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Diversidad de saberes para la salud sexual y reproductiva. La historia de Yaya, la yerbatera

Salud saberes ecología y mujeres

Mujeres Cuerpos y Territorios

La sabiduría popular latinoamericana es extensa y cada región, pueblo o caserío tiene sus maestras, abuelas, curanderas, parteras o yerbateras, sabias mujeres que cultivan la paciencia de la escucha mutua y la naturalidad del contarse los secretos para el vivir. Estos saberes, que circulan de generación en generación, son transformados en su recorrido por la materialidad de lo disponible – hierbas, plantas, árboles, fuentes de agua – y el hacer sabio manifiesto en técnicas, combinaciones y la identificación de la justa medida.

Encontrarnos con una de estas mujeres que cultivan los saberes para el vivir es un privilegio. La vida moderna que nos separa de la naturaleza nos pone todo al alcance por un precio. Compramos el alimento, la cosmética, la medicina, la salud mediada por un mercado que invisibiliza los procesos de extracción y despojo que en muchos casos hay detrás de las mercancías y por sobre todo los saberes que les son propios.

Cuando conocí a Yaya, Nora Couyi, me encontraba haciendo un taller sobre yerbas medicinales en la Universidad de la Comunalidades, un espacio de construcción de saberes colectivos en torno a lo común, una noción que desde Latinoamérica se ha tejido para dar cuenta de los procesos del hacer comunidad. Estuvimos hablando de yerbas, sus propiedades, cómo usarlas y cómo este saber se le otorgó como un don de la propia comunidad donde habita en el Estado Miranda. Unos años después la he encontrado de nuevo para seguir aprendiendo de ella.

Al hablar de su saber nos cuenta que “Uno cuando vive en la ciudad poco se relaciona con las plantas”, la imagen de la naturaleza que tenemos en la modernidad es todo cortado y podado y Yaya aprendió a no cortarlo todo “cortamos todo, soñamos con flores y el jardín en la casa”. Es diseñadora de profesión e inició haciendo un diplomado en medicina indígena, hoy su casa en Los Altos Mirandinos, en Venezuela, es una escuela donde imparte talleres de sus aprendizajes.

Para ella ha sido un proceso que se ha tejido desde los saberes de la propia comunidad sobre alimentación, apicultura y construcción alternativa.  “En comunidad descubrimos que donde vivimos lo tenemos todo” “para aprender de las plantas hay que saber estar en comunidad, incluso recordar hasta los abuelos, ¿cómo nos curaban antes?” “Cualquier abuelita aquí por lo menos una manzanilla te ha dado”.

Al hablar de su comunidad enfatiza que son muy conocedores de las plantas de sus territorios “En especial quienes nacieron allí, todos saben, los niños ya de pequeños saben qué planta es”, nos dice, “Yo aprendí de las plantas del lugar con un señor que se llamaba Aníbal, su papá era el curandero de la zona, él era el encargado del agua y yo me iba con él porque a donde íbamos él decía: esta planta se llama tal, y sirve para esto y para esto, él es sanador, y rezandero”

Los saberes ancestrales comunitarios se transmiten principalmente a través de la oralidad como parte de la construcción de la identidad y del conocimiento del territorio de los pueblos. Los maestros y maestras de Yaya provienen de su espacio íntimo familiar y su espacio de cultivo espiritual, abuelas, chamanes, parteras y sanadoras son sus acompañantes de lo que describe como un modo de vivir conectados nuevamente con la naturaleza. En tono crítico señala que “sabemos poco porque perdimos la relación con las abuelas y vemos al indígena, así como ¡Ay! el indiecito, y resulta que el indiecito está lleno de saberes”.  Reivindicativamente añade que los pueblos indígenas “no solo curan con las plantas, utilizan el agua, los cuarzos y piedras, el vapor, la tierra, el barro. Las indígenas y campesinas conocen mucho, saben de las lunas (…) necesitamos recordar”.

Darse recetas sobre yerbas, especias o piedras medicinales es algo que hace parte de su vida y de su comunidad. Como mujer estos saberes le han ayudado a ser madre también. Sus dos hijas han recibido sus consejos e incluso una de ellas practica el autocuidado con yerbas. Son además conocimientos que resguardan en especial las mujeres en una relación estrecha entre salud y alimentación pues el trabajo de cuidados de la familia recae principalmente en las mujeres. Para Yaya el alimentarse es parte fundamental de la salud de todas.

Hablamos de cómo estos saberes están relacionados con lo femenino y la salud sexual y reproductiva (SSR). Para un cólico menstrual, para alguna afección urinaria o hemorrágica, para el post parto, para los dolores “hay muchas yerbas para la salud de las mujeres: la artemisa[1], la rosa de montaña, sábila, manzanilla, malojillo, toronjil, son de esas yerbas para la salud de las mujeres, hay que aprender a usarlas.” Hay algunas como el dividivi[2] que es de calor y aunque le cueste conseguirlas en la montaña donde habita con su familia se las ingenia, “una tiene sus redes, un amigo me las trae de Charallave, intercambiar es lo más hermoso que hay, el trueque es lo más hermoso que hay, yo con todas estas dificultades he utilizado más el trueque, todos ganamos”.

Estos saberes se están perdiendo, incluso muchas yerbas que antes se veían ya no se encuentran, nos cuenta con pesar. Sin embargo, el tejer redes para preservar y proteger estos saberes son parte de las acciones necesarias que hoy permiten cuidar la salud de las mujeres.

Como lo señala la organización Católicas por el Derecho a Decidir – Colombia “Cuando hablamos de Derechos Humanos, y en particular de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos (DSR), hablamos precisamente de la capacidad de hacer que estos derechos sean una realidad en el cuerpo y la vida de las personas” (2020:9), de esta manera los saberes ancestrales para la salud sexual y reproductiva son parte de los saberes que hay que rescatar, visibilizar y revindicar, y que constituyen formas de resistencia y dignidad.

Una de las iniciativas que trabaja en Venezuela por la Salud Sexual y Reproductiva de las mujeres es La Alianza Organizaciones Salud para Todas, #SaludParaTodas, integrada por organizaciones feministas y por los derechos de las mujeres y diversidades en Venezuela, entre las que se cuentan: la Asociación Venezolana para una Educación Sexual y Alternativa (AVESA), Fundación por la Lucha Contra el cáncer de mama (FUNCAMAMA), Asociación Civil de Planificación Familiar (PLAFAM), Asociación Larense de Planificación Familiar (ALAPLAF), Unidad de Investigación y Estudios de Género Bellacarla Girón Camacaro, Mujeres por los Derechos (MUDERES) y Las Comadres Púrpuras , entre otras. Estas organizaciones han mantenido una campaña desde marzo 2021 en donde han visibilizado las dificultades que atraviesan las mujeres venezolanas en la garantía de sus DSR y han realizado un trabajo importante de incidencia para que el proyecto de reforma de la Ley de Salud en Venezuela contemple los DSR de las mujeres.

En la voz de la comadre Argelia “las mujeres indígenas tienen muchos problemas y limitaciones para ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, desde la ausencia de traductores para mediar con el equipo de salud e informarse, hasta la desvalorización de sus saberes y practicas ancestrales, su forma de parir, de cuidar de sí mismas, su visión de la salud”. Por ello en la propuesta que esta alianza hace para la reforma de la Ley Orgánica de Salud en Venezuela se incluyen elementos debatidos por mujeres indígenas. Indican que “aunque la noción de Buen Vivir está incluida en la propuesta de reforma de la ley mencionada es algo poco comprendido en Venezuela y asociado a la política de gobierno sin profundidad o valoración de su real significado, hay mucho desconocimiento y desinformación”.

Otra acción de la alianza es La Campaña #SaludParaTodas (2021), que visibiliza también los derechos a la salud integral de las mujeres indígenas y afrodescendientes. Esto cobra importancia en especial en un país en donde el avance y diversificación del extractivismo, y en donde la minería y la gran cantidad de derrames petroleros comprometen la salud de las mujeres en territorios donde habitan sus pueblos indígenas y comunidades campesinas y de pescadores.

Existe un problema de exclusión de los DSR de los pueblos originarios, campesinos y afrodescendientes, de los saberes de la cultura popular, y estos son parte de los saberes para el mejoramiento de la Salud Sexual y Reproductiva (SSR). La posibilidad de la articulación intercultural de diversos saberes y conocimientos posibilita una perspectiva interseccional sobre los DSR “que reconozca las experiencias de vida de las mujeres con sus especificidades culturales, sociales, económicas y políticas, que están atravesadas por múltiples categorías, cosmovisiones, saberes, sabores, imaginarios, espiritualidades y creencias que transforman y resignifican el sentido de la sexualidad y la reproducción” Sandra Mazo (2020:4)

Otro elemento importante en esta interseccionalidad deseada es el acceso por motivos económicos tanto a un aborto asistido, como a un parto humanizado o a la información adecuada sobre el amamantamiento. Hablamos con Diana, quien tuvo su pequeño en pandemia y no pudo acceder a un centro de salud para parto humanizado, considera que, aunque hay una ley en Venezuela al respecto la realidad está muy lejos, resulta un tema de privilegios y con muy poca información para las mujeres. “Es casi un asunto de suerte conseguir a alguien preparado para un parto humanizado y los centros de salud que cuentan con las condiciones y personal capacitado son muy pocos e inaccesibles para las mujeres pobres”.

Para quienes han podido tener acceso la experiencia del parto humanizado esta ha sido placentera y es un espacio de autonomía. Para Lía “poder contra con acupuntura, una doula o compañera de parto y un espacio de libertad para elegir la posición en la que quiso parir fue empoderante, “la medicina tradicional a veces nos trata a las mujeres embarazadas como si estuviésemos enfermas, nos obligan a parir en una posición cómoda para el médico y en realidad es poco lo que decidimos, tener acceso a estos que son saberes de siempre para las mujeres, así parían las abuelas, ha sido importante para mí”. Yaya nos cuenta que desde su experiencia estos son momentos en donde conocer sobre las yerbas y sus poderes ayuda a la recuperación del útero, el proceso del parto y a la conservación del calor que es fundamental tanto en el parto como en la menstruación.

Los DSR son la base de la autodeterminación de las mujeres sobre sus cuerpos su vida sexual y su salud integral por lo que son decisivos para una vida digna para todas.  Los DSDR están en relación con la salud, el cuidado, el cuerpo, la sanación, la autonomía y el derecho a decidir de las mujeres desde sus saberes y diversidad de conocimientos. Como nos dice Yaya “todo medico deberá tener este conocimiento bien sea para usarlo y cultivarlo o para aprender a valorarlo”.

Referencias:

Sandra Mazo (2020). Saberes y sabores en clave de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos. Católicas por el derecho a decidir – Colombia. Disponible en: https://cddcolombia.org/wp-content/uploads/2021/03/Saberes-y-sabores.-En-clave-de-derechos-sexuales-y-derechos-reproductivos.-Ajustado-V15012021-min.pdf

Puleo, Alicia (2012). Contrareforma patriarcal en nombre de la ecología. Disponible en: http://www.mientrastanto.org/boletin-105/notas/contrarreforma-patriarcal-en-nombre-de-la-ecologia

Campaña #Saud Para Todas. Alianza de organizaciones de mujeres. Venezuela. Disponible en: https://avesa.blog/2021/03/01/alianza-de-organizaciones-de-mujeres-inicia-campana-saludparatodas-es-nuestro-derecho/


[1] Artemisa Es una planta por esencia que se relaciona con la feminidad, su nombre hace referencia a la Diosa de la Caza, protectora de la vida femenina, de los partos y embarazos, inspira independencia, es sustentadora y poderosa. Se dice que dejar algunas de sus hojas secas debajo de la almohada fortalece las habilidades psíquicas y del sueño. No puede faltar en las recetas ya que resalta las diferentes formas de ser mujer y sus particularidades (Manual de saberes y sabores. Mazo, 2020).

[2] Dividivi es como se conoce popularmente a la Caesalpinia coriaria, un árbol o planta medicinal nativa del continente americano, principalmente presente en el sur de México, gran parte de Centroamérica y las Antillas, así como en el norte de Sudamérica. Yaya recomienda sus semillas en baños de asentamiento para los dolores menstruales.

Autor

Liliana Buitrago

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