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Ríos y peces migratorios del Orinoco: lo que debemos conocer

Semaprochilodus. Foto: J.R. Tropical Fish.

Por : Douglas Rodríguez-Olarte*

La Venezuela fluvial

Venezuela está entreverada por miles de kilómetros de ríos. Estos nacen en las cumbres de la cordilleras andina y de la costa, nacen del Macizo de Guayana, nacen en las áridas laderas al mar, nacen en los llanos y en las cavernas, nacen a cada paso de esta geografía húmeda y tropical. Hay ríos que drenan las montañas andinas y confluyen en el Lago de Maracaibo, como el Catatumbo y el Chama, que dominan en la cuenca por sus caudales y superficies. Al norte, en la larga franja costera que drena al mar Caribe, hay muchos ríos pericontinentales, como los históricos Tocuyo, Tuy y Manzanares. Algunos ríos desembocan en sistemas endorreicos y caen el Lago de Valencia, otros fluyen a hidrosistemas mayores, como el Cuyuní, que derrama al Esequibo, o el Brazo Casiquiare, una asombrosa captura fluvial que deriva parte de las aguas del Alto Orinoco hacia el río Negro y de ahí al portentoso Amazonas. Pero la mayoría de los ríos -y los más grandes- se concentran en la gran cuenca del Orinoco. Y es ahí donde ocurren las espectaculares migraciones de peces que describiremos en este reporte.

La cuenca del Orinoco drena cerca de un millón de kilómetros cuadrados y cuenta con un poco más de 40 grandes tributarios. Por un lado, están los ríos que descienden de los páramos andinos a miles de metros de altura (Guaviare, Meta y Apure) y del antiguo Escudo de Guayana (Inírida, Ventuari, Caura y Caroní), así como otros que nacen y deambulan por las planicies llaneras (Cinaruco y Capanaparo).

Estos paisajes tienen relieves y ecosistemas variados, incluyen desde páramos helados hasta selvas vaporosas; además, de ellos manan aguas blancas, claras y negras; las primeras cargan grandes volúmenes de sedimentos andinos, las segundas son límpidas y se identifican en los piedemontes y planicies, mientras que las aguas negras por lo general drenan tierras antiguas y muy lavadas, donde predominan los efluvios ácidos vegetales. Con esta particular combinación de atributos biogeográficos se asocia una relevante diversidad biológica acuática, donde los peces destacan con más de mil especies descritas. De esas especies hay centenares migratorias; esto es, se desplazan periódicamente entre diferentes ambientes acuáticos acorde con las variaciones del clima.

Un clima cambiante y predecible

El clima en la cuenca del Orinoco es macrotérmico. Hay calor, principalmente en las tierras bajas, pero cuando se asciende por las montañas la temperatura disminuye en proporción, al punto de que el agua se congela en las mayores cumbres andinas. La precipitación varía mucho: llueven unos 4000 mm en el suroeste andino y en el Escudo de Guayana, llueve un poco menos en el delta del Orinoco y en los llanos, pero en algunos sectores las lluvias son realmente escasas, como en las tierras áridas de Lara-Falcón y las laderas al sur de la Serranía del Interior.

El ciclo anual de precipitaciones es una respuesta a la zona de convergencia intertropical; esta se desplaza en dirección sur-norte; así, en el Alto Orinoco las lluvias inician entre marzo y abril, mientras que en los llanos lo hacen entre abril y mayo. La sequía es notoria y severa en algunos paisajes, como en los llanos, donde ocurre entre diciembre y marzo, pero luego aparece el período de lluvias y sus precipitaciones se concentran entre abril y noviembre. Las diferencias entre periodos climáticos son extraordinarias: durante el periodo húmedo los ríos tienen poderosas crecientes, las lagunas se unen con las vías fluviales y las planicies se transforman en vastos y someros lagos interconectados. Ahí la vida bulle y se reproduce masivamente, todo lo ocupa y se esparce por la cuenca a merced de las aguas, como los peces migratorios.

El ciclo de las migraciones: la ribazón

El fenómeno de la migración de peces en los ríos del Orinoco es un evento energético, vital y sociológico. Cada año miríadas de peces remontan, descienden o intercambian residencias entre ambientes lóticos y lénticos, algunos nadan por cortas distancias mientras que otros recorren miles de kilómetros. El Orinoco es una cornucopia de la biodiversidad acuática y acaso contiene unas 200 especies de peces migratorias, con cerca de la mitad con importancia en las pesquerías. Algunas especies migran longitudinalmente por largas distancias, como el gran bagre dorado (Brachyplatystoma rousseauxii), cuyos juveniles permanecen en el tramo final y el delta del Orinoco para luego remontar hacia los llanos altos y piedemontes; otros tienen recorridos menores pero notables, como el coporo (Prochilodus mariae), que intercambia residencias entre los piedemontes y planicies llaneras. Algunos se desplazan entre los cauces, lagunas o sabanas inundadas.

Los cardúmenes migratorios son grandísimos y usualmente con varias especies que se desplazan en grupos mezclados o diferenciados. En las riberas van las humildes sardinitas (Astyanax, Triportheus) y los supernumerarios coporos, así como las palometas, cachamas y morocotos (Mylossoma, Colossoma, Piaractus), recorren aguas más profundas. Asociados o al acecho van los grandes depredadores, como los bagres rayados (Pseudoplatystoma), cajaros (Phractocephalus), dorados y valentones Brachyplatystoma).

Figura 1. Una sapoarita (Semaprochilodus laticeps), habitual en las migraciones del Orinoco. Fotografía de Douglas Rodríguez-Olarte (2004).

La secuencia migratoria se describe así: al final de las lluvias y en momentos de bajadas de aguas, los peces migratorios empezarán su ascenso desde las planicies y tierras bajas hacia los llanos altos y piedemontes o peniplanicies. Dejan atrás a la sequía y sus estragos, porque es bien conocido que en las tierras bajas del Orinoco en el periodo seco es intenso y hasta catastrófico, con la disminución de las corrientes y niveles de aguas, lo cual se acompaña con el aumento de la densidad, incluyendo depredadores, la temperatura y la incidencia de patógenos, entre otros estresores.

Son momentos difíciles para los peces y, por estrategia evolutiva, estos emigran para escapar del violento incremento de la resistencia ambiental. Los migrantes deben eludir variados peligros en su camino fluvial. Por los ríos libres subirán los cardúmenes, estos permanecerán en los piedemontes y llanos altos; ahí madurarán sus gónadas hasta que las lluvias y las crecidas de los ríos los invitarán a consecutivas y tumultuosas migraciones descendentes para unir huevos y espermas a plenitud y en medio de las aguas turbulentas y anónimas.

Las grandes manchas de huevos -muchos ya fecundados- serán arrastrados en las corrientes, todo en medio de una intensa depredación. Este peligroso viaje llegará a término muchos kilómetros río abajo, cuando las corrientes depositen el delicado prodigio entre la enmarañada vegetación de las riberas y sabanas inundadas, ahí los alevines crecerán rápido y a resguardo. Este es el maravilloso ciclo de los peces migratorios.

Pesquerías y presas, los principales estresores

La ribazón ascendente es delatada de inmediato por los lecos rurales y la noticia se disemina por el Orinoco y sus tributarios; pronto, en las riberas del Arauca, el Apure o el Caura, las redes y trampas ya están refaccionadas y se alistan las canoas, mientras que en caseríos y ciudades se planifican los tradicionales viajes de pesca. Es la pesca un modo de vida ancestral y primordial, esta congrega y enrasa a pueblos criollos e indígenas, a niños y vegueros, a maestros y políticos, cada uno con esperanzas que se riñen con la abundancia providencial.

La ribazón es siempre bienvenida con alegría y fiestas en los pueblos, donde todos pescan y todos deberían comer pescado, desde la humilde familia ribereña que esgrime su sarta de chechecos, chorroscos y tusas, pasando por el compadre que recibe el regalo de unas luminosas palometas y rechonchas sierras, hasta los caveros, feroces intermediaros que multiplicarán los precios y desaparecerán decenas de miles de toneladas de pescado tras las permeables fronteras internacionales y los mercados nacionales.

Las pesquerías en el Orinoco y sus tributarios son artesanales y rudimentarias, pero a la vez son intensas y extensas, incluyendo eventualmente a la pesca deportiva. En cualquier caso, para los cardúmenes ascendentes aumenta el peligro en cada nuevo meandro, en cada tributario, ahí aguardan las redes y los anzuelos que diezmarán las poblaciones.

Ya existen advertencias: los registros históricos de las pesquerías en los grandes ríos del Orinoco muestran una preocupante y progresiva disminución de los volúmenes de pescado para casi todas las especies migratorias.

Además del permanente acecho, en varios ríos los peces se toparán con corrientes alteradas por derivaciones, diques y grandes presas, como las de Boconó-Masparro o Tucupido. No hay escape, es el fin de la migración y sobreviene la mortandad.

Cada año los peces mueren en demasía, tanto por su insistencia natural en remontar y chocar contra el concreto, así como por la eventual anoxia en las aguas. Valen mucho las asistencias ciudadanas y voluntarias, así como las de funcionarios especializados, para salvar fracciones de estas faunas condenadas, pero la tragedia acuática sobrepasa los esfuerzos.

Figura 2. Presencia del coporo (Prochilodus mariae) en la cuenca del Orinoco. Aun cuando esta especie tiene una amplia distribución y la categoría IUCN es de Preocupación Menor, se reconoce que sus poblaciones están decreciendo a causa de la pesca (Fuente: Mojica et al. 2021). Modificado de http://www.iucnredlist.org/

Los impactos sobre los cauces, las aguas y las cuencas hidrográficas continúan y se diversifican, Hay demasiadas presas y “caudales ecológicos”, principalmente en la cuenca del río Apure, también hay cauces transformados, derivaciones descontroladas de aguas para pueblos sedientos y agriculturas extensivas. También destacan la contaminación por las aguas servidas de millones de habitantes, las horrendas minerías de oro y los consecutivos derrames de petróleo. Mientras, las flotas pesqueras aumentan en número de embarcaciones y en faenas. No obstante, los peces migratorios son muy resilientes y varias especies aún muestran elevadas cosechas pesqueras, como los coporos; pero cada especie tiene tolerancias particulares, como ocurre con la enorme cachama (Colossoma macropomum), cuyas poblaciones ahora son muy reducidas y sus capturas eventuales.

Todo lo anterior es una demostración y recordatorio de la necesidad de aceptar las evidencias científicas -y los signos naturales- que claman para liberar los ríos represados, para estudiar la dinámica de las poblaciones migratorias, para evaluar las amenazas sobre especies en riesgo, para actualizar los tamaños mínimos de captura y los tiempos y lugares de pesca; pero también se clama por un mejor seguimiento y control de las pesquerías, donde la autogestión y el monitoreo sean el bastión para la conservación de los peces migratorios y los ríos donde sobreviven.


Literatura de interés:

González, A., Mendoza, J., Arocha, F., & Márquez, A. 2016. Caracterización de la pesca artesanal en el río Orinoco sector Caicara-Cabruta 2004-2008. Zootecnia Tropical, 34(1), 23-35.

Lasso, C. A. y P. Sánchez- Duarte 2011. Los peces del delta del Orinoco. Diversidad, bioecología, uso y conservación. Fundación La Salle de Ciencias Naturales y Chevron C. A. Venezuela. Caracas.

Machado-Allison A. 2020. Los peces de los Llanos de Venezuela. Un ensayo sobre su historia natural. Universidad Central de Venezuela. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico. Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Caracas.

Mojica, J. I., DoNascimiento, C., Rodríguez-Olarte, D., Taphorn, D. C., Usma, S. & Herrera-Collazos, E.E. 2021. Prochilodus mariae. The IUCN Red List of Threatened Species 2021.

Montoya, J. V., A. Osío, M. C. Pérez & V. Pineda. 2017. Los ríos de los llanos de Apure. In: Ríos en riesgo de Venezuela. Volumen 1.D. Rodríguez-Olarte (ed): 75–107. Colección de Recursos Hidrobiológicos de Venezuela. Universidad Centro occidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Venezuela.

Rodríguez, J. P., García-Rawlins, A., & Rojas-Suárez, F. 2015. Libro Rojo de la Fauna Venezolana. Provita y Fundación Empresas Polar. Caracas, Venezuela.

Rodríguez-Olarte, D., & Kossowski, C. 2004. Reproducción de peces y consideración de ambientes en eventos de crecidas en el río Portuguesa, Venezuela. Bioagro, 16(2), 143-147.

Taphorn DC. 1992. The characiform fishes of the Apure River drainage, Venezuela. Biollania Edición Especial. Caracas, Venezuela: Congreso de la República de Venezuela.

*Colección Regional de Peces. Museo de Ciencias Naturales. Decanato de Agronomía. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, UCLA. Barquisimeto, estado Lara, Venezuela. Accesos: [email protected]; @faunario

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Voces por el agua

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