640).

Podemos contemplar allí un hermoso efecto de profundidad con las nubes que se reflejan en el agua en la que el movimiento intensifica el efecto dramático de la escena.

 El agua, que desempeña un rol importante en la composición, es representada cada vez de mejor manera por los pintores en este período.

En las fuentes del Palacio de Versalles el agua es controlada y manejada, su puesta en escena se convierte en un arte que alcanza su apogeo.

Con la obra La balsa de la Medusa (1818-1819), el pintor francés Théodore Géricault del período romántico representa el agua como factor de desasosiego y aniquilación. En la parte inferior izquierda hay pequeñas olas  que muestran la agitación del mar. En el fondo se observan olas enormes que parecen amenazar a la balsa.

 

En el siglo XIX el pintor inglés Turner mezcla el agua con la luz en un movimiento circular deslumbrante

 

En “Steam-Boat off a Harbour’s Mouth” (1842), Turner hace del agua un pretexto para entrar en la picturalidad con efectos de toques y trazos de pinturas que invaden la tela

Como exponentes conspicuos del impresionismo Auguste Renoir y Claude Monet representan el agua cada uno a su manera.

En La Grenouillére Renoir plasma el agua y sus reflejos con algunos toques           

El agua se hace pintura pura en Los Nenúfares de Claude Monet, masas de pintura se depositan en el lienzo para obtener un efecto plástico nuevo

Con el cuadro Lo que el agua me dio, la pintora mexicana del siglo XX Frida Kahlo apela a la suma de numerosos elementos para definir y evocar su identidad.

En un mundo acuático primigenio flotan y se reflejan plantas, flores, raíces, insectos, aves, cadáveres y personajes del entorno de ella. Se observa un rascacielos que emerge de un volcán. Frida, pequeña y desnuda, logra mantenerse a flote con ayuda de una cuerda. Al fondo vemos un pie sangrante. En el agua la pintora representa todo aquello que la vida le había otorgado.

A finales del siglo XIX y sobre todo en el siglo XX, el agua pasa a ser para los artistas un verdadero elemento de la investigación estética. El agua entra de lleno en las instalaciones de artistas como Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely, quienes han creado esculturas que juegan con el agua de la pileta situada al pie del Centro Pompidou en Paris.

Identificamos ahora dos maneras de aprehender el agua (sustancia para los modernos): la primera es relativa a su conocimiento racional y objetivo; la segunda está ligada a su potencia onírica. Para Gastón Bachelard, el agua es un “ser total” dotado de un cuerpo, de un “alma” y de una “voz”, apareciendo, quizás más que cualquier otro elemento, como una “realidad poética completa”. La creación contemporánea del siglo XXI encuentra hoy en día una ´vía intermedia para trascender la oposición admitida en occidente entre la explicación objetiva del agua hecha por las ciencias o las técnicas y la comprensión del agua como figura poética. Sin crear una confusión entre esas dos aproximaciones a lo real, indisociables del ser humano, el gesto artístico transversal se asienta en un entre-dos, reconciliando lo sensible y lo analítico en torno a las propiedades plásticas de los símbolos y de los factores ambientales del agua.

Con Otoño (2012), Charlotte Caragliu, utilizando agua destilada congelada y hojas de oro, plantea un diálogo entre un conductor y una resistencia. La liviandad de las hojas de oro es atrapada por el hielo. Como el volumen de agua no está completamente congelado, se puede notar un movimiento de las hojas de oro al interior. Cuando ocurre un derretimiento, una de las caras del volumen cede y dejar escapar el líquido.

Vemos así, cómo partiendo de esta perspectiva, cubriendo una gamma de competencias a la vez artísticas y técnicas, se presentan instalaciones que responden a contextos urbanos y paisajísticos específicos; se combinan agua, esculturas, fuentes, instalaciones artísticas, arte cinético en proyectos a la escala del paisaje. Una interesante expresión de esto la constituye la instalación Piscina, obra del artista argentino Leandro Erlich que se encuentra en el Museo de Arte del Siglo XXI, Kanzawa, Japón.

Como parte de toda una historia cultural, presente de manera más específica a lo largo de la historia del arte en todas las latitudes, el tema del agua luce particularmente actual. Es un tema que invita, tanto a nuestra conciencia colectiva como a nuestras sensibilidades individuales, a sumarse a un movimiento cultural comprometido con las realidades ecológicas científicas, tecnológicas, filosóficas, políticas y sociales. Estudiada por las ciencias, controlada por la técnica, sublimada por los poetas, interrogada por intelectuales de las ciencias sociales, el agua aparece desde hace miles de años como un “manantial” vivificante para los imaginarios artísticos.

Autor

Voces por el agua

Ver todos los artículos de Voces por el agua

Compartir

Categorías

Etiquetas

Áreas de trabajo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *