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Minería y Opulencia kitsch enemigos de la Amazonía venezolana

Invitados fiesta en el Tepuy Kusari

La Amazonía venezolana, cuna de una mega biodiversidad increíble, del patrimonio cultural más antiguo y extraordinario de nuestro país, se encuentra amenazada no sólo por fiestas de las élites fantoches, sino por la voracidad del extractivismo nacional y extranjero; que arrebata todo ese maravilloso patrimonio natural, cultural y nuestra reserva de vida.

Ver También: Minería aurífera en la Amazonía venezolana y degradación ecológica de la vida. Efectos ecocidas, genocidas y etnocidas.

El avance alarmante de la minería

La minería avanza incontenible bajo la indiferencia pública y la promoción velada de un gobierno que sigue proclamando a todas voces que el Arco Minero será la solución económica del país. La organización socio-ambiental Wataniba ha señalado que las superficies afectadas por la actividad minera han pasado de 34.000 hectáreas en 2019, a 113.200 hectáreas (una superficie cercana a la de Nueva York) en 2020 y alrededor de 134.000 hectáreas en 2021; una extensión que equivale a dos veces Singapur. Lo que demuestra la increíble expansión de la minería en estos territorios, aparejada de todos los estragos que conlleva, talas, contaminación de ríos, violencia contra las comunidades indígenas y criollas asentadas en el territorio, vulneración de los derechos humanos, conflictos armados entre grupos paramilitares y criminales.

Esta actividad minera refleja además un importante volumen comercial, que exige el uso de transportes para movilizar la mercancía, de allí que un trabajo de investigación bastante detallado, realizado por El País de España, indica la existencia de unas 42 pistas de aterrizaje junto con las minas ilegales; el trabajo cuenta con un mapa y fotos de las pistas con su cercanía a las minas y la evolución en el tiempo de las mismas. Se informa que a diario las avionetas pueden despegar de estas pistas cargadas con 40 a 100 kilos, así como el transporte de víveres a las minas desde las propias avionetas o helicópteros. El reportaje igualmente hace referencia a la esclavitud y violencia que se ejerce sobre los indígenas que resisten en sus territorios el avance de la minería. En este informe se habla de cifras de deforestación que duplican las reportadas por Wataniba, agregando que gran parte de estas se deben a las actividades agrícolas vinculadas con la expansión de las actividades extractivas. Igualmente se explica que las imágenes satelitales revelan unos 3.718 puntos con explotaciones ilegales de oro en los estados Amazonas y Bolívar.

Ver También: Arco Minero del Orinoco y malaria: impactos de la minería en la salud.

Un Deleznable Show encima de un Tepuy

Además de este cuadro lamentable y terrible de devastación en la Amazonía, recientemente un grupo de personas pertenecientes a una élite económica de la sociedad venezolana, han organizado un festejo en la cima de un tepuy en el estado Bolívar, violando con ello, las normativas legales y poniendo en riesgo un ecosistema delicado, único y bastante frágil al acondicionar el espacio para su francachela. A pesar de que este tipo de eventos suelen darse con cierta regularidad, fuera del foco mediático, siendo denunciado por activistas, la visita de personajes de la farándula venezolana y la forma en que fue publicitado, jactándose del crimen ambiental con total impunidad ha generado una masiva indignación ante la desvergüenza de estas personas, que siguen insistiendo en que volverán a organizar o visitar eventos como este.

Además de las desigualdades, además de la violación de los DD.HH, los despojos territoriales, expulsión de sus comunidades; la enorme pobreza que asola al país, obligando a millones a abandonar sus hogares a buscar un nuevo futuro. Este grupo de personas no tienen la vergüenza de exponerlo, además en medio del desastre ambiental de nuestra Amazonía. No sólo es una fiesta, son muchas que se hacen con mayor discreción, son hoteles, construcciones masivas, pistas de aterrizaje, transformación del entorno; amenazando la fragilidad de esos ecosistemas, tal como sucede en otros espacios protegidos como el cerro el Ávila o las playas de Yapascua en el Parque Nacional San Esteban. La amenaza a la naturaleza se extiende por todo el país, ante la prepotencia y vanidad de una élite que mira con desdén la vida, su propia vida y la de los demás.

Autor

Erick Camargo

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