Artículos

Alternativas al extractivismo en y desde la Amazonía venezolana

Alternativas al extractivismo en y desde la Amazonía venezolana

Por: Wataniba – María A. Oliveira-Miranda, María Teresa Quispe y Luis Bello

NO. 2 Revista Territorios Comunes


Los pueblos indígenas venezolanos, en función de su historia de contacto con las comunidades criollas, tienen una dependencia mayor o menor de bienes y servicios que está más relacionada con ese mundo criollo que con sus culturas ancestrales. En ese sentido, las condiciones de acceso limitado a productos como gasolina, medicina alopática –especialmente para enfermedades como la malaria, el sarampión, la tuberculosis–, insumos para las escuelas, artículos tecnológicos de comunicación, participación en procesos educativos criollos, entre otros, han llevado al surgimiento de necesidades económicas que requieren ser sufragadas.

Por otro lado, la existencia de una gran cantidad de recursos minerales a lo largo y ancho de las tierras y hábitats ancestrales de estos pueblos, en especial en la región amazónica y de la Serranía de Perijá, ha despertado el interés de diferentes actores (dependencias oficiales, empresas nacionales e internacionales y grupos ilegales). El mismo se ha expresado en acciones de explotación en diferentes escalas y niveles de anomia[1] (Durkheim 1897, Merton 1964). Por ejemplo, el gobierno nacional decretó la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco (Decreto 2.248, Gaceta Oficial 40.855, 24 de febrero de 2016), con una extensión que abarca más de 12% de la superficie terrestre nacional. Es decir, es un territorio mayor que Honduras, Cuba, Guatemala, Portugal, Panamá y otros cien países (Provea, GTAI, Laboratorio de Paz 2016). Se trata de una iniciativa de megaminería en diversas escalas, que incluye múltiples minerales como el oro, la bauxita, el coltán o los diamantes que no ha respetado los procedimientos establecidos en la ley venezolana vigente, no se plantea normas de relacionamiento coherentes con el marco jurídico nacional y tiene consecuencias negativas potenciales altamente destructivas que trascienden la salud de los venezolanos criollos e indígenas, así como sus ecosistemas, ya que el área de influencia alcanza al Caribe y el Atlántico.

Muchos de los pueblos indígenas venezolanos, en especial los amazónicos, se encuentran amenazados de múltiples formas por esta nueva faceta del extractivismo. Por un lado, sus territorios se negocian sin consulta previa alguna (Provea, GTAI, Laboratorio de Paz, 2016).  El proceso no ha cumplido, como se mencionó, con los requisitos de ley previstos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica del Ambiente, Ley Orgánica para la Planificación y Gestión de la Ordenación del Territorio y la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas (Provea, GTAI, Laboratorio de Paz, 2016). Por otra parte, grupos ilegales, aupados o no por actores con interés en los recursos minerales de esas tierras, irrumpen en la estructura social de estos pueblos con violencia, donde el asesinato, las violaciones y otros tipos de vejaciones son la orden del día, con el fin último de eliminar cualquier atisbo de resistencia y trayendo un aumento de enfermedades de diferente índole.

Además, se conoce que, en buena parte de los casos, la incorporación de hombres indígenas al negocio de la minería ilegal ocurre en condiciones que podrían denominarse de esclavitud, mientras las mujeres indígenas ingresan como cocineras y, en muchos casos, pasan al negocio interno de la prostitución (Mongabay Latam, 2018). Las mafias de la minería ilegal ejercen control sobre áreas que hacen parte de los territorios ancestrales indígenas (López, sf), les cobran altas “vacunas” (cobro ilícito de peaje o impuesto) a los propios indígenas para el ingreso y por la extracción del metal. Este control es ejercido a la fuerza, con armas de alto calibre que sólo un Estado responsable y bien organizado podría enfrentar con múltiples medidas, no sólo militares.

Frente a las denuncias de las comunidades y organizaciones indígenas, se les ha tildado a estos de mentirosos o de estar manipulando información con fines políticos. Es un panorama triste, donde enfermedades como el paludismo (malaria) y las enfermedades de transmisión sexual se fortalecen, donde múltiples comunidades son abandonadas por sus hombres, que dejan a las mujeres y a los niños trabajando solos por la supervivencia individual y colectiva; donde el agua deja de ser un recurso para ser, de origen, un desecho. La estructura social y cultural de las comunidades y, potencialmente, de los pueblos, se desintegra. Los daños son ambientales y socioculturales. Este complejo panorama ha llevado a muchos indígenas de pueblos y comunidades amazónicas a considerar la minería con “bulla”[2] bajo su propia administración, como una posibilidad real para mantener el dominio sobre sus territorios, lograr acceso a diferentes bienes de consumo, necesarios o no, con la idea de que de esa manera los “intrusos” se mantendrán a raya y evitarán la transformación social. No obstante, esta decisión obvia las consecuencias sociales, culturales, ambientales y de salud concomitantes a la minería, en especial de oro, además del complejo entramado de mafias que se ha instalado en la región.

En general, la explotación de las riquezas minerales de nuestro país con poco o ningún tipo de control social y ambiental, sin respeto hacia los pueblos indígenas y sus tradiciones, da cuenta del nivel de amenaza que representa el extractivismo para el presente y el futuro inmediato. Como país, nos urge y es obligatorio, de cara a una ética social y ambiental, identificar alternativas a este proceso.

 

La diversidad biológica y cultural como parte de la solución

 

Una de las características de nuestro país es que cuenta con extraordinarias bellezas naturales y con una gran diversidad natural (genética, de especies y de ecosistemas) y cultural. Esto nos permite buscar modelos de bienestar mediante el manejo exitoso y socioambientalmente cónsono de esta biodiversidad. Posibilidad ésta que es además un deber, ya que resulta injustificable, desde una perspectiva socioeconómica, proponer la expansión de acciones extractivistas en la Amazonía.

Algunos países en el mundo, y más cercanamente en América Latina, han hecho de su diversidad de paisajes, de flora y fauna, su bandera para el turismo. En algunos casos bajo modelos depredadores y nada coherentes con la sustentabilidad socioambiental. No obstante, y más recientemente, Brasil, Perú, Colombia y la misma Costa Rica han convencido al mundo de lo extraordinario que es visitarlos para disfrutar de sus condiciones naturales. Algunos, como la misma Costa Rica, han convertido la sustitución de combustibles fósiles por el uso de energías no contaminantes en su norte, con miras a reducir el impacto del cambio climático y a seguir protegiendo la diversidad que la distingue en el ámbito mundial (Minaet, 2011). Brasil ha logrado posicionar derivados de especies vegetales y animales como un referente en el mundo gastronómico, artesanal y utilitario, así mismo, ha hecho, conjuntamente con Perú, Colombia, Ecuador e, incluso, Bolivia, que la comida y bombonería amazónica comience a tener un lugar en el panorama mundial[3].

Se han comenzado a escribir libros sobre el tema (Ver Gutsche, A. 2008. Frutas Amazónicas, postres peruanos de vanguardia) y se les reconoce como una fuente de divisas y negocios[4]. Venezuela se ha unido a este concierto de sabores con la participación de chefs de alta cocina, como Nelson Méndez, quien luego de experimentar por larga data la alta cocina internacional, vuelve a sus raíces para rescatar y darle un sitial a lo amazónico dentro de los sabores nacionales. Este chef cuenta con un libro de su autoría (Saberes y Sabores de la Gastronomía Indígena del Estado Amazonas), además de otros bajo colaboración, y ha creado la escuela de comida amazónica (Instituto Culinario de Investigación Amazonas) en Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas[5], al cual se han unido otros chefs.

 

Amazonía venezolana: la gran desconocida

 

Al referirnos a la Amazonía venezolana, conformada por el Escudo Guayanés y la parte norte del estado Delta Amacuro –es decir, estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro–, encontramos un territorio con una gran diversidad de especies y ecosistemas (Huber y Oliveira-Miranda, 2010), con abundantes hitos geográficos de gran belleza y una cantidad importante de especies de alto valor nutritivo y cada vez más reconocidas por su valor gastronómico, como ya se mencionó. Es además, el asiento de la mayor diversidad de pueblos originarios del país (RAISG 2015, Capítulo Venezuela).

Sin embargo, la mayor parte de los venezolanos desconoce su existencia y, muy por el contrario, mira hacia el sur del país como un territorio agreste y vacío, poseedor, –en el mejor de los casos–, de agua, minerales y plagas. Por ejemplo, pocos saben que uno de los sitios más probables para el origen evolutivo del género piña – Ananas –, así como para su domesticación es el Escudo Guayanés, cuencas del río Orinoco y río Negro (Leal 1981, Clement y col., 2010;d’Eeckenbrugge y col., 2011). Se trata de variedades (probablemente especies) con características diferentes en términos de sabor y textura, las cuales ocupan una amplia variedad de hábitats. Se sabe ahora que contamos con una alta variedad de tipos de piña en condiciones silvestres y también en condiciones de cultivo, consecuencia del uso de técnicas específicas por cada pueblo nativo. De esta forma, y gracias a las bajas tasas de deforestaciónque tradicionalmente ocurría en estos territorios, se ha logrado mantener una alta diversidad genética, lo que representa la mayor posibilidad para la conservación de este rubro de la alimentación, que ha sido considerado como uno de los mayores aportes de América al bienestar humano, sin menoscabo de la importancia de miles de otras especies (d’Eeckenbrugge y col., 2011).

En ese mismo orden de ideas, pocos saben que la palma manaca venezolana es también un tipo de azaí – el famoso açaí de Brasil–, planta a la que se han asociado gran cantidad de propiedades nutricionales, y que el copoazú (o copuaçu en portugués), hermano de nuestro cacao, ha sido cultivado desde tiempos ancestrales en diferentes zonas del estado Amazonas, y siendo que ahora es un rubro de alto valor en el mercado internacional para la industria de la alimentación, la cosmética y la medicina. Es también casi desconocido que la llamada nuez o castaña de Brasil, nuez boliviana o nuez amazónica (entre otros nombres comunes), una de las nueces o castañas más importantes y costosas en el mercado internacional, también se encuentra en nuestra amazonia y es conocida como yuvía por los Yanomami venezolanos. Esta nuez posee una diversidad de beneficios para la salud, además de su uso en la gastronomía. Esta situación se repite con una gama de especies, donde podemos destacar los ajíes (Capsicum), la sarrapia, entre otras. Es decir, son plantas que ya son utilizadas de manera rutinaria para usos gastronómicos, medicinales, cosmetológicos (y muchos más) con altos valores de negociación, pero que son prácticamente desconocidas a lo interno de nuestro país. Esto sin hablar de los productos de origen animal.

 

La diversidad natural y cultural como la gran aliada contra el extractivismo

 

Múltiples técnicas para la producción y uso de estas especies forman parte del acervo cultural de nuestros pueblos originarios. Si se logra que eso además ocurra en el marco de contar con certificados de denominación de origen, certificados de productos verdes, avales de comercio justo y de comercio verde, entre otros, podrían ser verdaderas alternativas para la generación de ingresos, tanto para las comunidades y pueblos originarios, como para Venezuela como país. Una de las grandes amenazas para alcanzar estos objetivos es la biopiratería, que conlleva el riesgo de que terceros obtengan o registren patentes internacionales que bloqueen el uso posterior de determinada especie por parte de quienes son sus tenedores tradicionales. Otra amenaza es que se pretenda seguir manteniendo modelos de desarrollo contrarios al bienestar de las sociedades y de su ambiente.

Por otra parte, actividades como el ecoturismo han sido reconocidas entre las de mayor potencial para la generación de divisas para nuestro país y, en ese sentido, ha sido llamado el petróleo verde, no por los efectos negativos del petróleo, sino por las posibilidades que representa en términos de reactivar la economía del país (Pestana, 2015; 2018). No como un elemento rentista, sino como un elemento dinamizador del bienestar socioambiental. Revistas y portales especializados internacionales reconocen a nuestro país entre los diez primeros lugares con potencial ecoturístico (Fuenmayor, 2015). Expertos han manifestado que sería bastante más sencillo colocarnos en el top 5 de los países de mayor importancia en el mundo del ecoturismo, que lograr remontar la posición 140 que actualmente tenemos en cuanto al buen servicio del turismo tradicional, asociado mayormente a turismo masivo (Fuenmayor, 2015; Pestana, 2018). Diversos ecosistemas e hitos geográficos amazónicos han sido listados entre los sitios a visitar alguna vez en la vida[6]. Es decir, las posibilidades son enormes, con respeto hacia los pueblos originarios, sus tierras y, finalmente, nuestros ecosistemas. Además, finalmente la idea es que las comunidades indígenas participen y se beneficien directamente de esta actividad.

Es nuestra opinión que, tanto en el caso del país, como en el caso de los pueblos originarios, el ecoturismo y la comercialización de productos obtenidos a partir de prácticas socioambientalmente cónsonas, representan una verdadera oportunidad, en especial si se orientan adecuadamente a un sector cada vez mayor, interesado en minimizar su huella ecológica y en darle valor a lo local, por encima de productos masivos. Esto además, permitiría adelantar varios pasos en las estrategias de adaptación y mitigación ante el cambio climático, a las cuales estamos obligados como país signatario de los convenios internacionales en esa materia. Por otra parte, hay otros productos como la cestería, que son altamente cotizados en mercados internacionales y aparecen en portales de venta especializados en redes sociales de comercialización –como Pinterest o Etsy[7]–, cuyo valor a nivel local aún está muy lejos de ser comprendido. En países como Colombia, por ejemplo, existe incluso una política de Estado para el fortalecimiento productivo y empresarial de los pueblos indígenas, con énfasis en los productos artesanales[8], donde cestería, ropa y accesorios son tasados y se les asigna un valor de acuerdo al trabajo requerido, la técnica, la capacidad productiva, entre otros factores.

El Grupo de Trabajo Socioambiental Wataniba, en articulación con las organizaciones y comunidades indígenas del estado Amazonas, viene trabajando desde el año 2016, en la exploración de proyectos económicos socioambientalmente sostenibles. Nuestra propuesta considera que éstos deben estar sustentados en las tradiciones de cada pueblo. Se ha demostrado en múltiples experiencias el fracaso en la implementación de proyectos sin asidero en las tradiciones amazónicas. Del mismo modo, es fundamental reconocer que cada pueblo indígena tiene una relación específica con su entorno, la cual incorpora en sus saberes las diferencias ambientales de sus hábitats y territorios; de allí la riqueza de sus conocimientos ancestrales y el aporte que los mismos representan para la humanidad. Hemos concluido juntos (Wataniba y las organizaciones indígenas) que estos proyectos productivos, con base en actividades y conocimientos propios, pueden ser combinados con nuevas tecnologías e incluso con el uso de energía renovable. Estos ejes transversales dirigen el diseño de estos proyectos.

La diversidad y potencial es extenso y representa una ventana especial para dar un vuelco a modelos de desarrollo depredadores de la cultura y de la biodiversidad del país. Se trata de una posibilidad nacida en una coyuntura muy difícil que puede transformarse en un verdadero camino hacia el bienestar, en especial de los pueblos originarios y de nuestros ecosistemas amazónicos.

Otras organizaciones socioambientales de América Latina como el Instituto Socioambiental de Brasil (ISA), han participado y asistido técnicamente múltiples iniciativas de producción con esta misma orientación: respeto y uso de las tradiciones ancestrales con miras a producir los ingresos que las comunidades indígenas requieren para hacer frente a sus necesidades de cara a la interacción intercultural.

 

Agradecimientos

A Ruth E. Salazar-Gascón por su apoyo en la revisión del texto y apoyo con la localización de fuentes.


[1] Definida inicialmente por el sociólogo Durkheim (1893) como el estado sin normas que hace inestables las relaciones del grupo, impidiendo así su cordial integración. Posteriormente, profundizado por Merton (1964) cuando señala que las estructuras sociales ejercen una presión definitiva en ciertas personas de la sociedad, de tal manera que producen una conducta inconformista en vez de una conformista.

[2] Diferente a la minería artesanal, sin máquinas ni químicos, que por décadas han practicado.

[3] Para más información visite:  http://visitbrasil.com/es/experiencias/sabores-de-la-amazonia.html, https://www.peru.travel/es-pe/que-hacer/actual/gastronomia/cocina-de-la-amazonia.aspx,

http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=91&COLTEM=214,

http://www.colombia.co/esta-es-colombia/cultura/gastronomia/la-culinaria-del-amazonas-la-mas-exotica-del-pais/,

https://www.diariopinion.com/primeraplana/verArticulo.php?id=958177

[4] https://gestion.pe/tendencias/festival-gastronomia-amazonica-generara-negocios-mas-s-45-millones-229175

[5]http://delaselvaalamesa.com/nelson-mendez/, http://www.el-nacional.com/noticias/viajes/amazonas-tiene-escuela-cocina_211982

[6] Editor’s Letter: 50 Places of a Lifetime. (http://intelligenttravel.nationalgeographic.com/2009/09/17/50_places_of_a_lifetime_1/)

[7] https://www.pinterest.es/pin/310255861803769281/?lp=true;https://www.etsy.com/market/yekuana

[8]http://artesaniasdecolombia.com.co/Documentos/Contenido/18606_catalogo-digital-economias-propias-expoartesanias-2015.pdf


Referencias

Clement, C.R., de Cristo-Araújo, M., d’Eeckenbrugge, G,C., Pereira, A.A. y D. Picanço-Rodrigues, 2010. Origin and Domestication of Native Amazonian Crops. Diversity 2010, 2, 72-106; doi:10.3390/d2010072

d’Eeckenbrugge, G.C., Sanewski, G.M., Smith, M.K., Duval, M.F., y F. Leal, 2011. Ananas. Capítulo 2. En: C. Kole (ed.), Wild Crop Relatives: Genomic and Breeding Resources, Tropical and Subtropical Fruits.

Durkheim, Emile. 1984. The Division of Labor in Society. The Free Press

Fuenmayor, Ricardo, 2015. El petróleo verde de Venezuela es el ecoturismo y no se aprovecha. Archivos Globovisión. Disponible en: http://archivo.globovision.com/el-petroleo-verde-de-venezuela-es-el-ecoturismo-y-no-se-aprovecha/

Gutsche, A. 2008. Frutas Amazónicas, postres peruanos de vanguardia. Perú Biodiverso. Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú, GTZ, IIAP, Confederación Suiza. Wust Ediciones. Disponible en: http://repositorio.promperu.gob.pe/repositorio/bitstream/handle/123456789/1376/Postres_peruanos_vanguardia_frutas_amazonicas_2011_keyword_principal.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Grupo Socioambiental Wataniba           https://watanibasocioambiental-org/quienes-somos/

Instituto Socioambiental de Brasil (ISA)  https://www.socioambiental.org/pt/brLeal, F. y Antoni, M.G. 1981. Especies del género Ananas: origen y distribución geográfica. Rev. Fac. Agron. Univ. Cent. Venez., 29, 5-12.

López, E. (s/f). Una mafia disfrazada de sindicato está al mando del Yacimiento de oro más grande de Venezuela. Capítulo 1. Arco Minero del Orinoco: Crimen, corrupción y cianuro. Disponible en: http://www.arcominerodelorinoco.com/

Merton, R.K., 1964. “Anomie, Anomia, and Social Interaction: Contexts of Deviant Behavior.” Pp. 213-42. Anomie and Deviant Behavior: A Discussion and Critique. Marshall B. Clinard, editor. The Free Press.

Minaet (Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones), 2011. VI Plan Nacional de Energía 2012-2013. Dirección Sectorial de Energía, Minaet. Costa Rica, 54 págs. Disponible en: http://www.dse.go.cr/es/03Publicaciones/01PoliticaEnerg/VI_Plan_Nacional_de_Energia_2012-2030.pdf

MongabayLatam, 2018, Explotación, deforestación y muerte en el Arco Minero de Venezuela. Disponible en: https://es.mongabay.com/2018/02/arco-minero-de-venezuela/)

Pestana, Antonio, 2015. El petróleo verde de Venezuela es el ecoturismo y no se aprovecha. Archivos Globovisión. Disponible en: http://archivo.globovision.com/el-petroleo-verde-de-venezuela-es-el-ecoturismo-y-no-se-aprovecha/

Pestana, Antonio, 2018. Oportunidades para el Ecoturismo en el PN Canaima. En Foro Retos y oportunidades para el desarrollo sostenible en el Parque Nacional Canaima. Organizado por el Programa de Pequeñas Donaciones del FMAM, en alianza con PNUD – FUNDAMBIENTE – MINEA. 20 abril 2018.

Provea (Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos), GTAI (Grupo de Trabajo de Asuntos Indígenas de la Universidad de Los Andes) y LabPaz (Laboratorio de Paz)), 2016. Derechos humanos en el contexto del proyecto “Arco Minero del Orinoco” en Venezuela. Audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), noviembre 2016. Disponible en: https://www.derechos.org.ve/web/wp-content/uploads/DDHH-en-el-contexto-del-AMO-en-Venezuela.pdf

Organización multipropósito que orientada a la visibilización y estudio de las desigualdades e impactos socio-ecológicos que se generan a raíz de la transformación e intervención de la naturaleza, y al apoyo y acompañamiento de luchas socio-ambientales en el país